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miércoles, 29 de febrero de 2012

“ACO”, Novela autobiográfica


RAFAEL ALVARADO

Aco” (El diario de un niño escolar) es una autobiografía novelada donde narro todas mis vivencias escolares, cuando cursaba el cuarto año de primaria en el colegio fiscal San Diego de Surquillo a fines  de 1960. Fueron días inolvidables lo que pasé con mis compañeros del colegio y del barrio. Son historias que jamás se volverán a repetir. “Aco” es un diario que escribí en varios cuadernos durante mi edad escolar de primaria y que los guardé como unas reliquias durante años. Después de transcurrir muchísimos años me animé publicarlos conservando la originalidad de los manuscritos.

     La obra literaria que influyó mucho para escribir “Aco” fue la obra “Corazón” del escritor italiano Edmundo de Amicis que releí más de una vez siendo niño. Me gustó sobremanera cómo el genial Amicis  narraba magistralmente en su diario  su vida escolar. Después vinieron la lectura de “Tom Saywer” de Mark Twain, “David Copperfield” y “Oliver Twist” de Charles Dickens, “Hombrecitos” de la escritora norteamericana Louisa M. Alcott, “Mi planta de naranja-Lima” y “Doidao”de José Mauro de Vasconcelos, “Balada del primer maestro” del ruso Chinguiz Aitmatov, “Cuadernos de infancia” de Norah Lange, “La escuela” del escritor ruso Arcadi Gaidar”, “La infancia” de Máximo Gorki y otros.


     Mi nombre de pila es Ángel, pero me llaman “Aco” en el barrio donde nací y crecí así como también en la escuela. Mi hermana Charito, un día siendo muy pequeña quería  pronunciar mi nombre de pila, pero no pudo y sólo logró decirme “Aco” y desde ese instante me quedé con ese sobrenombre. 

Lima, 16 de mayo de 2009.                  Rafael Alvarado Castillo




ENCUENTRO DEL AUTOR CON LOS ALUMNOS DE LA  INSTITUCIÓN EDUCATIVA “ANTONIO GRAÑA ELIZALDE” DE HUANDO
     En el año 2009, tuve el alto honor de visitar el aula de clases de la profesora Justina Abarca Cotrina  para conversar con sus alumnos que leyeron la obra “A C O”. Quedé profundamente impresionado cómo los pequeños lectores del 4to grado de primaria, por la manera cómo se expresaron con mucha soltura  acerca de la obra. Fue una labor loable de la profesora Abarca que hizo en el campo de la lectura.

La profesora Justina Abarca con sus alumnos

Los alumnos del 6to "A" mostrando el libro leído "Aco"


  El autor con los alumnos lectores 


El escritor visita el salón de clases de la profesora Carmen Rumucho Bolívar, donde conversó con sus alumnos que leyeron la obra "Aco"


Los alumnos y su profesora Carmen Ramucho, Colegio Nacional de Huando

OPINIONES DE PROFESORES DEL ÁREA DE COMUNICACIÓN SOBRE “A C O”

   “En la obra “A C O”,  el escritor  Rafael Alvarado Castillo relata  en primera persona  sus vivencias escolares a través de un diario. El contenido de la  obra literaria es altamente positivo porque el autor promueve los valores morales y espirituales  que los alumnos  han perdido actualmente en la casa y en las escuelas”
        (MÁXIMO BUENO HUAMÁN,  Colegio José María  Arguedas,San Juan de Lurigancho, Lima. UGEL 05)

     “El libro “A C O” es una novela biográfica del autor, donde nos cuenta a través de un diario escolar su vida cuando cursaba el cuarto grado de primaria. El escritor Rafael Alvarado Castillo logra atrapar al lector con  su rica pluma literaria. Mis alumnos quedaron encantados en el aula de clase con la lectura de la obra”
     ÉLIDA SOLÍS CUEVA, Colegio Abraham Valdelomar, San Juan de Lurigancho, Lima. UGEL O5)

      “Conocí la obra “A C O” en el año 2009 y después de leerla me gustó mucho. Entonces, creí conveniente que mis alumnos de varias secciones los leyeran. Cuando mis alumnos  leyeron la obra en el aula de clases  disfrutaron mucho con el diario de un niño escolar. El autor nos narra su vida y de otros personajes de la escuela de una manera peculiar que atrapa al lector de comienzo a fin”
      (JENNY MARISOL CAINICELLA AVELLANEDA, Colegio Nacional “Julio César Tello, San Juan de Lurigancho,   UGEL 05)

        “La obra literaria “A C O”, el diario de un niño escolar, del escritor Rafael Alvarado Castillo,  me encantó tremendamente tanto por su contenido como por su forma”.
      (EDA  QUISPE ALAYA, Colegio Nacional “San Juan, Trujillo)

     “Creo personalmente, que A C O es una obra que debe ser leído por grandes y chicos. Los alumnos tendrán la oportunidad de gozar de su contenido al leerlo y las personas mayores, recordarán su época escolar”.
       (HUBERT PARIONA, Colegio Nacional “Nuestra  Señora del Carmen Huaral, UGEL 10)

       “Para  mí personalmente, la obra “A C O” del escritor Rafael Alvarado Castillo es muy buena, tanto por su mensaje como por la manera cómo narra los hechos que ejecutan los personajes principales y secundarios en el escuela.    Cuando mis alumnos leyeron la obra en el aula de clases se identificaron con los personajes y al final se sintieron que eran parte de la obra”
      (JUSTINA ABARCA COTRINA, Colegio Nacional de  Huando, UGEL 10)

      “La ternura, el amor y el ansia de luchar por los estudios  para alcanzar el éxito,  son los elementos vitales de la obra literaria “A C O”. Lo más importante de este hermoso diario escolar de un niño del cuarto año de primaria es que atrapa al que lo lee. Mis alumnos gozaron mucho con la  lectura de la obra.”
     (ALFREDO ARIZA LÁZARO,  Escuela de Menores Nº 21010,   UGEL 10, Lima)

     “A C O  es una obra muy bonita por el mensaje positivo. Creo que está escrita para todas las edades. Recomiendo a mis colegas que lean sus alumnos esta obra y no se arrepentirán.  Mis alumnos disfrutaron mucho al leerlo en el salón de clases”.
      (EDITH  PARDO C., Colegio Nacional  José Olaya, de Palpa)

     “Me parece que la obra A C O  es interesante ya que los alumnos pueden disfrutar intensamente de la lectura, a través de las vivencias de un niño escolar del cuarto grado de primaria que es el  protagonista de la obra literaria”.                                                                                            
    (NANCY BALTAZAR ROJAS, C. E. “El Porvenir!, San Juan de  Lurigancho,  UGEL 10)

    “A mí me gustó la obra “A C O” y después les hice leer a mis alumnos en el aula de clases que quedaron encantados. Es una obra que invita a la lectura de comienzo hasta al final.”
     (GLADYS CARDENAS, Colegio Nacional “Julio C. Tello”, San Juan de Lurigancho, Lima. UGEL O5)

    "A C O es una obra literaria que narra la vida de niño que cursa el cuarto año de primaria en un colegio de Surquillo, Lima. Muchos pasajes de la obra son parecidos a los de moi vida escolar cuando estudiaba en un colegio fiscal de Ica".
    (RAFAEL CARRILLO MORENO,  Colegio Nacional "José Olaya" Nº 21554, de Palpa)

     "La obra literaria  A C O  del  escritor Rafael Alvarado Castillo está teñida de recuerdos de su etapa escolar del  nivel primario y que al lector grande o chico lo hará rememorar su vida escolar. Esta obra atrapará al lector desde el comienzo hasta el final por la manera cómo narra el narrador las peripecias y las alegría de un niño colegial travieso y pobre, pero estudioso y responsable en sus estudios".
    (MILAGROS GUTIÉRREZ POLO, ex-especialista del Área de Comunicación de la UGEL  10, Huaral y profesora de Comunicación del colegio de Quepepampa).

ANÁLISIS DE OBRAS LITERARIAS PERUANAS


     
     
“Análisis de obras literarias peruanas” es un libro importante para los profesores de Comunicación, para los estudiantes y las personas interesadas en los temas literarios.  El poeta nacional Mario Florián –en el tiempo que fuimos miembros del Consejo Directivo de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas, ANEA-  me  aconsejó que el libro de análisis lo publicara por ser didáctico. Las obras literarias y autores que se dan en este texto pertenecen a diferentes épocas, corrientes o movimientos literarios.
     En el Perú, se han publicado pocos libros de análisis, resúmenes e interpretaciones de obras literarias peruanas.  El literato, poeta y crítico literario César Toro  Montalvo y el poeta Guillermo Delgado han hecho grandes aportes con sus trabajos de análisis y resúmenes de obras famosas.
      El libro “Análisis de obras literarias peruanas” que  hice después de leer las obras peruanas que contiene el presente trabajo fue una experiencia muy importante para mí. Las obras peruanas analizadas son las siguientes: “Ollantay”, “Los Comentarios Reales” del Inca Garcilaso de la Vega, “El sargento Canuto” de Manuel Ascensio Segura, “Tradiciones Peruanas” de Ricardo Palma, “Aves sin nido” de Clorinda Matto de Turner, “Horas de lucha” de Manuel Gonzales Prada, “Alma América” de José Santos Chocano, “La venganza del cóndor” de Ventura García Calderón, “El Caballero Carmelo” de Abraham Valdelomar, “Los Heraldos Negros” , “El tungsteno” y “Paco Yunque” de César Vallejo, “7 ensayos de interpretación de la realidad peruana” de José Carlos Mariátegui, “Cuentos andinos” y “Matalaché” de Enrique López Albújar, “Agua”, “El sexto”, “Yawar Fiesta”, “Los  ríos profundos” y “Todas las sangres” de José María Arguedas; “El mundo es ancho y ajeno”, “La serpiente de oro” y “Los perros hambrientos” de Ciro Alegría, “La palabra del mudo” de Julio Ramón Ribeyro, “Los cachorros”, “La ciudad y los perros”, “Los jefes”, “La casa verde”, “Pantaleón y las visitadoras” y “La fiesta del chivo” de Mario Vargas Llosa, “Redoble por Rancas” de Manuel Scorza, “Un mundo para Julius” de Alfredo Bryce Echenique, y “Los inocentes” de Oswaldo Reynoso.

Lima, febrero del 2012.                                         Rafael Alvarado Castillo

A PROPÓSITO DE LA CASA NACIONAL DEL POETA

     Por Rafael Alvarado Castillo
    
     El doctor José Guillermo Vargas Rodríguez presentó un Proyecto sobre la Casa Nacional del Poeta con el apoyo de los miembros de la Comisión Organizadora del I Congreso Nacional de Poetas, integrados por  Teodomiro Abanto Horna, Francisco Ponce Sánchez, Manuel López Rodríguez, Rafael Alvarado Castillo, Gerardo Arenaza Olivares, Guido Carrión Bustamante, Norma Yáñez y Sonia  Chumo y así también con el apoyo de los poetas asistentes ante el Pleno de dicho Congreso que se realizaba en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el 18 de mayo de 1985. Después de discutir  arduamente el Proyecto “Comisión Pro Casa del Poeta”  en la mesa de debates que estaba a cargo del doctor Winston Orrillo,  se aprobó por unanimidad el sueño ansiado del poeta Vargas Rodríguez. 
     Después de haber sido aprobado el Proyecto “Comisión Pro Casa del Poeta”,  por mandato del I Congreso Nacional del Poeta, que fue auspiciado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el poeta Pepe Vargas, soñador y quijotesco se quedó solo con su proyecto. Todos los poetas  integrantes de la comisión “Pro Casa del Poeta” que  solamente eran figuretis y que jamás pusieron un dedo para sacar adelante  el proyecto,  terminaron por abandonarlo a su suerte. Un día me encontré con Pepe Vargas y me dijo que lo apoyara. Después de discutir ampliamente el tema de la Casa del poeta como un Proyecto Nacional, opté por unirme a él para que nuestro sueño se hiciese  realidad nacional. Pepe y yo, dos locos benignos, nos subirnos a un mismo caballo levantando la Bandera de la Casa Nacional de Poeta. Éramos dos Quijotes que luchamos intensamente desde abajo ante la indiferencia de todos los poetas peruanos. Los dos éramos padres de familia que ejercíamos la docencia como profesores de Lengua y Literatura y no contábamos con ningún apoyo económico de alguna institución. De nuestro pobre sueldo de maestro que teníamos y que era para nuestras familias, cogíamos para nuestros pasajes, para comprar  papeles y para otros gastos que teníamos que hacer para sacar adelante nuestro trabajo con proyección de futuro. Teníamos problemas económicos. Pepe en las noches tocaba piano en una iglesia para recursearse y yo dictaba dos veces por semana, los martes y sábados por horas en las noches en la academia preuniversitaria “Programa 2000”. Había momentos que queríamos bajar la bandera y dejarlo todo; pero nos pasaba esa locura. Lo más triste de todo era que nadie daba un  centavo partido por la mitad por la Casa del Poeta. Sólo Pepe y yo sabemos todo lo que hemos sufrido desde el comienzo de nuestra lucha hasta el día en que el Congreso de la República, a través de sus dos cámaras: Diputados y Senadores lo aprobaron por unanimidad: “La Casa Nacional del Poeta” y “La Ley del Poeta”, en homenaje al poeta universal César Vallejo, mediante la Ley 24616 y que después el Presidente de la República, doctor Alan García Pérez,  lo firmó, haciéndose realidad nuestro sueño. A partir de ese momento, gentes desconocidas y oportunistas que jamás pusieron el hombro,  se subieron al carro como locos. Al poco tiempo perdí lo más hermoso que tenía, mi primer hijo a quien no le di la atención que debí  por dedicarme a la Casa del Poeta. Entonces, abandoné por lo que tanto había luchado y amado, y por la bandera que enarbolé hace más de veinte años. Ahora flamea orgullosamente en el Perú y en el mundo. También llevo en mi corazón a mi hijo Rafaelito y que nunca  olvidaré los momentos más felices y tristes que pasé con él. Mi hijo sabe muy bien que siempre lo amé, lo amo y lo amaré.
     Después que me retiré, Pepe Vargas  “el Ingenioso Hidalgo”, siguió enarbolando la bandera de la “Casa Nacional del Poeta” o “Casa de Poeta Peruano” por muchos países del mundo.
     Salud, doctor José Guillermo Vargas Rodríguez, amigo y poeta, Embajador de los poetas del Perú ante el Mundo, que Dios te dé muchos años de vida por haber puesto bien en alto La Casa Nacional del Poeta que un día le dimos nacimiento.
Lima. 16 de febrero del 2012.                                       

JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


JOSÉ MARÍA ARGUEDAS
               
VIDA Y OBRA



Por Rafael Alvarado Castillo
     José María Arguedas Altamirano nació el 18 de enero de 1911, en Andahuaylas que es una región muy pobre en el departamento de Abancay. Sus padres fueron doña Victoria Altamirano Navarro, una dama de Abancay y don  Víctor  Manuel Arguedas  Arellano que era un abogado cuzqueño que viajaba constantemente por toda la región andina del sur por razones de trabajo. En 1914, murió su madre de unos fuertes dolores hepáticos y el niño José María quedó al cuidado  de su abuelita paterna María Teresa Arellano.  Corría el año 1915 y su padre Víctor Manuel fue nombrado  Juez de Primera Instancia de la provincia de Lucanas, departamento de Ayacucho.


                                          Arguedas con su padre

  
     En el 1917, su padre se casó con una acaudalada terrateniente de San Juan de Lucanas, doña Grimanesa Arangoitia viuda de Pacheco, quién  maltrató física  y  psicológicamente al niño José María anulándole su autoestima  y  ésta la dejó una huella profunda en la personalidad para toda la vida. Cuando su padre se ausentaba por mucho tiempo su madrastra obligaba a vivir en la cocina con los sirvientes de la hacienda y con los indios. Arguedas escribiría después: “Voy a hacerles una confesión un poco curiosa: yo soy hechura de mi madrastra”. También soportó a su hermanastro  Pablo Pacheco, diez años mayor que él y que era muy violento, le golpeaba constantemente al niño.
     En el año de 1921, cansados de los abusos excesivos que se cometían contra él y su hermano mayor Arístides; éstos se escaparon de la hacienda de la perversa madrastra Grimanesa y se refugiaron por dos años en la hacienda de Viseca de su tío Manuel Perea Arellano. En 1923, viajó intensamente en compañía de su padre Víctor  Manuel por Ica, Arequipa, Cusco y Apurímac. Al siguiente año viajó a Abancay donde estudió en el Colegio Nacional “Miguel Grau”.

     El adolescente andahuaylino, en  1925, en un grave accidente perdió dos dedos de la mano derecha. En el  año de 1926, cuando contaba con quince años de edad,   José María inició sus estudios secundarios en el Colegio Nacional “San Luis Gonzaga” de  Ica.  En ese centro de estudios se enamoró de una compañera de aula de nombre Pompeya .  Le escribió una carta  con su puño y letra declarándole su amor, pero la chica le menospreció porque no quería  saber nada con un serrano. Esta actitud negativa de la muchacha le hizo mucho daño dejándole una profunda herida en el corazón del  adolescente.  En 1928, viajó con su padre Víctor Manuel a la ciudad de Huancayo, donde se quedó a radicar para estudiar en el Colegio Nacional “Santa Isabel”.  Publicó un artículo “La raza indígena será grande” en la revista estudiantil santa isabelina “Antorcha”,  que dirigió.  Al año siguiente viajó a Lima para estudiar en el Colegio Nuestra Señora de la Merced y en 1930 vivió una larga temporada con su padre en Yauyos.



     El joven  postulante Arguedas, en 1931, después de una intensa preparación ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para estudiar la carrera de antropología que era su gran pasión. Siempre le preocupó profundamente los problemas del hombre andino y esa fue la razón fundamental por la inclinación que tuvo por la antropología.  En el año del 1932 murió su padre, el abogado Víctor Manuel Arguedas, quien llevó  una vida llena de problemas por los viajes constantes que hizo con su hijo José María por la serranía sureña del Perú. Arguedas escribió  sobre su padre en la novela monumental “Los ríos profundos”: “Mi padre no pudo encontrar nunca dónde fijar su residencia, fue un abogado de provincias, inestable y  errante. Con él conocí más de doscientos pueblos. Temía a los valles cálidos y sólo pasaba por ellos como viajero; se quedaba a vivir algún tiempo en los pueblos  de clima templado: Pampas, Huaytará, Coracora, Puquio,  Andahuaylas, Yauyos, Cangallo (…) A mi padre le gustaba oír  huaynos, no sabía cantar, bailaba mal, pero recordaba a qué pueblo, a qué comunidad, a qué valle pertenecía tal o cual canto. A los pocos días de haber llegado a un pueblo averiguaba  quién era el mejor arpista, el mejor tocador de charango, de violín, de guitarra. Los llamaba y pasaban en la casa toda una noche. En esos pueblos sólo los indios tocan arpa y violín. Los arpistas tocan con los ojos cerrados. La voz del arpa parecía brotar de la oscuridad que hay dentro de la caja; y el charango formaba un torbellino que grababa en la memoria la letra y la música de los cantos”. Ese mismo año, el joven Arguedas empezó a trabajar como empleado en la Central de Correo de Lima, con un sueldo de ciento ochenta soles  que le sirvió para seguir sus estudios universitarios.



     El inquieto joven escritor andahuaylino publicó su cuento “Warma Kuyay” (Amor de niño) en la revista “Signo”, en 1933. En el cuento, Arguedas, narra la historia de amor del niño Ernesto por la cholita Justina.  Los hechos del cuento se desarrollaron en la hacienda de don Froilán. Al año siguiente se publicaron varios cuentos en los periódicos “La Prensa” y “La Calle”.
     En 1935 publicó su primer libro de cuentos “Agua”, con el cual ganó el segundo premio del “Concurso Internacional de cuentos”,  organizado por  la Revista Americana de Buenos Aires, Argentina. La obra literaria contiene los cuentos más famosos: “Warma Kuyay”, “Los Escoleros”, “Agua”, “Orovilca” entre otros. En ese mismo año, el doctor Alejandro Ortiz Reyes conoció al joven José María Arguedas  en la Peña Pancho Fierro que está ubicado en el centro de Lima y desde entonces fueron grandes amigos. El abogado Alejandro Ortiz lo describía así:”José María era un dechado de bondad, de los hombres más buenos y fraternales que he conocido; además de una honestidad que pocas personas pueden ostentar”.  La amistad que los unía a los dos amigos era grande y esa era la razón que tuvo estas palabras sobre él: “Además tenía una sensibilidad casi enfermiza y un amor auténtico por los indios. A mí me contaba sobre el origen de este sentimiento. Se debía a que al lado de ellos recibió mucho cariño, cuando  estaba solo, pues su padre se ausentaba constantemente. Estos indios lo protegían, lo querían, lo cuidaban; y, como José María era un niño, contaba libremente todas sus cosas delante de él, quien escuchaba atentamente.  Así iba grabando esas historias en su memoria y en su corazón. Tenía un franco entusiasmo por la vida, por sus proyectos. Se mostraba generalmente alegre, a veces decía “Nunca ni en esta época, ni después, lo vi  angustiado o atormentado.  Se mostraba generalmente alegre; a veces decía cosas desconcertantes pero ello no iba acompañado de una actitud depresiva. Siempre se mostró entusiasta con los proyectos de los demás, aunque quien sabe, no tanto, con los suyos propios”.
     El joven escritor Arguedas, en  1936, fue elegido por unanimidad  delegado estudiantil del tercer año de la Facultad de Letras, ante el Centro Federado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Decana de América. Ese mismo año se editó la revista “Palabra”, que fue una especie de tribuna para los jóvenes intelectuales que defendieron el arte y la cultura. Dicha revista se fundó con el apoyo de los jóvenes intelectuales Alberto  Tauro del Pino, Augusto Tamayo Vargas,  y José Alvarado Sánchez cuyo seudónimo era Vicente Azar.
     Fue cesado  en el trabajo de la Central de Correo de Lima, en 1937,  y concluyó sus estudios de Literatura en la Facultad de Letras. Ese mismo año, Arguedas   fue encarcelado en la prisión de  “El  Sexto” que estaba ubicado en la avenida Bolivia de Lima. La razón fundamental del encarcelamiento del joven Arguedas y de varios estudiantes universitarios fue por la protesta que hicieron contra la presencia del general fascista Camarona en el claustro de la  Universidad Nacional Mayor de San Marcos a través de movilizaciones y agitaciones estudiantiles evitando su visita. En  la cárcel “El Sexto” estuvo preso en el pabellón de los presos políticos.
     Publicó “Canto Kechua”, traducciones de cantos indígenas, en 1938. Al año siguiente, sucedieron hechos importantes en la vida de José María: concluyó su tesis universitaria de bachiller “La canción popular  mestiza: su valor poético y sus posibilidades”; ejerció  la docencia en el Colegio Nacional “Pumacahua” en Sicuani, Puno; se casó muy enamorado con la bella dama Celia Bustamante Vernal; publicó el cuento “El barranco”.  En 1940, salió a luz en la ciudad de Mexico un artículo periodístico importante “El wayno y el problema del idioma en el mestizo”.

                                                      Caricatura de José María Arguedas
     
La primera novela de Arguedas “Yawar Fiesta” vio la luz, el año 1941. Según el laureado escritor Mario Vargas Llosa escribe sobre la novela: “Su mejor novela  de Arguedas (la mejor construida, la de los personajes más nítidos) es Yawar Fiesta”. Esta obra literaria fue estudiada e investigada por los  críticos literarios peruanos y de muchos países del mundo, quienes tuvieron buenas palabras sobre esta obra literaria.

                                               Arguedas con los pobladores de Andahuaylas

     Arguedas dictó, en 1942, Castellano y Literatura en la Gran Unidad Escolar (G.U.E)  “Alfonso Ugarte” de San Isidro, Lima  y en el año 1943 enseñó en el histórico Colegio Nacional “Nuestra Señora  de Guadalupe”. En 1947, el destacado escritor andahuaylino fue nombrado por el gobierno de turno, Conservador General del Folklore, en el Ministerio de Educación. Al año siguiente dictó  el curso de quechua en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, decana de  América.
     Con el paso de los años, la vida del novelista Arguedas se volvió más agitada por el intenso trabajo literario que desarrolló, así como también por los altos cargos públicos que asumió en el sector educativo y  cultural. En 1949, publicó su libro “Canciones y cuentos  del pueblo quechua” que tuvo mucha aceptación en el Perú.  Después de recibirse  de etnólogo, en 1950, Arguedas nos sorprendió con una nueva  publicación de su obra  “La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú”. Dirigió la jefatura del Instituto Etnológico del Museo de la Cultura Peruana”, en 1952.

                                                           Arguedas con sus amigos

     La pluma literaria de José María Arguedas llenó muchas páginas de sus obras que enriqueció la literatura peruana.  El escritor logró publicar  en 1954 su libro de cuentos “Diamantes y pedernales”, que narra magistralmente Arguedas la incorporación a la vida del pueblo andino del upa Mariano. En 1954, Arguedas fue nombrado por el  Presidente de la República, general Manuel Apolinario Odría, director  de Cultura.
     La novela indigenista “Los ríos profundos” fue publicada por primera vez, en el año de 1958 por la prestigiosa Editorial “Losada” de Buenos Aires, Argentina.  La  obra contiene once capítulos y sus personajes están bien diseñados y los espacios donde los personajes desarrollan sus acciones se encuentran inmersos en el mundo andino. Ese mismo año fue nombrado catedrático del Departamento de Etnología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Alma Mater de muchos ilustres personajes del Perú. Al año siguiente, el Jurado Calificador integrado por los novelistas más importante de esa época, dieron por ganador a la novela “Los ríos profundos”, concediendo a su autor el Premio Nacional de Novela “Ricardo Palma”. En el año 1961, apareció la novela corta “El Sexto”, donde narra las vivencias horribles de un reo político en una cárcel hacinada y deshumanizada. Fue galardonado por segunda vez,  en 1962,  con el Premio “Ricardo Palma” por su obra literaria “El  Sexto”. Publicó el famoso cuento “La agonía de Rasu Ñiti”.

     La vida del escritor andahuaylino se hizo más complicada por los cargos públicos que había tenido. Una vez más, Arguedas aceptó un cargo importante de Director General de la Casa de la Cultura, en 1963; pero al año siguiente renunció por razones personales. Arguedas consiguió el doctorado en Letras  en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos  con la tesis: “Las comunidades de España y del Perú” que fue sustentada con éxito.
       La novela más lograda de Arguedas fue “Todas las sangres”, que salió a la luz en 1964. En esta famosa y extensa  obra literaria, José María logró plasmar con su magistral pluma literaria la gran diversidad de elementos humanos que forman el Perú que tanto amó.   Nuevamente el doctor Arguedas aceptó otro cargo público  como Director del Museo Nacional de Historia y también empezó a dictar una cátedra en la Universidad Nacional  Agraria La Molina que lo albergó por varios años.
     Los problemas sentimentales  y emocionales se agudizaron en la vida del escritor porque su matrimonio con Celia Bustamante se había roto. En 1965, se divorció de la mujer que amó con todas las fuerzas de su corazón. Pero, a pesar de su crítica situación afectiva, publicó el famoso cuento tradicional que el escritor oyó  a un indio cuzqueño y que después escribió en quechua y tradujo  al idioma castellano.
     Arguedas venía arrastrando una depresión que no supo manejarla ni superarla. Era un hombre muy sentimental y sensible ante los atropellos que se cometían contra sus hermanos, los indios. Él no aceptaba los abusos y esto lo indignaba mucho. En 1966, intentó suicidarse por primera vez. Su amigo Miguel Reynel escribe al respecto: “Ya años atrás José María comenzó a pasar por una crisis de carácter personal que lo agobiaba y que no logró superar y lo tuvo entrampado. Ya hubo un primer intento de suicidio cuando era Director del Museo de Historia, de Pueblo Libre”.
     Corría el año de 1967 y hubo una mejoría en su estado emocional y psicológico porque se encontraba muy enamorado de la dama chilena Sybila Arredondo, quien le dio una paz grande en su alma. Se casó con ella lleno de felicidad. Nunca se alejó de la literatura y siempre le apasionó  escribir  relatos cortos. Ese mismo año, apareció su libro de cuentos “Amor mundo y todos  los cuentos” que fue saludado por los críticos literarios de la época.
     El escritor andahuaylino  se dedicó a impulsar y defender el Arte, la Cultura y la Educación, y por  esa razón, él ocupó los cargos más altos        de las instituciones culturales que  le confío el Estado Peruano. Justamente, en 1968, la Universidad Nacional Agraria La Molina le dio la jefatura del Departamento de Sociología y también se le concedió el galardón tan codiciado por los hombres intelectuales de la  época, el Premio “Inca Garcilaso de la Vega” por su gran labor que hizo por el Perú. Fue también un gran promotor cultural de alto nivel que desarrolló por muchos años.



     El 20 de agosto de  1969, escribió en Santiago de Chile “He luchado contra la muerte  o creo haber luchado contra la muerte, muy de frente, escribiendo este entrecortado y quejoso relato. Yo tenía pocos y débiles aliados, inseguros; los de ella han vencido. Son fuertes y estaban  bien resguardados por mi propia carne. Este desigual relato es imagen de la desigual pelea”. La depresión se adueñó del  alma de Arguedas por el intenso trabajo que desarrolló durante años y su salud terminó   agravándose, en 1969. El doctor Miguel Reynel, que era profesor  de la Universidad Nacional Agraria La Molina escribió sobre ese día fatal: “Yo estuve ese día con él.  Recuerdo que entré al pequeño y estrecho comedor que teníamos en esa época en La Molina. Lo vi sentado  al fondo. Estaba con Alfredo Torero; teníamos mucha confianza  y José María era muy bromista, le gustaba andar fastidiando la paciencia, haciendo bromas, además hacía chistes de todos los colores; entonces lo vi, y me acerqué, lo saludé y le dije que me daba  gusto verlo y que estaba de  muy buen humor, pero noté, por primera vez en todos los  años que lo conocía, que me miró muy serio, creí que había dicho algo que no le había gustado y cambié la conversación. Seguimos hablando, conversando y seguimos almorzando juntos.   Me recomendó  a un folklorista uruguayo y me dijo que valía la pena que lo presentara en La Molina. Terminó el almuerzo y nada hacía presagiar lo que iba a ocurrir. Yo terminaba mis clases a las cinco de la tarde, a esa hora me fui sin saber nada de lo que había pasado. Porque en esa época  hacía unas clases de cinematografía en la Universidad de San Marcos, en la Facultad de Educación. Por ello fue que no me enteré de la muerte de Arguedas hasta el día siguiente cuando abrí el periódico y vi que había intentado quitarse la vida, recién, entonces, me enteré de lo que había pasado. Eso fue algo tremendo”.  El hecho lamentable se dio el día 28 de noviembre de 1969, en la oficina de la Universidad Nacional Agraria La Molina. Arguedas se metió un balazo en la sien   y falleció después de cuatro días de agonía, el martes el 2 de diciembre.

     Los restos de José María Arguedas fue trasladado del Cementerio “El Ángel” de Lima a la ciudad de Andahuaylas, su tierra natal, adonde llegó el 29 de junio de 2004. El recibimiento de los restos de su hijo predilecto fue multitudinario y apoteósico.  El cadáver del cholo inmortal descansa en su pueblo que lo vio nacer.

                                                  Arguedas y su esposa Sybika Arredondo

PRODUCCIÓN  LITERARIA:
 Cuentos:    “Agua”, 1935
                  “Runa Yupay”, 1939
                  “Diamantes y pedernales”, 1954
                  “La agonía de Rasu Ñiti”, 1962
                  “El sueño del pongo”, 1965
                  “Amor mundo y todos los cuentos”,1967
                  “El  forastero y otros cuentos”, 1972.

Novelas:    “Yawar fiesta”, 1941
                  “Los ríos profundos”, 1958
                  “El Sexto”,  1961
                  “Todas las sangres”,1964
                  “El zorro  de arriba y el zorro de abajo

Ensayos   : “Las comunidades de España y del Perú”, 1968
                  “Formación de una cultura  nacional Indoamericana”,            
                    1975
                  “Indios, mestizos    y señores”, 1985
                    “Nosotros los maestros”, 1986

LA OBRA LITERARIA DE ARGUEDAS
     Las novelas del cholo universal José María Arguedas gozan de alta calidad literaria y su contenido tiene una inmensa humanidad que trata de resaltar la dignidad y  el espíritu rebelde del hombre del ande. En las páginas de sus obras literarias, el personaje central es el indio con sus grandes problemas, pero también con sus grandes cualidades humanas que le da una grandeza inconmensurable. El novelista Mario Vargas Llosa  escribió  con mucha razón cuando se refiere a la obra completa de Arguedas: “Su obra tiene una significación múltiple, de calidad literaria y por otra parte es una obra de integración”. 

       Las obras literarias de Arguedas

     El escritor Arguedas en la novela corta “El Sexto” narra magistralmente, por boca de Gabriel Osborno, la experiencia personal en la cárcel tenebrosa el Sexto. La horrible prisión donde pasó el joven novelista, es el lugar donde cumplen condenan los políticos, trabajadores, estudiantes, obreros, criminales y ladrones comunes, vagos, pordioseros y locos; hombres blancos, indios, negros, cholos, injertos y japoneses. Los personajes que participan en la obra son: Gabriel Osborno  que  es un preso político de 21 años, un  estudiante universitario;  el pianista que muere por los maltratos que recibe del Negro Puñalada; el japonés  que muere por desnutrición; Clavel, delincuente homosexual y loco; el Negro Puñalada, delincuente  peligroso y  abusivo contra los débiles; Pacasmayo, Alejandro Cámac Jiménez, el Piurano, el Pato y el asesino del Negro Puñalada.  Todos los personajes de la obra crean con sus acciones  un clima de tensión y de violencia. Los hechos más resaltantes de la obra son: el suicidio de Pacasmayo; la locura de  “Clavel”; y las muertes  de El Pato, del Negro Puñalada, del pianista y del japonés.
     “Yawar Fiesta” es la primera novela de Arguedas que fue publicada en 1941.  “Yawar Fiesta” (fiesta sangrienta) es una idea  expresada por medio  de la palabra Yawar (sangre) y otra palabra castellana, fiesta. Los hechos de la obra se desarrollan en el pueblo andino de Puquio.  Los protagonistas cumplen sus papeles en la obra. y sobresalen: el alcalde Antenor que goza de complejo de superioridad y  es potencialmente racista porque odia a los mistis y a los indios; don Julián  Aranguena es un personaje controvertido que simboliza la sinceridad   y   la   fuerza;   y   el   toro Misita. Entre los personajes secundarios
destacan: Don Jesús, el mestizo   Pancho Jiménez, el juez don Santos,  don Demetrio que es un personaje hipócrita y que tiene ambiciones desmedidas, los Varayok’s, el párroco, el subprefecto, el sargento, el chofer Martínez y don Félix. En esta obra se contrapone  las costumbres del ande contra las costumbres hispanas: el espectáculo taurino. Las autoridades del pueblo de Puquio quieren  imponer a la fuerza las costumbres taurinas de corte hispano, pero los indios del pueblo lo rechazan y al final logran imponer sus costumbres. Nuestro escritor toca esencialmente en su obra literaria con gran profundidad el proceso de la transculturación hispano-indígena.
     La novela “Los ríos profundos” fue publicada en 1958. El tema central de la obra radica esencialmente en el sentimiento profundo al universo del ande peruano. Los personajes están bien diseñados por su autor. El protagonista es el niño Ernesto quien nos narra magistralmente su vida. Los personajes secundarios son muchos y destacan los más resaltantes como el padre de Ernesto,  Miguel Jesús, el viejo que es el hermano del padre de Ernesto; Augusto Linares o simplemente Padre Linares quien es el director del colegio religioso; el Padre Cárpena quien tiene una elevada estatura y de porte atlético; el hermano Miguel  a quien los alumnos le llamaban  “el Negro”;  Ántero Samanez, hijo de un terrateniente del valle Apurímac y todos le llamaban Markaska o el “marcado”,  Salvinia, chica de 12 año y enamorada de Antero; Añuco, hijo de un hacendado; el  “Peluca”, estudiante fortachón de 20 años;  Valle, estudiante interno de quinto año del colegio  religioso; Palacito, estudiante interno indígena y el menor de todos, le llamaban “indio Palacios”; doña Felipa, mujer obesa de mucho coraje y cabecilla de las chicheras; opa Marcelina, mujer de baja estatura y gorda, jovencita demente que ayuda en la cocina del internado: el papacha Oblitas, profesor y músico; Alcilla, notario de Abancay; y la lista de personajes es interminable. Las acciones  se desarrollaron  en el Cusco  y en Abancay en donde se ubican  el  colegio   del  internado religioso de Abancay; el barrio de las chicheras, Huanupata y la hacienda de Patibamba. La doctora Juana Martínez Gómez, catedrática de Literatura Hispanoamericana de la Universidad Complutense de Madrid, España hace un importante apunte de la obra maestra de Arguedas: “Los ríos profundos, novela esencialmente autobiográfica, está desarrollada a lo largo de once capítulos  de carácter muy heterogéneo cuyo hilo enlazado es el protagonista, el “yo” que relata una serie de episodios y le confiere  unidad a la novela. Ésta narra las experiencias de Ernesto, un muchacho de catorce años, en un colegio religioso de Abancay, al  que llega después de recorrer junto con su padre diversos lugares de la sierra. Los primeros capítulos son una auténtica biografía del autor, verdaderos   diarios de su infancia escritos con toda clase de  detalles. Al llegar al colegio, se incorporan nuevos personajes –los alumnos, los profesores y otros más o menos cercanos al mismo -, y se alternan los episodios  de dentro y fuera del centro escolar significativos  en la vida del muchacho, que van dando  a conocer al lector un mundo -Abancay- y un submundo  -el del colegio-. A simple vista, se observa que Ernesto no es un niño como los demás, sólo por su prudencia  –pues, aunque blanco se ha criado  entre los indios-, sino por su forma de actuar, por sus reacciones y actitudes ante diferentes situaciones. Esto le hace conquistar entre algunos profesores y alumnos como “loco”, “vagabundo”, “forastero  algo tocado”, etc. Es un niño que lo observa y todo lo medita. Ante sus ojos parece que no pasa nada inadvertido y de este modo, llega a unas conclusiones  llenas de inocencia, ternura y bondad y, a la vez, tan maduras que contrastan  con las de las que persona que le rodean.  En el capítulo “La despedida”, en que el padre parte de Abancay, comienza una nueva vida para Ernesto, que debe enfrentarse solo en el mundo. Esta separación es necesaria para iniciar una nueva etapa en su existencia; por eso está revestida de esperanza. Desaparece, así,  un personaje, el padre, pero continuará en el recuerdo del niño resurgiendo en los  momentos más críticos de su vida, de tal forma que la memoria llega a constituirse en uno de los elementos claves de la organización interna de la novela. El padre se convierte en una obsesión diaria, hasta el punto de transformarse en el objetivo de la existencia de Ernesto. En ausencia de su padre, el niño adquiere una visión negativa de la realidad. Desde el colegio, donde domina la violencia, el sexo y la maldad, observa el mundo, “cargado de monstruo y fuego” (…) En el universo mágico de la obra, a las vivencias del niño se yuxtapone la realidad exterior con distintos episodios que reflejan un entramado social y religioso cargado de abusos e injusticias. Es el caldo de la sublevación de las chicheras cuya causa es compartida plenamente por Ernesto que lucha activamente con ella.”
     “Todas las sangres” es la obra que tiene más páginas entre todas las novelas de Arguedas.  La literata Juana Martínez  Gómez  escribe sobre la obra: “El 1964  es el de la publicación de su obra más ambiciosa, Todas las sangres en la que quiere  presentar la gran diversidad de elementos humanos que componen el Perú. Intenta crear un cuadro de la totalidad social del país basándose en sus propias experiencias recogidas de todas las escalas y jerarquías del Perú que él conoció directamente”. La estudiosa e investigadora de las obras de Arguedas, doctora Juana Martínez  hace otro apunte importante sobre la obra  “En la  novela aparecen todos los problemas del Perú en plena ebullición en la época en que fue escrita, porque Arguedas se propuso abarcar la totalidad de las cuestiones sociales que afectaban al hombre peruano de su momento”. El propio autor la considera como la culminación de su obra, de modo  que las novelas anteriores constituirán  los eslabones necesarios para elaborar ésta última: “Todas las sangres ha madurado durante largos años. Para poder escribirla fue necesario haber intentado interpretar en Agua (1935), la vida de una aldea, en  Yawar Fiesta (1941) la de una capital de provincia y en Los ríos profundos (1958) la vida de un territorio humano y geográfico más vasto y complejo. Sin estas obras no hubiese podido crear Todas las sangres  (…) Y siento que mi última  novela es más literaria que las anteriores porque en ella lo literario proviene de la faz y el corazón  de infinidad de gentes distintas  entrabadas en nuestro país en una urdimbre sutil, profunda, a veces terrible, y no solamente de la descripción del llanto y de la mágica maravilla de los ríos y montañas”.  Los personajes principales  se encuentran bien diseñadas por el autor  y alrededor de ellos gira toda la obra arguedasiana. Los personajes centrales son tres: el hacendado Bruno Aragón de Peralta; el ambicioso Fermín Aragón que es dueño de la mina de Apark’ora que explota y abusa de los humildes indios; y don Demetrio Rendón Willka, quien primero trabaja para Fermín Aragón y después para Bruno como administrador de su hacienda. Entre los personajes secundarios sobresalen: Matilde, mujer de ojos grandes y color de piedra verde y esposa del hacendado Fermín el Gálico, el hacendado; el mestizo Gregorio;  el ingeniero Hernán  Cabrejos Seminario quien es jefe de las minas de San Pedro y también agente secreto   del Consorcio Wisther-Bozart.  Las acciones o hechos  que realizan los personajes se desarrollan en el espacio  local o regional que está ubicado en la sierra sur del Perú, y tiene como escenario tres áreas: la mina Apark’ora; el pueblo de San Pedro; y la hacienda “La Providencia”, la comunidad de Paraybamba y la comunidad de Lahuaymarca. La novela póstuma de Arguedas es el “El zorro de arriba y el zorro de abajo, 1971”.

 (Del libro: "Literatura Peruana", Rafael Alvarado Castillo)

"CUENTOS PERUANOS", antología

    Rafael Alvarado

     El crítico literario y novelista norteamericano Bill  Oliver nos dice que los libros de cuentos tradicionalmente han reportado escasas ganancias y a menudo no ha sido reseñado por la crítica literaria. El escritor Oliver  sigue diciendo: “No es de sorprender, pues,  que un escritor como Peter Taylor, de más de 70 años de edad, aclamado por el famoso crítico literario  Jonathan  Yardley  del “ Washington  Post”  como el mejor autor de Estados Unidos, haya trabajado en relativa oscuridad tantos años: Taylor escribe cuentos”. Por último, el  doctor Oliver, escribe: “Sin embargo,  ahora se observa  el fenómeno literario de la década, aclamado por las casas  editoriales, directores de revistas, críticos y escritores por igual (en los Estados Unidos), y  avivado por el interés de un gran número de lectores. Se trata del renacimiento del cuento o por lo menos así se ha llamado”.

     Shannon  Rabéenle, editora, jefa de la editorial Algonquin y editora de la antología periódica  “Best American Short  Stories” escribe: “Cuando se habla del resurgimiento  o renacimiento del cuento, están volviendo a los años veinte y treinta, cuando cierto tipo de cuento bien escrito y de éxito comercial podía lograr determinar la circulación y los precios de venta al público”.  El destacado crítico literario Oliver   agrega categóricamente: “Estos cuentos se publicaban en revistas como “Vanity Fair” y “The Saturday Evening Post”   y eran el equivalente de los  programas de hoy en las cadenas nacionales de televisión. Lo que se observa en el cuento ahora es un resurgimiento de aquella situación”.
     En el Perú, ¿qué sucede con el cuento? Es realmente lamentable que no se valore al que escribe cuentos porque sencillamente no se leen cuentos como debe ser. En los colegios se exigen que se estudien a los grandes cuentistas peruanos; y eso me parece muy bien. Un buen cuento elaborado es bello y maravilloso.

     El escritor norteamericano  Seymour  Mentor dice que  “El cuento es una narración breve, fingida en todo o en parte, creada por un autor, que se puede leer en menos de una hora, y cuyos elementos contribuyen a producir un solo efecto”. El cuento es tan antiguo como el mismo hombre, no voy a entrar a definir lo que es un cuento y menos a profundizar el problema del cuento que es sumamente complejo.  

     En el presente libro de antología del cuento peruano he considerado las siguientes  obras literarias: “Calixto Garmendia”, “Los gallinazos sin plumas”, “Warma Kuyay”, “El caballero Carmelo”, Ushanan-jampi”, “El sueño del pongo”, “La venganza del cóndor”, “Paco Yunque”, “El banquete”, “El trompo”, “La botella de chicha”, “El niño de junto al cielo”, “Avicha”, “El regalo de Virginia” y “Campanada de retorno”.

     Quiero resaltar las producciones literarias de los cuentistas de las  tres últimas décadas::Fernando Iwasaki, Fernando Ampuero, Alonso Cueto, Carlos  Eduardo Zavaleta, Oscar Colchado Lucio, Cronwell Jara Jiménez, Carlos Rivas Loayza, Javier Arévalo, Oswaldo Reynoso, Luis Loayza, Genaro  Maza, Mario Palomino  Medina, Wilmer Rojas, Alejandro Medina Bustinza,  entre otros.

Lima, 16 de  de febrero de 2012.           Rafael Alvarado Castillo  

sábado, 18 de febrero de 2012

"CONFESIONES DEL LOBO", poemario

         De Rafael Alvarado
   
     El poemario “Confesiones del lobo” lo vine trabajando desde 1985, pero fue publicado artesanalmente en  1992, justo cuando apareció el  primer número de la Revista de Poesía “TRILCE” que dirigía y que publicó a los poetas de aquella época por cinco años. Durante los  hermosos   años de los ochenta frecuenté las tertulias literarias que se realizaban en  la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en  la Asociación Nacional de Escritores y Artistas (A.N.E.A.). Conocí en aquella época a los grandes poetas Washington Delgado, Pablo Guevara, Juan Gonzalo Rose, César Toro Montalvo, Demetrio Quiroz Malca, Winston Orrillo, Paco Bendezú, Mario Florián, Luis Nieto, Leoncio Bueno, Gustavo Valcárcel, Luis Hernán Ramírez. Posteriormente frecuenté a los poetas  Julio Chiroque, Espinoza Sánchez, Juan Benavente,  Federico Torres, Francisco Ponce Sánchez,  Julio Aponte, Max Dextre,  Carlos Alfonso, Víctor Bradio, Willy Gómez,  Manuel López Rodríguez, Guido Carrión, José Guillermo Vargas,   entre otros.  
     El libro de poesía “Confesiones del lobo”  es un testimonio personal  sobre  mi vida que estaba llena dolor y angustia, enfrentándome a un mundo injusto y deshumanizado. Escribir  poesía era para  mí  una especie de pasión y de placer.  Y en realidad,  eso sentí cuando escribía este poemario.


EPISTOLA  A MI HERMANA TERESA
 Hermana Teresa, hoy es un día cualquiera y ha llovido
                                                                            como nunca,
y  he tomado un buen café y he leído a Elliot, Ungaretti
                                                                         y Ezra Pound
Y  después me he puesto a pensar en lo que es la vida
                                                      y mi alma se ha espantado,                      
no sé de repente cogiéndome el corazón hecho pedazos
se me dado por hablar de tantas cosas que bailan en mi
                                                                                        cabeza.
Tú,  sabes muy bien que nunca fui feliz y que siempre fui
                                                                            un desgraciado                         
-rara  vez lo digo- y me resigno a vivir así  con mis escritos    
                                                  manchados de melancolía donde
danza mi desdicha riéndose  en mi propia cara.
                                                        
Anda, hermana Teresa, pero rápido donde el padre
                                                                             Enrique Olier,
el que suele  hablar hasta el cansancio de Damián
de Molokai, inmenso apóstol de los leprosos
y  dile  que no soy un hombre malo,
a  pesar de que solía hacer llorar mucho a mamá                                              
todas las mañanas cuando el cholo Don Lucho
-extraño jardinero con cara de gato asustado que
                                                           creíase Charles Chaplin-
salía llevándose  de paseo a su angustia en dos    ruedas.
Corre,  hermana Teresa, como la gacela que va junto
al  tren  perdido  con rumbo a lo desconocido
y  visita también al viejo Camilo –hipócrita lector de  Vallejo-
que todavía  está en su lecho de cemento con cara
                                                                               a la muerte
abrazado a su inmensa miseria en plena esquina,
allí donde está parado la desdicha como una columna
                                                                                  de humo
y  dile al oído –aunque algunos dicen que él perdió
                                                    en un basural su conciencia
dile que soy un hombre bueno que jamás conoció
                                                                           la felicidad
y dile también que en su nombre escribiré
                                                           los poemas  más tristes
y  que releeré siempre   a Vallejo, Whitman y Neruda
que nos hablan de la esperanza que quisiera que
                            naciera  en mi pecho como una flor de otoño.
Ah no te vayas a olvidar, hermanita Teresa, de ir
                                         aunque     sea   un   instante     donde
el negro Tom,  ayer tumbador de hombres  y  hoy
                                                            bailarín  de bares oscuros,
de  visitar  también donde  el mocho,  el  trompetista
con cara de sapo que  se cree  el genial  Lousis   Armstrong 
y el viejo Zumarán de mi barrio, quien reparte todas
                                               las mañanas la más linda sonrisa
todos los niños que llevan un silencio de jazz
                                                                      sobre sus almas,
y diles que todavía sigo siendo el mismo de siempre
                                                            y que  Jamás se olviden                                           
de que el río, corto o largo, se parece a la vida de los  hombres.
Perdóname, hermana Teresa, estoy llorando y no traten  
nadie de consolarme porque creo que es mejor así.
Siento que la tristeza del mundo cae herida
                                               como un gigante árbol  en mi alma.
Y  de pronto, me he puesto a canturrear canciones de mis
                                                                                        años verdes
rasgueando mis nervios averiados como si fuese una   guitarra,
y   como nunca  he  recordado entre lágrimas y risas
a mi padre, hombre de mil oficios  y lector de libros  anónimos,
cogiéndome en su ancho pecho colorado y cubriéndome de besos;
a mi madre que se paseaba en mi cuarto espantando
la tristeza que se escondía en mi alma;
a Charito, miniatura de Sofía Loren - decían que era muy mala -
                                                                             pero yo no lo creía,
la que siempre me contaba a oscuras cuentos malévolos,
                                                                                    asustándome                                                       a Rocío, la que tenía  cara  de tortuga , a quien hacía  
aterrizar  vestida todo de blanco en los mejores  charcos de barro,
                                                                                                                                                                                                                 a César, el chiquitín que solía robarme en complicidad de mi madre
mis mejores cometas hechas con mis propias manos
y mis carritos de madera de color chocolate;
a  Lucy, la muchachita de ojitos negros, quien solía
                                                           matar  con su sonrisa coqueta
la  ira  que cabalgaba como un dragón en el rostro  de mamá.

Hermana Teresa, quiero que me devuelvan –ahora   mismo-
mi patria hermosa con sus palomas blancas y sus chiquillos
                                                correteando por las largas avenidas,
que me devuelvan también –lo digo esta vez empeñando
                                                                        mi alegría al viento -
la sonrisa de niña de mamá que se paseaba por mi rostro
cuando la cólera andaba en mi sangre como un viejo    
fantasma derramando la leche tibia de los niños.
 Quiero  –lo  pido  casi  ahogado  en  un  mar  de  llanto –
que devuelvan  aunque sea por un solo instante
la última sonrisa de mi hijo que se fue con la sombra  del otoño.
Quisiera de buena gana, hermana Teresa,  darle 
                                              un  golpe  mortal  en plena nuca
a  aquel  juez  que  ensaya  una  sonrisa  de  Judas  y
luego reírme a sus espaldas como un  loco pordiosero;
también quisiera  asustarle con violencia hasta  quitarle
                                                                                casi el aliento
a aquel  siniestro  hombrecillo  vestido todo de verde –
                                                     creo que se llama el doctor Silva-
que se pasea siempre muy orondo por los pasillos
                                                                  cuarteados de melancolía
del noveno piso de ese horrible hospital con rostro 
parecido  al  viejo sauce desnudo  azotado por el viento 
                                                                                     del  otoño,

Quiero  leer hasta el cansancio  a Hemingway, Vallejo, Dickens,
                                                      Mauppassant  y  Mark Twain
- mis maestros coronados de tristeza- y luego salir 
                                                             a  buscar  al padre   Olier
para decirle que Santo Tomás de Aquino me llega al  alma;                                                                      quiero     abofetear   con  violencia  a   Carlos   Marx                                                                                              
                                        -mi autor preferido de juventud-
y  romper todos sus escritos para que nadie los lean;
por último quiero, hermana Teresa, abrir como  un loco de par en par                                                                           
la ventana de mi tristeza  y tocar la luna con mis manos.
                                                                
QUISIERA SER UN HOMBRE FELIZ
                  (Fragmento)
Quisiera ser siempre un hombre feliz
caminar bajo la lluvia mojándome los zapatos,
gritando como un  loco en las esquinas que la felicidad es sólo
                                                     para los dioses del olimpo
y que Baudelaire anda  en mi alma de invierno
maldiciendo en alta voz los sonetos de Petrarca.

Estoy enredado en mi propia miseria del tamaño del cielo
entre el pan ausente en mi mesa y el vino despreciado
                                                    por los hombres sin sueños,
entre el correr del tiempo que se detiene en los cabellos
                                                                       de Rita la Caimana
y  la lectura de los cuentos del maldito Charles Bukowski.

Quisiera ser siempre un hombre feliz como Pablo, el viejo mendigo
que se acuesta con su inmensa tristeza en las bancas frías de París
odiando  a Van Vogh  y  gritando que ama a  Liz Taylor.
                              
                                                                        Lima,  20 de abril de 1988