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domingo, 30 de noviembre de 2014

JUAN ZÁRATE CUADRADO Y PABLO SALAZAR CÓNDOR : PINTURA INFANTIL DEL VALLE DEL MANTARO

Huancani Jauja
Pintura de los niños del Valle del Mantaro  

El director de la Casa Comunal de la Cultura Huancaní y el Coordinador de Exposiciones tienen el honor de invitar a usted y familia a la inauguración la muestra de pintura de niños:
CHIUCHES V
PINTURA INFANTIL DEL VALLE DEL MANTARO

a realizarse el jueves 4 de diciembre de 2014 a las 7.00 p.m. en la Sala de Exposiciones SAVARIN ARTE TOTAL,  jr. Camaná 878, 3er nivel. Lima 1 (referencia epalda de la Plaza San Martín). Visitas: del 4 al 18 de diciembre de 4 a 8 pm. Se presentarán artistas del folclor. Entrada Libre.

Pablo Salazar Cóndor, Juan Zárate Cuadrado y los niños expositores de Huancaní, agradecen su gentil asistencia.


Lima, diciembre de 2014

Brindis de Honor.


CASA COMUNAL DE CULTURA HUANCANÍ

LUCY MARTÍNEZ ZUZUNAGA y su poema "Lo que soy ahora"

Poeta Lucy Martínez Zuzunaga

 LO QUE  SOY  AHORA

De aquella juventud ya no visto
colores brillantes de un arco iris,
ni soy pasión desenfrenada
voluptuoso fuego que tú esperas.
.
De aquellos años ya no queda
tersa piel que tus ojos buscan,
fluctuante algarabía, anhelante,
búsqueda constante de tu vida.
.
Ya no visto fresca envoltura
trascendiendo a tu ansiosa mirada,
ni soy capullo en flor aromado
transportado al perfil por ti soñado.
.
Ya no soy esa..., mas, soy luz,
remanso del desierto,
cuatro estaciones en vuelos
alternados de realidad y sueños.
.
Soy lo que ahora..., mujer feliz,
orgullosa llevando una mochila
de experiencias vividas, fructificadas
edad sentida, detenida en el tiempo
en vivencias de juventud eterna;
años que están aquí, para ti,
porque soy..., lo que ahora.

sábado, 29 de noviembre de 2014

BETHOVEN MEDINA SANCHEZ y su poema "El miedo tiene alas"

EL MIEDO TIENE ALAS

Pienso melografía que da pasos-lloriqueo- cae aguacero,
¿eres tú la Esperanza?
miro los pelos de la tarde
caer
y la tierra pierde su redondez propia viuda
empreñada toda de un rasgarse los dedos.

Esperemos el canto de la misericordia
al borde una vocal, orejita de conejo,
ese río que nos conduce a ti Pedro. Piedra. Piedra.

El miedo alborotado gusta retratarse en mi juego
de reír por la mañana con los nogales.
Opúsculo de eras. Día. Día:
hombre mojado hasta la cintura.

Dejemos de ser muertos en laderas mostradas al cielo
véngase la voluntad,
en escena de regadíos de transeúntes en mi interior.

Demasía de saltar de techo en techo. Tiempo cojo.

Debajo de un árbol sentarnos a su sombra,
trenzada soledad de la A flaca como una vaca.

Y sentimos dolidos, entre lengua y alma,
sabiendo que la nube
vuela lejos del corazón,
apagado fósforo, palito doblado.

Estacionada vida inconclusa. El miedo tiene alas.

Aunque cortemos nudos y cogollos
el maíz siempre será un pensamiento caído y reseco.

El miedo aumenta, engorda, hasta se para de puntillas
cuando la muerte
abre las ventanas de mi casa,
y mi corazón, triste y confundido,
redobla como tambor lejano.

Se rompen lámpara nautas y naufragamos.
Volvemos a nacer
en esta banca pajosa
de figura
triste
en este rincón pared del alma tonta en sus giros.

La voz se me apaga y se vuelve vegetal.

Este rato de miedo de encontramos
cada quien con su parte que le falta,
el hombre y sus membranas de orificios interminables.

Aquí, donde quedan óseas parábolas
el miedo tiene cuerpo, débiles dedos, perfil ligero.

¡A ver, anímese el primero y salte para su adentro!

Caifás salta en mi alrededor como trompo,
el mar agita sus brazos
resumida la Fe va en órbita invitada a cenar abrojos.

¡Cómo pesa el olvido al colocar su cabellera en nuestro hombro!
Y no poder reclamar al viento
el canto emergente de los pájaros,
propios e íntimos suspiros de la tierra removida.

Somos vida reversa, resbalándosenos la paz.
¡Oh tardío diluvio que nos faltas muy adentro!


ÄNGEL GAVIDIA y su "Poema encontrado en el bolsillo de un saco olvidado en la playa"

Poeta Ángel Valdivia

Poema encontrado en el bolsillo de un saco olvidado en la playa
Qué es esto
que crece como pulpo
en el pecho voraz
y estira sus tentáculos queriendo detenerte.
Qué, este tiempo
que me empapa de ti
y que no se conduele de los búhos hambrientos
que enloquecen
persiguiendo tus huellas.
Qué, del puerto
si el muelle se ha poblado de ataúdes
y lontananza es una boa parda
que se muerde y se muerde hasta hacerse sangrar.
Y qué, de mi
si ahora que recuerdo
sólo he visto en la playa a un ser extraño
que vino y que se fue
dejando sobre el pelaje hirsuto de la tarde
sus ojos
su cerebro
su libreta de apuntes…

                        (De 
“Un gallinazo volando en la penumbra”)

LEO ZELADA y su poema "Underground blues para Jim Morrison"

Poeta Leo Zelada

Underground blues para Jim Morrison

luna roja
y en la radio la precisa melodía
proyecta tus arpegios endiablados
viejo Jim Morrison
arqueas la cintura
la sensualidad de tus labios
y entre filtros de peyote
y vasos de aguardiente
te diriges peligrosamente
hacia el fin
- enciendes el cigarro
alzas la copa de vino
y brindas por ti, por Blake
Artaud, tus oscuros fantasmas -
la mirada extraviada
el seco gemido
nadie entiende el descarnado alarido
que parte el cielo en pedazos
la muerte traidora danzando
sobre tu cuerpo
la soledad desnuda en medio del escenario
el baile indio
el suicidio anunciado
entregando en cada concierto
tu más rotunda agonía
rey de los lagartos.

RODOLFO HINOSTROZA y su poema "Nudo borromeo"

Poeta Rodolfo Hinostroza

NUDO BORROMEO

Un hombre vaga durante numerosos años fuera de
su patria, estrechamente vigilado por Poseidón, y solo.
Aristóteles


Y ahora remontas rue Vavin subiendo a Montparnasse
Hay un río que duerme otro que murmura
Aquí Clayton hablaba de Loutine
Los dorados temblores de Diana en el patio interior
El cuerpo multiplicado en millares de copias
Y un presagio de tormenta en la escalera
Menos grave que en los años siguientes
Y ahora todo resbala hacia Lo Real
Había sido algo menos que una presencia
Definida con tenacidad
Al alba con las últimas luces de la fiesta
La materia de los dioses extraviada en un recuento precipitado
De tantos viajes tantos libros tantas mujeres
La sombra helada de un libro que te acecha
Mientras haces el amor en el bisel del espejo
Las claves sumergidas en un catálogo de signos
Te requiere por una vibración de encajes y deseos
Como el vaho sobre el cristal del automóvil
Londres un taxi palpitante a la puerta
Una confidencia cubierta por el timbre del teléfono
Forma insuficientemente percibida
A través de las celosías de la casa
Lo gris duerme su rapacidad vela
Modo infinito en infinita parodia
Y ahora tratas de recordar un acto significativo
Que te hubiera matado
Para que hacia él converjan las líneas del poema
O el pavor de un sueño
Donde olvidas tus huellas en las cosas
Como si al crepúsculo tornaras la cabeza
Viendo unas rayas difusas en la perspectiva
Así cuando declina el viento de la noche
Hay tal vez una playa con casetas de vidrio
Y estudias el mecanismo de las olas
Sobre la barrera que planta tu memoria
Un dólar de plata por saberlo
El sentido de la experiencia debe encontrarse allí
Y yo debo entonces perseverar en el poema
El Otro que yo he sido el Otro que estoy siendo
Me debe ser designado en el poema
En una de sus líneas (tal vez en ésta misma)
El insolente sol trepa al solsticio
Y se me hace saber que mi sombra se gasta
Y una imagen recurre (la de Marianne)
Como si el erotismo fuera capaz de definirme
Como si buscase definición
Deslizándome hacia el centro del poema
Donde hay silencio y quietas placas de hielo
Calles que no llevan nombre
Miedo de tocarlo y no tocarlo y atravesarlo sin tocarlo
Como una sombra de palabras
Y hay líneas que se encurvan sobre el horizonte
Otras sobre el crepúsculo
Y acodado en las estepas mayores
Buscas la conjunción de los sentidos
En una sola epifanía
La memoria como un espejo parabólico
Descoyuntado por infinitos puntos de fuga
Que recompone ahora una imagen de mujer
De actos presenciados en Mallorca
O en un pueblo belga que se llama Malone
Cuyo sentido (si alguno existe) resistiría a la enumeración
De imágenes dispersas
De una noche en busca de rue Giordano Bruno
Al fondo del distrito XIV y bajo la nieve
O la de un lépero cagando sobre un puente en Comayagüela
O de una noche caliente y desolada en Managua
Un Luna-Park en trozos
O caminando contra el viento a la entrada de Cerbère
Buscando un maldito camión
Y todavía
Atravesando un campo de lavanda en el Luberón
Con un vuelo de cuervos en />
Un último sobresalto de Occidente
Antes del encadenamiento de las guerras
Las heladas estrellas se agrupan del lado de La Osa
Ella ha desaparecido
(Quién es Ella dónde está Ella)
No confundas tu soledad y la suya
Cuando tires las tres monedas por seis veces
SUNG
Esta línea muestra al sujeto vacilante frente a la disputa
Vuélvela estudio de los dictados celestes
Abate sus deseos agresivos
Reposa en la firmeza y corrección
Habrá buena fortuna
Abate tus deseos abátelos te digo
Así podrás acceder a la contemplación
Y el mundo rodará sin ti
Por una vez
Y verás gotear las estaciones
En un cielo Ile-de-France
Tendido en un camastro fascinado
Por una constelación de manchas de humedad
Las nubes dibujan carneros castillos
Una majada de fantasmas desciende el Huascarán
Trisca en torno de un ojo de agua
Pisoteando el diván del analista
Repita eso
(Eso?)
La memoria se posa sobre un campo de trigo
Y los caballos trotan en torno de la era
Encerrados en un domo dorado
Tu padre bebe chicha de jora
Y tú aloja fresca
Y más tarde la luna rondará la Casa-Hacienda
Polvo de leche luz
Tus sábanas se prolongan en nevados
Repita eso
El poema graffiti sobre un largo monólogo
El tema del baúl el tema del poeta atormentado
Por la Sombra del Padre
Un calembour dudoso colgado de la manga
(Nunca tocará fondo porque es forma)
La hora de las visiones ha pasado
Quién sabe lo que sabe quien no sabe
Hay una teoría de círculos concéntricos
Puesta para evitar un encuentro frontal
Que ya tuvo lugar
Que apareció como un azahar en el verano
Calmando mis sentidos crispados en la espera
En el sous-bois las armas
Esparciendo un sonido metálico en el aire transparente
Lustros
Y a la mañana siguiente un trapecio de niebla
Sube al Medio del Cielo
El halcón malherido voltijea sobre el techo del mundo
Suspendido del verbo
Que se balancea como un fruto
Demorando en caer
Y te consumes fuera de la palabra
Que tal vez se alimenta a sí misma
En inflorescencia perpetua
Y así entorpeces la demostración
Empantanado en una noche sin fin
O detenido en un mediodía perfecto
Un bocado de viento en las colinas
Una ventana abierta en la plaza del pueblo
Que designa un imposible deseo
Y el tiempo el viento amargo
Huye entre tu camisa
Como un recuerdo agudo y olvidado
Así un día en el embarcadero de Santiago Atitlán
O cierta ven en Uxmal
Indescifrable tu memoria en ruinas
Fuera de tema borracho como un Lord
Contiguo a una galaxia burlona y superior
Más ebria que la noche bamboleante
Ceñida a tu cintura hincándote las uñas
Mientras circulan retazos de ciudades
Ramalazos de luces en el puerto
El esplendor vacante de tu cuerpo
Animal expulsado de la música
Más acá del Edén donde no hay luz ni noche
Sino incredulidad de cada gesto
Como quien sobrevive sin saberlo
Y hay un valle que cierra el horizonte
Un río que la brisa acerca
Y una mujer desnuda en la terraza
Tomando sol
Nada es real salvo Lo Real
Desdeñoso irascible parpadeante y sumiso
Eternamente anclado
Plantado frente al río que murmura
Que tu vida se despliega y se agota
En la incesante perfección de su diferencia
A causa de Entropía
Obedecida y pronto contradicha
Por una dimensión confusa y vegetal
Y el azar te convoca para jugar un rol figurante
En el chalet de abajo
Y en un delirio de provisiones y de ropa limpia
Olorosa a lavanda
Viajas en tus palabras
Y tus palabras viajan.

ZOILA CAPRISTÁN Y SU POEMA "Quien numero la distancia"

Poeta Zoila Capristán

QUIEN NUMERO LA DISTANCIA

Quien numero la distancia en que perdurará el amor
y el tiempo de transitar por desiertos cargando la congoja de no tener ojos;
el corazón se concibió de piedra y densa aun mas,
al mismo tiempo los pies se tejen de llagas y espinas

- Se que una vez nací....-

Subyacente a mis pies chasquean
Las flores que enviabas cuando perseguías emerger un rayo de luz
mientras la mirada se ausentaba en el horizonte,
¡Ay¡ quien pudiera descomponer el tiempo y hacerlo verso...

- El perfume ... emerge de la corona de flores que yace junto a mi ataúd-

El tiempo se torna añejo,
la piel es un trivial manto de madera;
por dentro corroe la polilla
y el alma ¡pobre!
Una sombra infausta hecha de remiendos y espejismos

-Escuchen... cercano, el jinete de la muerte-

Al virar sobre mi sombra,
El cabizbajo cráneo se hunde en mis manos
¡Ay! Cuanta traición que no profetice, cuanta herida, cuanto llanto,
a lo lejos solo había mariposas que me prestaban sus alas
picaflores que me elevaban de noche cuando me escondía tras las piedras
y el perro que me quería ...

-Mis ojos se humedecen... el agua se esta turbando -

El tiempo se descompone en mi carne, se trastorna en gusanos y polilla
el hacedor me mira indiferente,
ella a intervalos me acaricia, sigilosa, logra alcanzar mi corazón,
... entonces, restriega la herida,
y ante mi cadáver los dos ríen ...

-Es la burla de tu Dios; ... oye el eco de su sorda carcajada-

Soy espectadora de mi tránsito
Doliente carne que celebra su funeral
Dispuesta a entrar al ataúd de fuego
A reducir en cenizas este cuerpo que existió

-Hay una escena que no aprendí-

Fue el acto del profeta;
el día en que los pájaros alzaron vuelo llorando
cuando de mi cuna florecieron enraizadas rosas negras,
-¡La nefasta noche en que nací...!

POESÍA FEMENINA: en "Jueves de poesía y narrativa", 4 de diciembre de 2014

 CÁMARA  POPULAR DE  LIBREROS  “AMAZONAS”
36 AÑOS AL SERVICIO DE LA CULTURA Y EL ARTE



Programa literario
“Jueves de poesía y narrativa”
4 de diciembre 2014   5.00 pm
Sala de lectura “Mario Vargas  Llosa” Jr. Amazonas 401- Lima

Presenta:


VOCES DE LA POESÍA FEMENINA



*EVA VELÁSQUEZ LECCA



*ZOILA CAPRISTÁN




*NORA  ALARCÓN

 


*LUCY MARTINEZ ZUZUNAGA



*ANA MARIA INTILI



*MARUJA VALCÁRCEL



*CAROLINA FERNÁNDEZ



*MICAELA GONZALEZ



*MERIAM BENDAYÁN



*FÁTIMA RODRÍGUEZ





*MARY SOTO





*ESPERANZA RAYDE CHILCA





*POCHA ULLOA  CAMPOVERDE




*KATERIN LAZARO





*ERICA AQUINO




*ROCÍO HERNANDO ORIHUELA



*ZORAIDA MARGARITO GUADALUPE




*DOLORES SOLÓRZANO DÍAZ


EVA VELÁSQUEZ LECCA y su poema "Sueño de una noche de verano"

Poeta Eva Velásquez Lecca

SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO


Al Cisne de Avon

el cuerpo gira abraza suelta vuela
toca el aire gime ríe sueña
no ve el paraíso el alma llora
Llora
por no encontrar la Lied que cubra su pena
la música la consuela le muestra un río
con colores pintados por hadas Titanias
Puck la está mirando la está besando
y la lleva en sus brazos
al compás
de Coplas de Locura
por abanicos multicolores
de mariposas atenienses
tú pidiendo amor al que está arriba
logras coger la luz
de Titania y de Oberón
en telas de araña con olor a violetas
con rosas almíbar en besos de luna
alguna vez encuentras la verdad en la fantasía
danzas con ellos y estás en la obra de Shakespeare
aplaudiendo sus travesuras
brillas como escarcha y eres feliz
Feliz
como los lunares que besan tu cuello
y te cuentan amores ya idos
vestida de hechizo con ropa transparente
caminas en cielos fugaces y eres feliz
Feliz
como las uvas que visten viñedos
fuerza pausa adelante murciélagos
La flor del Pensamiento
creada por Cupido

abril
la palabra
la academia
julio
la gracia
la complicidad
tu vida sigue proyectándose
en Sueño
de una Noche
de Verano
dos varones un amor equivocado
Puck malvado y galán a la vez
reescribe Coplas de Locura y me crea a mí
a Mí
con piedra arena
orquídeas fantasmas
luz
Soledad.
                       (De Fantasía Desplegada)

CAROLINA FERNÁNDEZ

Poeta Carolina Fernández

Porque el corazón sucumbe un gato negro me hace un guiño.

Porque el corazón perece
con ojos rojos entre pisonayes y
una llama muerta,
un gato negro me hace un guiño,
se levanta festivo
para escribir lo que no entiendo
lo que no puedo, lo que no quiero ver;
para mis manos y ajados pies, es imposible.
Oh viejos y viejas poetas londinenses
Oh viejos y viejas poetas de Huarochirí
Oh Antígona! ¡Oh joven madre de Accomarca!
(bullen sus voces y silencios)
el polvo gris de los caminos y los tiempos
hablan mejor que mis uñas
....................................y mi yo casi siempre incompleto.

NORA ALARCÓN y su poema "Poeta vs poeta"

Poeta Nora Alarcón

POETA VS POETA

Montado en un caballo blanco,
Iba un ángel por la orilla del río.
Con la llama del amor casi apagada
Un destello lloraba, vino el viento y lo apagó;
Imposible fue encenderlo con mil besos
Su corazón se disipó entre las espinas,
Le cayeron rayos a sus sueños
Se fue con su guitarra por otras sendas
Al perder los colores entre las sombras
Más allá del tiempo todo fue olvido.

Tal vez el amor como don
Cuando se apaga no se reenciende jamás

En esta plaza silente la iglesia sin viento
Sin coro en esta distancia de frío eterno
Soledad entre la multitud hoguera extinguiéndose
Retamas secas, castillos, fuegos artificiales:
Al amanecer de la gloria tan cerca y tan lejos
De caminos sin alas sin maquillajes ni frutos.
Piel de venado navegas en la penumbra
Llegarán nuevas águilas a encender luces
Y al amanecer quizás vuelvan los colores
Con tu canto de poeta.

MIGUEL URBIZAGÁSTEGUI y su poema inédita.

Poeta Miguel Urbizagástegui

Luego de bailar “Porque te amo” de Papá Chacalón en una pollada
nuestras bocas
como plantas carnívoras
se atacan se torturan
se muerden se envenenan
se despedazan se descuartizan
se asesinan se estrangulan
y sí Girondo sí
vamos girando en la cama
como ruleta
una vez
Y otra
Y otra
Y de nuevo nuestras bocas
como combis ebrias
se embisten se alejan
se acercan colisionan
se sacan la mierda
como en un pogo hardcore
se sacan la carne
con uñas dentales
hambre atormentada
vida piroténica
eternidad incendiada
neuronas drogadas
y el celular grita hasta agotarse
y nuestros labios bailan tango
cumbia salsa reggaeton vals
eres el hijo de todas las putas del mundo
eres el mundo de esta miserable puta
y como en pelea de perros
nos rasguñamos nos ladramos
y como en pelea de gallos
no paramos hasta matarnos
y el último día narcótico se acerca
y ya no importa que Dios haya muerto antes que nosotros
bajo sábanas de niebla
el paraíso está dentro del infierno                      
nos respiramos
nos miramos
pides tregua
bajas la guardia
pero mis labios estallan
como un 11 de septiembre
en tus torres gemelas
y mis tus dedos
Inyectan como jeringas en la piel
todo el alto voltaje que significa tenerte a ti
                           SOBRE MÍ
                         debajo de mí            
y nuestros microbios se aman
nuestras soledades se aman
nuestros vacíos se aman
todo esto sentimos
con marihuana
con todo el alcohol subterráneo
con Hamilton, ayahuasca
y con todos los fuegos eléctricos
vivos en nosotros
desde antes de Cristo
hasta después del infinito
y más allá
y punto
             (Inédito)

ÁNGEL VALERIANO SAAVEDRA y su poema "Masacre"

Poeta Ángel Valeriano Saavedra

MASACRE

Estamos viviendo la peor masacre de la historia
hijos que matan a sus padres
madres que matan a sus hijas
padres que violan a sus hijas
e hijos que violan a sus madres.
Imberbes que incursionan en política
potencias que invaden territorios
guerras que desangran a los moros
genocidios causados por falta de conciencia,
protestas violentas
leyes que destruyen el planeta
estamos viviendo la era de la falsa ciencia
en la que cualquiera pretende ser el rey de la fiesta,
donde el más insulso  dicta la receta
esta es la época de los tiroteos en plena fiesta
de los adolescentes adultos y de los adultos ancianos
ahora   reinan las mafias
los crímenes organizados
los políticos ineptos
ahora todos somos culpables
de la gran masacre que vive la Tierra,
de la pérdida de la conciencia
de la pérdida de la humanidad,
los gobiernos fusilan a sus pueblos
y los pueblos se mantienen sumisos
aletargados en su falsa inteligencia,
desde los cardinales  más lejanos
la gran masacre nos ha debilitado
los charcos de sangre invande los suelos
y el mundo entero termina bañado
por ese rojo inhumano
por ese líquido bendito
que con el paso de os años,
al planeta entero está inundando.

martes, 25 de noviembre de 2014

CARLOS FULLER y sus poemas

Poeta Carlos Fuller

ÁNGULO OPUESTO

Despierta la noche
colgadas de pretinas de sudor
moviéndose en tétrica 
sonaja de lodo.

Con lomo de bestia
y cobriza piel curtida
en opuesto ángulo
sin raíces ni tiempo
con rostro vertical
y firme.


CAMINO DE CAUCHERO

Caminos largos
y tendidas semillas
olor a canela silvestre
ramas y aguaceros
ensombreciendo
ensombreciendo los días
de tichelas colgadas
como péndulos en cortezas
sangrando verticalmente
su dulce primavera
vuelos y vientos de paujiles
y shupihuis atados
en huesos y cenizas
icarando el tiempo.


ANCIANO COCAMA
DE BELÉN

Anciano  madera duro
milenaria presencia
que persiste
voz que tamborea
en brazos fornidos
del gran río
moldeada sabiduría
en coloridas tinajas
de este tiempo.

lunes, 24 de noviembre de 2014

JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA: 27 de noviembre 2014

CÁMARA POPULAR DE LIBREROS DE AMAZONAS

Programa literario
"JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA"
27  de noviembre 2014
5.oo pm

Presenta a:

*Lucy Martínez  Zuzunaga
Poeta


*Luis   Yáñez  Pächeco
Poeta



* Ángel Valeriano Saavedra
Poeta

*Adrián  Alberto

Poeta

RAY BRADBURY y su "Cuento de navidad"

El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque excedía el peso máximo por pocas onzas, al igual que el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-¿Qué haremos?
-Nada, ¿qué podemos hacer?
-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.
-¿Qué...? -preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:
-Quiero mirar por el ojo de buey.
-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.
-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-Espera un poco -dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.
-Oh -dijo la madre, consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.
-Sí, sí. todo eso y mucho más -dijo el padre.
-Pero... -empezó a decir la madre.
-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-Ya es casi la hora.
-¿Me prestas tu reloj? -preguntó el niño.
El padre le prestó su reloj. El niño lo sostuvo entre los dedos mientras el resto de la hora se extinguía en el fuego, el silencio y el imperceptible movimiento del cohete.
-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-No entiendo.
-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-Entra, hijo.
-Está oscuro.
-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

CHEJOV y su cuento "Un asesinato"

Es de noche. La criadita Varka, una muchacha de trece años, mece en la cuna al nene y le canturrea:

«Duerme, niño bonito, que viene el coco...»

Una lamparilla verde encendida ante el icono alumbra con luz débil e incierta. Colgados a una cuerda que atraviesa la habitación se ven unos pañales y un pantalón negro. La lamparilla proyecta en el techo un gran círculo verde; las sombras de los pañales y el pantalón se agitan, como sacudidas por el viento, sobre la estufa, sobre la cuna y sobre Varka.

La atmósfera es densa. Huele a piel y a sopa de col.

El niño llora. Está hace tiempo afónico de tanto llorar; pero sigue gritando cuanto le permiten sus fuerzas. Parece que su llanto no va a acabar nunca.

Varka tiene un sueño terrible. Sus ojos, a pesar de todos sus esfuerzos, se cierran, y, por más que intenta evitarlo, da cabezadas. Apenas puede mover los labios, y se siente la cara como de madera y la cabeza pequeñita cual la de un alfiler.

«Duerme, niño bonito...», balbucea.

Se oye el canto monótono de un grillo escondido en una grieta de la estufa. En el cuarto inmediato roncan el maestro y el aprendiz Afanasy. La cuna, al mecerse, gime quejumbrosa. Todos estos ruidos se mezclan con el canturreo de Varka en una música adormecedora, que es grato oír desde la cama. Pero Varka no puede acostarse, y la musiquita la exaspera, pues le da sueño y ella no puede dormir; si se durmiese, los amos le pegarían.

La lamparilla verde está a punto de apagarse. El círculo verde del techo y las sombras se agitan ante los ojos medio cerrados de Varka, en cuyo cerebro semidormido nacen vagos ensueños.

La muchacha ve en ellos correr por el cielo nubes negras que lloran a gritos, como niños de teta. Pero el viento no tarda en barrerlas, y Varka ve un ancho camino, lleno de lodo, por el que transitan, en fila interminable, coches, gentes con talegos a la espalda y sombras. A uno y otro lado del camino, envueltos en la niebla, hay bosques. De pronto, las sombras y los caminantes de los talegos se tienden en el lodo.
-¿Para qué hacen eso? -les pregunta Varka.

-¡Para dormir! -contestan-. Queremos dormir.

Y se duermen como lirones.
Cuervos y urracas, posados en los alambres del telégrafo, ponen gran empeño en despertarlos.

«Duerme, niño bonito...», canturrea entre sueños Varka.
Momentos después sueña hallarse en casa de su padre. La casa es angosta y oscura. Su padre, Efim Stepanov, fallecido hace tiempo, se revuelca por el suelo. Ella no lo ve, pero oye sus gemidos de dolor. Sufre tanto -atacado de no se sabe qué dolencia-, que no puede hablar. Jadea y rechina los dientes.

-Bu-bu-bu-bu...

La madre de Varka corre a la casa señorial a decir que su marido está muriéndose. Pero ¿por qué tarda tanto en volver? Hace largo rato que se ha ido y debía haber vuelto ya.

Varka sueña que sigue oyendo quejarse y rechinar los dientes a su padre, acostada en la estufa.
Mas he aquí que se acerca gente a la casa. Se oye trotar de caballos. Los señores han enviado al joven médico a ver al moribundo. Entra. No se le ve en la oscuridad, pero se le oye toser y abrir la puerta.

-¡Enciendan luz! -dice.

-¡Bu-bu-bu! -responde Efim, rechinando los dientes.

La madre de Varka va y viene por el cuarto buscando cerillas. Unos momentos de silencio. El doctor saca del bolsillo una cerilla y la enciende.

-¡Espere un instante, señor doctor! -dice la madre.

Sale corriendo y vuelve a poco con un cabo de vela.

Las mejillas del moribundo están rojas, sus ojos brillan, sus miradas parecen hundirse extrañamente agudas en el doctor, en las paredes.

-¿Qué es eso, muchacho? -le pregunta el médico, inclinándose sobre él-. ¿Hace mucho que estás enfermo?

¡Me ha llegado la hora, excelencia! -contesta, con mucho trabajo, Efim-. No me hago ilusiones...

-¡Vamos, no digas tonterías! Verás cómo te curas...

-Gracias, excelencia; pero bien sé yo que no hay remedio... Cuando la muerte dice aquí estoy, es inútil luchar contra ella...

El médico reconoce detenidamente al enfermo y declara:

-Yo no puedo hacer nada. Hay que llevarlo al hospital para que lo operen. Pero sin pérdida de tiempo. Aunque es ya muy tarde, no importa; te daré cuatro letras para el doctor y te recibirá. ¡Pero en seguida, en seguida!

-Señor doctor, ¿y cómo va a ir? -dice la madre-. No tenemos caballo.

-No importa; hablaré a los señores y les dejarán uno.

El médico se va, la vela se apaga y de nuevo se oye el rechinar de dientes del moribundo.

-Bu-bu-bu-bu...

Media hora después se detiene un coche ante la casa; lo envían los señores para llevar a Efim al hospital. A los pocos momentos el coche se aleja, conduciendo al enfermo.

Pasa, al cabo, la noche y sale el sol. La mañana es hermosa, clara. Varka se queda sola en casa; su madre se ha ido al hospital a ver cómo sigue el marido.

Se oye llorar a un niño. Se oye también una canción:

«Duerme niño bonito...»

A Varka le parece su propia voz la voz que canta.

Su madre no tarda en volver. Se persigna y dice:

-¡Acaban de operarlo, pero ha muerto! ¡Santa gloria haya!... El doctor dice que se le ha operado demasiado tarde; que debía habérsele operado hace mucho tiempo.

Varka sale de la casa y se dirige al bosque. Pero siente de pronto un tremendo manotazo en la nuca. Se despierta y ve con horror a su amo, que le grita:

-¡Mala pécora! ¡El nene llorando y tú durmiendo!

Le da un tirón de orejas; ella sacude la cabeza, como para ahuyentar el sueño irresistible, y empieza de nuevo a balancear la cuna, canturreando con voz ahogada.

El círculo verde del techo y las sombras siguen produciendo un efecto letal sobre Varka, que, cuando su amo se va, torna a dormirse. Y empieza otra vez a soñar.

De nuevo ve el camino enlodado. Infinidad de gente, cargada con talegos, yace dormida en tierra. Vorka quiere acostarse también; pero su madre, que camina a su lado, no la deja; ambas se dirigen a la ciudad en busca de trabajo.

-¡Una limosnita, por el amor de Dios! -implora la madre a los caminantes-. ¡Compasión, buenos cristianos!

-¡Dame el niño! -grita de pronto una voz que le es muy conocida a Varka-. ¡Otra vez dormida, mala pécora!

Varka se levanta bruscamente, mira en torno suyo y se da cuenta de la realidad: no hay camino, ni caminantes, ni su madre está junto a ella; sólo ve a su ama, que ha venido a darle teta al niño.

Mientras el niño mama, Varka, de pie, espera que acabe. El aire empieza a azulear tras los cristales; el círculo verde del techo y las sombras van palideciendo. La noche le cede su puesto a la mañana.

-¡Toma al niño! -ordena a los pocos minutos el ama, abotonándose la camisa-. Siempre está llorando. ¡No sé qué le pasa!

Varka coge al niño, lo acuesta en la cuna y empieza otra vez a mecerlo. El círculo verde y las sombras, menos perceptibles a cada instante, no ejercen ya influjo sobre su cerebro. Pero, sin embargo, tiene sueño; su necesidad de dormir es imperiosa, irresistible. Apoya la cabeza en el borde de la cuna y balancea el cuerpo al par que el mueble, para despabilarse; pero los ojos se le cierran y siente en la frente un peso plúmbeo.

-¡Varka, enciende la estufa! -grita el ama, al otro lado de la puerta.

Es de día. Hay que comenzar el trabajo.

Varka deja la cuna y corre por leña a la porchada. Se anima un poco; es más fácil resistir el sueño andando que sentado.

Lleva leña y enciende la estufa. La niebla que envolvía su cerebro se va disipando.

-¡Varka, prepara el samovar! -grita el ama.

Varka empieza a encender astillas, mas su ama la interrumpe con una nueva orden:

-¡Varka, límpiale los chanclos al amo!

Varka, mientras limpia los chanclos, sentada en el suelo, piensa que sería delicioso meter la cabeza en uno de aquellos zapatones para dormir un rato. De pronto, el chanclo que estaba limpiando crece, se infla, llena toda la estancia. Varka suelta el cepillo y empieza a dormirse; pero hace un nuevo esfuerzo, sacude la cabeza y abre los ojos cuanto puede, en evitación de que los chismes que hay a su alrededor sigan moviéndose y creciendo.

-¡Varka, ve a lavar la escalera! -ordena el ama, a voces-. ¡Está tan cochina, que cuando sube un parroquiano me avergüenzo!

Varka lava la escalera, barre las habitaciones, enciende después otra estufa, va varias veces a la tienda. Son tantos sus quehaceres, que no tiene un momento libre.

Lo que más trabajo le cuesta es estar de pie, inmóvil, ante la mesa de la cocina, mondando papas. Su cabeza se inclina, sin que ella lo pueda evitar, hacia la mesa; las papas toman formas fantásticas; su mano no puede sostener el cuchillo. Sin embargo, es preciso no dejarse vencer por el sueño: está allí el ama, gorda, malévola, chillona. Hay momentos en que le acomete a la pobre muchacha una violenta tentación de tenderse en el suelo y dormir, dormir, dormir...

Transcurre así el día. Llega la noche.

Varka, mirando las tinieblas enlutar las ventanas, se aprieta las sienes, que se siente como de madera, y sonríe de un modo estúpido, completamente inmotivado. Las tinieblas halagan sus ojos y hacen renacer en su alma la esperanza de poder dormir.

Hay aquella noche una visita.

-¡Varka, enciende el samovar! -grita el ama.

El samovar es muy pequeño, y para que todos puedan tomar té hay que encenderlo cinco veces.

Luego Varka, en pie, espera órdenes, fijos los ojos en los visitantes.

-¡Varka, ve por vodka! Varka, ¿dónde está el sacacorchos? ¡Varka, limpia un arenque!

Por fin la visita se va. Se apagan las luces. Se acuestan los amos.

-¡Varka, abraza al niño! -es la última orden que oye.

Canta el grillo en la estufa. El círculo verde del techo y las sombras vuelven a agitarse ante los ojos medio cerrados de Varka y a envolverle el cerebro en una niebla.

«Duerme, niño bonito...» canturrea la pobre muchacha con voz soñolienta.

El niño grita como un condenado. Está a dos dedos de encanarse.

Varka, medio dormida, sueña con el ancho camino enlodado, con los caminantes del talego, con su madre, con su padre moribundo. No puede darse cuenta de lo que pasa en torno suyo. Sólo sabe que algo la paraliza, pesa sobre ella, le impide vivir. Abre los ojos, tratando de inquirir qué fuerza, qué potencia es ésa, y no saca nada en limpio. Sin alientos ya, mira el círculo verde, las sombras... En este momento oye gritar al niño y se dice: «Ese es el enemigo que me impide vivir.»

El enemigo es el niño.

Varka se echa a reír. ¿Cómo no se le ha ocurrido hasta ahora una idea tan sencilla?

Completamente absorbida por tal idea se levanta, y, sonriendo, da algunos pasos por la estancia. La llena de alegría el pensar que va a librarse al punto del niño enemigo. Lomatará y podrá dormir lo que quiera.

Riéndose, guiñando los ojos con malicia, se acerca con tácitos pasos a la cuna y se inclina sobre el niño.

Le atenaza con ambas manos el cuello. El niño se pone azul, y a los pocos instantes muere.

Varka entonces, alegre, dichosa, se tiende en el suelo y se queda al punto dormida con un sueño profundo.

CHEJOV y su cuento "Los veraneantes"

Por el andén de cierto punto de veraneo, hacia arriba y hacia abajo, paseaba una parejita de recién casados. Él la sostenía por el talle; ella se ceñía contra él y ambos se sentían felices. La luna, por entre los jirones de nubes, les miraba frunciendo el entrecejo. Con seguridad sentía envidia y enojo por su aburrida y forzosa virginidad. El aire inmóvil estaba impregnado de olor a lilas y acacias. Al otro lado de la vía, lanzaba un pájaro agudos sonidos.
-¡Qué bien se está aquí, Sascha! -decía la recién casada-. ¡Decididamente, podría pensarse que estábamos soñando! ¡Fíjate en el modo acogedor y cariñoso con que nos contempla ese pequeño bosque! ¡Mira qué simpáticos son estos sólidos y callados postes telegráficos!... Con su presencia, Sascha, dan vida al paisaje y nos hablan de que allá..., en alguna parte..., existen otras gentes..., hay una civilización... ¿Acaso no te gusta sentir cómo llega débilmente a tu oído el ruido de un tren que pasa?
-Sí; pero...; ¡qué manos tan calientes tienes! Eso es que te agitas, Varia... ¿Qué tenemos hoy de cena?
-Tenemos okroschka1 y pollo. Es suficiente un pollo para los dos; y para ti he traído de la ciudad sardinas y pescado ahumado.
La luna, escondiéndose detrás de una nube, hizo un guiño, como si hubiera tomado rapé. Sin duda, el espectáculo de la humana felicidad le recordaba su propia soledad..., su lecho solitario tras los montes y los valles...
-¡Viene un tren! -dijo Varia-. ¡Qué gusto!
En la lejanía surgieron tres ojos de fuego, y el jefe del apeadero salió al andén. Sobre los rieles, de aquí para allá, corrieron las luces de los guardavías.
-Despediremos al tren y nos iremos a casa- dijo Sascha bostezando-. ¡Qué bien vivimos juntos, Varia; tan bien que uno mismo no se lo puede creer!

El oscuro monstruo se arrastró sin ruido hasta el andén y se detuvo. Por las ventanillas de los vagones, medio iluminados, se vieron desfilar rostros soñolientos, sombreros, hombros...
-¡Mira! -se oyó exclamar desde uno de los vagones-. ¡Es Varia! ¡Y su marido!...¡Salieron a esperarnos! ¡Aquí están! ¡Vareñka!... ¡Vareñka!... ¡Eh!
Dos niñas saltaron del vagón y se colgaron del cuello de Varia. Tras ellas descendieron una señora gorda, de edad avanzada, y un caballero, alto y delgado, de patillas canosas. Después, dos colegiales cargados de equipaje; detrás, la institutriz, y, por último, la abuela.
-¡Aquí nos tienes! ¡Aquí nos tienes, amiguito! -empezó a decir el señor de las patillas, estrechando la mano de Sascha-. Con seguridad llevan mucho tiempo esperándonos. ¡Como si lo viera, estabas ya reprochando a tu tío el que no llegara! ¡Kolia!.... ¡Kostia!... ¡Niña!... ¡Fifa!... ¡Hijos!... ¡Abracen a su primo Sascha!... Hemos venido toda la familia a verlos y a pasar tres o cuatro días con ustedes. Espero que no los molestaremos... ¡Tú, haz el favor de no gastarnos ceremonias!
Ante la llegada del tío y de toda su familia, el matrimonio quedó aterrado. Mientras el primero hablaba y repartía besos, pasó raudo el siguiente cuadro por la imaginación de Sascha: Se veía a sí mismo y a su mujer ofreciendo a los invitados sus tres habitaciones, sus cojines y sus mantas. Veía el pescado ahumado, las sardinas y el okroschka devorados en un segundo... A los primos, cortando las flores, vertiendo la tinta... A la tía, hablando solamente, el día entero, de sus enfermedades (su solitaria y su dolor de estómago) y de que por su nacimiento era baronesa Fintij... Sascha empezó a mirar con odio a su joven esposa y le murmuró al oído:
-¡Han venido a verte a ti! ¡Que se vayan al diablo!
-¡No!..., ¡a ti! -contestaba ella, mirándolo a su vez con aborrecimiento y maligna expresión.
-¡No son mis parientes, sino los tuyos!... -y volviéndose hacia los huéspedes los invitó con la más amable de las sonrisas-. ¡Vengan, por favor!...
Por detrás de una nube asomó lentamente la luna. Parecía sonreír... Parecía agradarle no tener parientes...
Sascha volvía la cabeza para ocultar a los invitados sus desesperados e irritado semblante; pero repetía, haciendo esfuerzos para dar a su voz acentos de alegría y benignidad:

-¡Vengan, por favor!... ¡Vengan, por favor..., queridos huéspedes!