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lunes, 15 de enero de 2018

"JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA", 18 de enero 2018. HILDEBRANDO PÉREZ, MARCO ANTONIO QUIJANO, GROVER GONZALES, ROY VEGA Y HENRY CÓRDOVA

FERIA DE LIBREROS “AMAZONAS”
Al servicio de la cultura


“JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA”
18 enero 2018     -   5.30 pm.


CONFERENCIA:

“PREMIOS (Y APREMIOS) EN LA POESÍA CONTEMPORÁNEA DEL PERÚ”

A cargo de HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE,
MARCO ANTONIO QUIJANO MIRANDA, GROVER GONZALEZ GALLARDO, ROY ALFONSO VEGA  JÁCOME y HENRY MARTÍN CÓRDOVA

RECITAL DE POESÍA
DE LOS POETAS INVITADOS

*HILDEBRANDO PÉREZ GRANDE 
Nació en Lima - Perú en 1941. Ha sido Director de la Escuela de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima-Perú. Durante muchos años, dirigió el Taller de Poesía de la Universidad de San Marcos junto al reconocido poeta peruano Marco Martos. Dicho Taller es un espacio único donde se reúnen poetas jóvenes y consagrados para compartir sus textos y aprender unos de otros.
En 1960 fue Director de la revista de poesía PIELAGO.
En 1970 fue Co-Director de la revista de poesía HIPOCRITA LECTOR.
En 1978 gana el Premio de Poesía Casa de las Américas con su libro Aguardiente y otros cantares.
En el año de 1980 fue Sub-Director de la revista de Cultura PUENTE-NIPPI.
Entre los años de 1984 a 1987, se fue profesor invitado en Grenoble-Francia.
También se ha desempeñado como editor de las obras de los poetas peruanos Javier Heraud, Edgardo Tello y Juan Ojeda.
El 21 de mayo de 2013, recibió el Premio Internacional de Poesía “Rafael Alberti”, que otorgan el Festival de Poesía de La Habana, Cuba, y la Asociación de la comuna de Andalucía, España. El motivo del galardón fue por la ”alta calidad lírica y por el intenso humanismo que conlleva discurso poético”. Al respecto, Hildebrando Pérez Grande dijo muy agradecido en la premiación: “Si Rafael Alberti volviera, yo sería su escudero, qué buen caballero era, y ahora más que nunca, pues este premio que lleva su nombre y que me halaga en lo personal, lo recibo en nombre de Javier Heraud, César Calvo, Antonio Cisneros, Luis Hernández, Juan Ojeda y tantos otros poetas peruanos de la Generación del 60‘”.
Actualmente se desempeña como Director Académico de la revista de Arte y Literatura MARTIN y es Profesor Principal de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

PREMIOS:
*En 1978 gana el Premio de Poesía Casa de las Américas.
*El 21 de mayo de 2013 recibe el Premio Internacional de Poesía “Rafael Alberti”. Se trata del primer poeta peruano en recibir esta distinción, que antes alcanzaron los cubanos Roberto Fernández Retamar, Pablo Amando Fernández y Waldo Leyva, así como Omar Lara(Chile) y Roberto Sosa (Honduras).


*MARCO ANTONIO QUIJANO MIRANDA  (Lima, 1970)
Estudió Comunicación Audiovisual. En el 2013 publica su primer libro Poemas Fantasma.
Ha participado activamente en Recitales poéticos, ferias de libro y Encuentros de escritores, tanto en Lima como en provincias. En el 2017 su poemario Colección  Privada o los
Colores Ocultos de la Turbación se hizo merecedor del Premio Copé de Oro de la XVIII Bienal de Poesía, otorgado por Petroperú. Tiene dos poemarios inéditos próximos a editarse.

*GROVER GONZALEZ GALLARDO (Cajamarca, 1971)

Ajedrecista, abogado y poeta. Egresado de la PUCP en la especialidad de Derecho, es miembro del Liceo Poético de Benidorm, España y del novísimo grupo poético Rara Avis.

Ha publicado su primer poemario “Manantial en el espejo” en el 2,013 por la editorial Pasacalle.  En la actualidad se encuentra en el proceso de terminar un segundo libro de poemas. Grover Gonzales es finalista en las dos últimas ediciones del COPÉ de poesía.

*ROY ALFONSO VEGA  JÁCOME (Lima, 1988)
Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su poemario Rumores de un arpa retorciéndose en la hoguera (Dedo Crítico, 2014) obtuvo una mención honrosa en el VII Concurso Nacional de Poesía “José Watanabe Varas 2011”, organizado por la Asociación Peruano Japonesa. En el 2015, su poemario Muestra de arte disecado (Ediciones Copé, 2016) se hizo merecedor del Premio Copé de Plata de la XVII Bienal de Poesía, otorgado por Petroperú. Textos suyos han aparecido en las antologías Recitales “Ese puerto existe”. Muestra poética (2011) y Versos en el aire V (España, 2016), así como en la revista digital Bitácora de Vuelos (México, 2016). Actualmente se desempeña como corrector de estilo y redactor cultural.  Ganador del Premio Poeta Joven del Perú 2017.

HENRY MARTÍN CÓRDOVA BRAN, Piura 1985

Nació en Huancabamba, provincia de la Sierra de Piura en 1985. Cursó estudios primarios en Huancabamba y Piura y los secundarios en el Centenario Colegio San Miguel de Piura. Estudió periodismo en la Universidad Nacional de Piura. Dirige el blog periodístico cultural “La Acción Escrita” en la que publica artículos periodísticos y de opinión sobre temas de coyuntura y entrevistas, asimismo colabora con artículos en la Revista Semana del Diario El Tiempo de Piura. Perteneció al grupo literario “Plazuela Merino” de Piura y a la Asociación Cultural Sicanni. Poemas suyos han sido publicados en las revistas literarias Plazuela Merino, Sietevientos, Pensamiento Profano, Granizo Lunar, Piel de Kamaleón. Poemario publicado: “Arquitectura y Destrucción del arco iris”.

MARCO ANTONIO QUIJANO Y SU POEMA "AMARTE ES CRUZAR UN PUENTE EN PROCESO DE RECONSTRUCCIÓN"

AMARTE ES CRUZAR UN PUENTE EN PROCESO DE RECONSTRUCCIÓN

Tendré que definirte oscilante o traída del pasado
saber donde fluctúas como un sigiloso rito
huyendo del desencanto
discernir entre asombros y elementos químicos
tu tenue configuración ósea o esta nueva forma
de acercarte a la nada fingiendo una apariencia de cero
observar pacientemente
como un insomne monje tibetano
en qué universos se precipitan las estaciones azules de tu rostro
sin angustiarme
por las marcas en la espalda que me ha dejado
esta habitación vacía y tus gritos mas encarnizados
mientras mi mente en blanco se cuela
por las alcantarillas de esta realidad empírica
por las aguas negras de lo que a simple vista
parece cierto y al otro lado de la puerta es solo
un muro lleno de angustias y avisos publicitarios
que no me dejan ser libre o al menos
ser esa criatura que hace el amor en los lugares públicos
mas transitados por el insomnio
de las señoras/señores agitando sus brazos agitando sus ¡oh!
fotografiando todo a su paso          emputecido selfie
y esas marcas sin desaparecer detrás de las sirenas azules
detrás de las sirenas rojas he perdido mi privacidad
me marcho a otro hemisferio atravesando mundos cuesta arriba
salidas de emergencia             puentes desplomados
USAR  VIAS  ALTERNAS
 a pesar del intenso tráfico y la poca consistencia
de mi equipaje recorro atestados centros comerciales
para rescatar lo poco que queda de tu recuerdo
en ascensores o escaleras gastadas y
el mobiliario arruinado siempre el mobiliario arruinado
pero el polvo la arena se me cae de los ojos y
no sé quién eres cuando llego tóxico a los paraderos
que me secuestran a diario
bajo el humo reluciente de esta contaminada vida
que me empuja al plástico de cada día
al caos al CO2
y en los escritorios de la burocracia me sellan la mirada
hasta quedarnos empapelados
CLAUSURA TEMPORAL
disperso en folios irreconocibles
en sótanos donde balbucean mi nombre con desconcierto y
quiero saber si alguien ha oído mis gritos
desde la ventana desde las azoteas
este aullido a la luna en pos de una salvación
pero la luna no me aclara el asunto
esta tan rota como el himen de la esperanza y
mi alteración se arrastra por pistas llenas de objeciones y
conductores airados y sudosos como las pegajosas
manos de la culpa y por el espejo retrovisor
no puedo verte no puedo encontrarte
sigues extraviada o yo sigo perdido
cuando freno en seco o me estrello a 120 kph y
con esta mirada post mortem sigo tus coordenadas
que me llevan por otra dirección
por un país desolado donde siempre lo terrible es cierto
en medio de pantallas que no se apagan y
quedo plantado en un panorama estático
como la sonrisa desconcertante del tiburón de Hirst
pero esa no es una sonrisa es más bien un gesto de dolor
lo sabemos quienes hemos soportado esa manera de tocar
la ausencia en los espejos o cuando coleccionamos
fotos antiguas hasta herirnos los ojos y
ahora amarillado sufro este vértigo
que vuelve una y otra vez echándome de mis palabras
a un abismo de ordenadas tumbas en
cómodas cuotas mensuales
la muerte es ahora un asunto de mercado (mayorista)
cuando me aborda mas de una realidad
que vienen a mi encuentro y no puedo esquivarlas
aunque te esté recordando desde las cenizas y
eres tan distinta a lo que no eres
sin tener una apariencia todavía
noche a noche vuelvo a mirar en el fallido reflejo
esa parte que me falta
la insensatez detenida en los bordes de mi sombra
me despista
intento reunir los pedazos de tu imagen
tierno rompecabeza que oscila sin definirte
edificando tu vacio con estos escombros que vienen a
mi puerta y tocan y golpean
y las rajaduras en el alma
abriéndose como una grotesca bienvenida
el suelo con su boca entreabierta queriendo tragarme
EXCAVACIÓN  PROFUNDA
                                  PELIGRO                                          NO PASAR
A estas alturas no sé entender las líneas divergentes
que deja tu rastro en mis deseos
pero estoy perdido en estas corrientes
en estos relaves de un terco sentimiento que te busca
cerca de las fronteras del humo y la desesperación
pero tú eres inexplicable en cada paso que doy
en cada cuadrante en que me pierdo
inconsistente
aun no tienes forma ni definición
como yo no tengo pasado ni futuro
esta tierra este cielo que viene a golpear mi torpe semblante
es el aviso de que solo somos numerables
en calles ilusorias mientras todo va desapareciendo

del libro Siniestro de Tiempo





MARCO ANTONIO QUIJANO MIRANDA  (Lima, 1970)
Estudió Comunicación Audiovisual. En el 2013 publica su primer libro Poemas Fantasma.
Ha participado activamente en Recitales poéticos, ferias de libro y Encuentros de escrito-
res, tanto en Lima como en provincias. En el 2017 su poemario Colección  Privada o los
Colores Ocultos de la Turbación se hizo merecedor del Premio Copé de Oro de la XVIII
Bienal de Poesía, otorgado por Petroperú. Tiene dos poemarios inéditos próximos a
editarse.

lunes, 6 de noviembre de 2017

CHARLES BUKOWSKI y su poema "Vivir de cubos de basura"

"VIVIR DE CUBOS DE BASURA"
Charles Bukowski


El viento sopla fuerte esta noche
Y es viento frío
Y pienso en los chicos
De la calle.
Espero que algunos tengan
Una botella de tinto.

Cuando estás en la calle
Es cuando te das cuenta de que
Todo
Tiene dueño
Y de que hay cerrojos en
Todo.
Así es como funciona la democracia:
Coges lo que puedes,
Intentas conservarlo
Y añadir algo
Si es posible.

Así es también como funciona
La dictadura
Sólo que una esclaviza
Y la otra destruye a sus
Desheredados.

Nosotros simplemente nos olvidamos
De los nuestros.

En cualquier caso
Es un viento
Fuerte
Y frío
.

LILIANA MIRANDA, JORGE ALIAGA,... EN "JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA" 9 NOV 2017

FERIA DE LIBROS “AMAZONAS”
Al servicio de la cultura

“JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA”
9 de noviembre 2017    -    5,30 pm.

RECITAL DE POESÍA
Ofrecido por los (as) poetas : Liliana Miranda, Carmen Navarra, Jorge Aliaga Cacho, Arturo Bolívar Barreto.

LILIANA MIRANDA

(Lima, Perú, 1955)
Poeta, fotógrafa y atleta. Escribe también cuentos para niños y crónicas de viaje. Ha publicado dos poemarios: Aligerando mi paso (2005) y Piel de Setiembre (2012), ambos con imágenes de la autora. Como atleta máster obtuvo 75 medallas en las pruebas de 100-200 mts. y salto largo. Es parte de Monólogos Femeninos Perú con el personaje de Lola Flores. Ha participado en el V Encuentro de Poetas del Mundo de Cuba (2016) y en el I Encuentro de Escritores de Cartagena (2017).

Y todavía creo

Con zancos
                voy sorteando
          la suerte
                   y la lotería hacia el paradero
                  del bus fantasma

Creo adivinar su sonrisa
          en el polarizado

Si
   alguna
     vez
        existió

o es una sombra
           de un plano mayor

quizá una estrella fugaz
arraigada
         en mis años

jugando
          a las escondidas



Expuesta

Perdida y desarticulada
desparramaste tus nalgas en las losetas
Apoyaste tu columna
                              en su fría contraparte

Tus piernas se estiraron en acto reflejo
la ropa te podría traicionar

Tu mundo habitual se nubló

Viste pasar la vida que no imaginabas
Seguiste los ojos que conectaron
Tu mano estirada habló con naturalidad

Seis ojos bondadosos
relajaron sus cuerpos en el pavimento

La fibra central de tu médula hizo corto circuito

La imagen
           dicen
Vale más que todas las palabras

Tres amigos en ciernes
         La imagen de la Imagen
intentaron calmar tu hambre
        abordaron tu soledad

Flotabas en la irrealidad real

Experiencia que circula
como sangre renovada en tus venas



Privilegio


La música se filtra
entre la luz
de tu música y sus misterios

Tus finos dedos
y el teclado
en comunión de talentos

La habitación privilegiada
se inundó de ti

Me abarca
me traspasa
y me conmueve



Central Park

Ruta de adoquines y cemento
cada uno
corre a ocupar su asiento
Tulipanes jugando a la ronda
a los pies de viejos árboles

Flores blancas
atiborran las ramas ansiosas

Tus pupilas se dilatan perplejas
-ante tanta hermosura-

Y volviste al tercer día

Miguel Ángel estuvo ahí

Sinfonía en tonos rosa
         cantando la primavera

*CARMEN NAVARRA

*JORGE ALIAGA CACHO
- 1951, Lima, Perú
- Reino Unido
- Sociólogo, Educador, Escritor

Premio Carnegie, Escocia.                  
Medalla de la Ciudad de Huamanga, Perú.
Medalla de la  Sociedad de Poetas de la Región Lima Norte, Perú.
Medalla de ls Ciudad de Huaura.
Visitante Ilustre de la Ciudad de Ica, Perú, (por Resolución de Alcaldía).
Distinción Trilce de Oro. Otorgado por la gobernación de la provincia de Santiago de Chuco, La Libertad, Perú.                                    

Bibliografía:
Ha escrito La Casa de la Magdalena (1977), una historia de la casa de Simón Bolívar en el Perú;Essays of Resistance (1991), tres ensayos sobre Latinoamérica, y Terrorism in Perú (1995), un relato de la guerra entre el gobierno del Perú y la organización insurgente Sendero Luminoso.
Asimismo, ha traducido el ensayo El destino de Norte América, de José Carlos Mariátegui, al inglés: The destiny of North America.
Secreto de desamor (2008), novela.  Mufida, La angolesa (2011), libro de cuentos. Cuando los caminos se juntan, (2013),´muestra de cuento peruano, Todas las voces, (2013), antología poética,Tendiendo puentes, (2013), muestra de cuento peruano.

Piruetas

Ayer mi pena fue alegre
porque se cansó de triste
y tú la animaste, ...... ¿Sabes?

Cuando tus manos tomaron las mías
mientras el viento de nosotros hacía
piruetas de alegría.

Tú estabas de azul plomo
como tus ojos,
como mis días,
como los besos que enjuagaste en mi boca,
y que la noche se llevó en su vacío.

Ayer mi pena fue alegre
porque se cansó de triste.


Tu Boca

Tu boca no fue suficiente.
Las cosas que con ella prometiste,
Juraste, callaste, dijiste.

Tu boca no fue suficiente.

No, no fue suficiente tu boca.

Y mi amor angustiado dejó.
el placer que con ella me diste.

Rompí el embrujo de tus labios rojos
duchos en placeres, libidinosos,
lácteos.

Ahora te ahogas en mares de un día,
tu lengua ansía encontrar
la serena laguna que tuviste,
donde anclabas tu cuerpo
para limpiar los besos
que a extraños diste.

Tu boca.

Tu boca y tú:
no pueden creer
que me perdiste.


Tsvetnoy Boulevard

Regresaste a su playa
para pagar la cuenta,
marco de angustia,
tus pupilas, tus ojos.

Supiste dominar el ocaso
con tu estampa.

Retrocediste el tiempo
para arrullarte en sus ojos
y el tiempo no pudo borrarlo
de tu recuerdo.

Lo abrazas y llorar no puedes,
hasta llanto falta cuando el tiempo
nos quita todo.

De tu vida le entregaste la última llama
como pidiendo perdón,
llorando, llorando, sin lágrimas
como una loca, llorando.


Sacudo el tiempo

Sacudo el Tiempo,
tiro la chaqueta,
como diciendo basta de apremios.
Sobre la cama
separo las penas que no deben viajar
a tu encuentro.

Anhelo tu pelo, tu recuerdo.

Me inclino a la memoria
de tu cuerpo,
porque repetirte quiero.

Detener el por venir
un ratito.

Abrazarme a antiguo sueño.

Te quieros de entonces
piel trajinada de lunes,
que mis caricias esperan.

Cruzaremos tu plaza
Tomados de la mano,
cazando memorias empujadas por el viento.

La heridas del alma no sanan,
tú sabes,
Tal vez éste sea nuestro último encuentro.


Si vas a Venecia

Si vas a Venecia
la gòndola espera
fulgor de recuerdos
de nuestra era.

Palomas,
barrio judìo,
ghettos,

San Marco
y el vino lleno de estrellas.

Si vas a Venecia
el acordeonista
iluminarà tus ojos sajones,
tu esbelta figura,
tu por favor
`toque la cumparsita'.


Tus ojos

lloveràn estrellitas,
recordaràs aquellas caminatas
haciendo el amor con las manos,
el spaghetti de los dioses
el pan de ajo y una quimera.

Si vas a Venecia el dìa que muera
prometo esperarte en la misma mesa,
frente a San Marco,
para enjuagar el beso que tus labios esperan.

Te lo prometo,
no morirè el dìa que muera,
pero ese dìa te matarè
para que me acompañes al cielo.
allì donde solo llegan las estrellas.

Como viento al alma

Entraste como viento al alma,
remolino,
para acariciar mis penas,
botitas irlandesas repiqueteando,
mi corazón enfermo.

Cuánto puede durar un vendaval.
Inesperado.

Sorpresivo.

Mirada negra de luz blanca y negra,
figura etérea,
cabellera africana, sonajitas.

Volviste.

¡Oh hebdomadaria espera!
El profesor espera,
Llegaste, viento sonriendo,
sentose en esa aula de dolor,
pena y defunción.

¡Pongan sus diccionarios sobre los pupitres!

Hoy vamos a conjugar el verbo SER:

Soy

Eres

Es

Somos.

¿Qué soy corazón?

Dímelo tú, viento.

Tus manitas se agitaban.

Diccionario, páginas, felices,
y mi corazón lloraba tu alegría.

Volaste, a una de tus estrellas,
mi alma quedó con el recuerdo,
botitas marrones,
canillitas abrazadas,
sujetadas por pasadores gastados,
como mi espera.

Desde ese día busqué el céfiro,
susurro de tu brisa.

Huracán de tu boca que nunca
arrasó mi boca.

Quiso Dios un día,
que mi pena se convirtiera en tifón,
busqué,
te encontré,
lluvias,
nos unimos en trueno,
lloramos,
y juntos volamos suertes de alegrías y desgarros.

¡Ay de mí, corazón!

*ARTURO BOLÍVAR BARRETO
Lima, 1953. Narrador, poeta, ensayista. Es egresado en sociología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Así mismo hizo estudios en Educación y fue  maestro de escuela durante muchos años.

Ha publicado Historia singular del profesor Rivasplata y otros cuentos, 1997; el relatoGotita (Premio en el concurso “Horacio” 2001 de la Derrama Magisterial).  Igualmente el libro de poemas Creciente hora nuestra, 2010; una edición del ensayo Balance de las políticas culturales de Fujimori a García, 2011. Así como el libro Calidad literaria y compromiso social, 2012. Ha divulgado en diversas revistas convencionales y digitales un conjunto diverso de artículos; así como breves ensayos: “La literatura de Mario Vargas Llosa en el diván”, “¿Quiénes son los dinosaurios? La nostalgia del intelectual de élite”, “El fin de la literatura o gérmenes de una  nueva era democrático cultural”, etc.

Realiza además una actividad permanente vinculada a la defensa de los intereses populares en lo político, cultural, social.


La mugre resplandece en vuestro lado

La mugre resplandece en vuestro lado
Pues anhelan vivir cual sus ancestros
Pisoteando a nuestros padres tierra adentro
Viejas zorras oligarcas
Que creen que está intacto
Sus salidos almohadones, su lisura y privilegios
En pleno siglo de las erupciones.
Una, la lingüista, 

Acunada de membretes y academia
De galáctica soberbia
Como la falsedad de su agudeza.
De ideas fijas, estafadora con la forma,
A quien rinde pleitesía la pléyade
De simuladores y arribistas
El mundillo oficial la aplaude satisfecho
Y la prensa ya se sabe inclinada vive
Para todo lo que se pone a la sombra del poder.
Servicial lacaya indigna señorona
Acomodaticia y fácil comadrona
No vales ni el cobre que gana la muchacha
Que te sirve y a quien miras para abajo.

Y la otra Martha de aguda felonía.

Y esta otra la de lengua viperina
La que amenaza deslenguada
Y pisotea sin ambages lo más limpio
La que ampara asesinos oficiales
Y adorna el estiércol
Y convierte lo horrendo
En pasable pasta para que la trague el pueblo
Y son amablemente invitadas
En las cortesanas cámaras de televisión
Y miradas con miradas mansas, e intocadas
Por los bufones que gobiernan
Y por el bufón mayor que sí se envalentona
Con los que resisten con su solo pulso
Y no viven hincados en los abrevaderos del cetro.

(De Creciente hora nuestra, 2010)

martes, 24 de octubre de 2017

EL CARNET, cuento de Antonio Gálvez Ronceros

EL CARNET
Cuento
Antonio Gálvez Ronceros

Llevando un atado de paja de frejol, un negro muy viejo atravesaba la solitaria placita de la hacienda. Al pasar frente a la comisaría un guardia que se aburría en el umbral le dijo:
-¡Alto!
-Aquí toy, señó.
-Su carnet.
Señó, cainé tengo, pero ta pa llená
-Y por qué no lo ha hecho llenar.
-Güeno... Resuta que yo tabajo too lo día e la semana. Y ahí ta don Erique Cabreira, que mi bueye se caen de hambe, mueto, jalando agua hata lo día domingo pa la casacienda. Po ese motivo no pueiro i al pueblo. Dicen que hay que i a tomase una fotorgafía en un apadato, quiuno se pone derante, y atrá una con capa nera dice: "¡Etric! Ya ta lito". Y dicen quese apadato queda en una calle que se llama Derecha, y como quieda que yo no vual pueblo dede quesa calle era torcira...
-Bueno, bueno. Dígame: ¿y cómo es que ahora usted no está trabajando con los bueyes?
-No créea. Yo me dao un brinco pacá, a pedí eta paja e frijó pa mi bueye que me tan eperando junto al pozo diagua pa seguí trabajaindo. Sian caído de hambe y mian dicho: "Quedemo paja e frijó pa seguí trabajaindo".
-Ah ¿sí?
-Así e, señó.
-¿Y dónde queda ese pozo de agua?
-Ya. Uté ta aquí, ¿no? ¿Uté ve esa planta e pacay que ta allá abajo? Esa planta e de Bernardrino. Má abajito, ahí cae el pozo.
-¿Y dónde vive usted?
-Ya. Uté ta aquí, ¿no? ¿Uté ve esa planta de epigua que ta allá ponde viene volando esa mancha e pericos? Esa planta e de...
-Ya, ya váyase.

-Cómo no, señó. 

ANTONIO GÁLVEZ RONCEROS y su cuento "EL BUCHE"

EL BUCHE
Cuento
Antonio Gálvez Ronceros

 Buche, ¿no sientes frío?
- No.
- Yo sí, hombre
- ¿No será de miedo?
- ¡De miedo!... ¿Crees que soy maricón?
- Eso lo veremos más de un ratito.
- Ya verás.
- ¡Mira! Se han sentado a la mesa. Van empezar a comer. Entonces, deben ser como las ocho.
- Más o menos. Pásame un cigarro, ¿quieres?
- ¿Estás loco? Nos pueden ver.
- ¿Aquí, detrás de estas plantas?
- ¡Claro, pues, tonto! ¿No sabes que de noche se ve bien clarita la luz?
- ¡Ah, bueno! Como quieras. ¡Caramba, esa gente todavía no termina de comer! No me gusta esperar. ¿A qué hora se tumbarán a dormir?
- No te alborotes porque ya no tardarán en hacerlo. La gente de la chacra se acuesta temprano. A éstos los he venido observando desde hace dos semanas y ya sé todos sus movimientos. Hasta lo que comen.
- Oye ¿no sientes un freicito por acá abajo?
- Debe ser la arena de la acequia, que de noche se pone fría.
- Creo que no. ¡Caray! ¡Está pasando agua! ¡Ya me mojé los fundillos!
- ¡Yo también!
- Alguno que está regando su chacra. Estas gentes no quieren regar de día, tienen que hacerlo de noche. Parecen lechuzas.
- No importa. Esto me servirá para templar el pellejo.
- A ti, que te tienes que calatear. Pero a mí me servirá para agarrar una pulmonía.
- ¡Mira! Se han levantado de la mesa. Al fin parece que se van a dormir.
- Ya era hora. Sólo hay que esperar un momentito para que se duerman del todo; luego la cosa estará listaporque éstos duermen como piedras. La cocina se ha quedado solita. Entonces, llegó el momento.
- ¿Qué? ¿Te arrepientes? ¡Eres una gallina!
- ¡Gallina! ¡Si ahorita nomás se han echado a dormir y ya quieres que vaya!
- ¡No discutas, Poronga, yo sé lo que te digo! ¿Crees que por puro gusto he pasado dos semanas rondando la casa? Si yo te digo que duermen como piedras es porque es así.
- Bueno, como quieras.
- Aquí van las últimas recomendaciones. Vas a trabajar con luz; ahí la ves en la cocina; ellos acostumbran dejarla encendida toda la noche. Así que de oscuridad no te quejarás. Anda quitándote la ropa y fíjate bien lo que te voy a decir…
- ¿Y tú por qué estás acá? Mala suerte, seguro.
- ¡Cuál mala suerte! ¡Ah, pero me las pagará!
- ¿Quién?
- Uno que le dicen Buche. ¿Lo conoces?
- ¿Te vendió?
- Peor que eso. Me agarró de tonto.
- ¿Y cómo te fregó el tal Buche?
- Resulta que un día se presentó en mi casa y me dijo: “Oye, Porongo, he andado buscándote por todas partes. ¿Sabes? Tengo un trabajito que puede dar mucha plata. Sólo que necesito a alguien que me ayude en el asunto, y por eso he pensado en ti, porque eres mi amigo y estás caído”. Y la verdad que yo andaba por esos días muy caído – me dijo- es robarse un cochino así de grandazo que he visto en una casa de la chacra. Muchos días he pasado mirando aquí, mirando allá, buscando la mejor manera de robarlo. Si lo vieras, Porongo… ¡parece una vaca enorme! Por lo menos nos van a dar mil soles cuando lo vendamos; quinientos para ti y quinientos para mí. El trabajito lo haría yo solo; pero, afanoso de saber todos los movimientos de la casa, he pasado muchas noches al aire y ya me traigo un resfrió que me hiela. Y para hacer el robo uno tiene que calatearse”. Y yo le dije que no entendía eso de calatearse y él me aclaró: “Como ahí hay perros, siempre es bueno andarse con cuidado. Y yo tengo el secreto para que de noche los perros no lo muerdan a uno. Consiste en quitarse la ropa y meterse a robar así. Entonces uno puede pasearse juntito a los perros y ellos no lo ven nadita. Ése va a ser tu trabajo, en vista de que yo, con mi resfrió, me arrimaría tal pulmonía que me iría derechito al cementerio. Pero no creas que la cosa es brava; en dos patadas todo está listo”.
Me pareció un poco raro el asunto, pero pensé que debía ser cierto porque a ese Buche nunca le fallaba nada. Sin embargo, yo debía asegurarme, así que le dije: “A mí me han dicho que eso de robar cochinos es muy peligroso porque son muy pesados y a veces se les da por gritar”. Pero el Buche ahí mismo me emparó: “¡Al Buche no se le escapa nada! Tengo el secreto para robar cochinos sin que hagan bulla. Le rascas la barriga con una coronta y se queda tranquilito. Enseguida lo jalas de su soga para llevártelo. Ya lo he comprobado y no nos puede fallar”. La verdad es que le tuve confianza y me animé más todavía… y es así como esa noche nos vamos los dos, como las ocho, a dar el golpe. Nos escondemos detrás de los matorrales y aguardamos a que los dueños se vayan a dormir. Llega la hora y el Buche me pone al tanto: que aquí está el chiquero, que allá duermen los perros, que vas a trabajar con esa luz que ves en la cocina, que no tengas miedo porque ésos duermen como piedras.
Yo me quito la ropa y todo calato, sintiendo un frío trepador, me mando a la casa. Mirando a los perros, que duermen, paso junto a ellos y llego al chiquero. Siento que el viento se cuela hasta mis huesos.
Temblando de frío y llevando una coronta en la mano agarro al cochino. Éste lanza un gruñido que me asusta. Ahí mismo comienzo a rascarle las costillas y el animal se echa. Veo entonces que va dando resultado el secreto del Buche y me entra más valor. Pero al rato, el animal manda tremendo grito que espanta toda la chacra. Falta un tantito así para descontrolarme, pero me preocupo por hacerlo callar. El cochino, sin embargo, sólo quiere gritar. A todo esto se despiertan los perros, y los dueños se aparecen con tremendos palos en la mano. Pensando sólo en salvar mi pellejo, salgo corriendo del chiquero. Pero al viento maldito se le ocurre apagar la lamparita justo en ese momento y todo queda negro. Comienzo a llamar al Buche, pero nada. Descontrolado, sigo corriendo, mientras los dueños se me acercan cada vez más. Los perros parece que también me ven y se me tiran encima. Le sigo dando a mis patas para adelante nomás, cuando llega un momento en que siento que la tierra se acaba, se va, desaparece… y me voy de cabeza a una poza de agua. Ahí mismo me caen los perros. Los dueños ya están aquí. Y creyéndome seguramente el diablo, o un penitente, me descargan una paliza… Y aquí me tienes, pues. Porque, esa misma noche, me trajeron a la comisaría cubierto con un costal.
- ¿Y no has vuelto a saber del Buche?
- Ese desgraciado, aprovechando que la casa se quedó solita, porque hasta los perros se vinieron a la comisaría, tranquilamente se llevó el cochino.

GUSTAVO RODRÍGUEZ y su cuento "Mi papá es el loco Cienfuegos"

MI PAPÁ ES EL LOCO CIENFUEGOS
Cuento
Gustavo Rodríguez


La última vez que viajé a Trujillo en un ómnibus de estos tenía tu edad. Nada ha cambiado. Siguen siendo nueve horas mirando en esta pantalla la misma película, la arena como protagonista omnipresente y alguno que otro matorral marrón que entra en escena para desaparecer como un extra cualquiera. En vez de acomodadores tenemos a toda esta gente que sube ofreciendo pacaes, pacaes, ahí tiene los ricos pacaes.
Lo único bueno es que si vas al baño, al fondo, no te pierdes nada. Todo sigue igual. Hasta los baches por los que estamos pasando ahora. Maldito aeropuerto. Felizmente aquí no proyectan el famoso cartelito de la disposición municipal con el cigarro tachado.
¿Te molesta si fumo? Qué bien. Espero que tampoco te moleste mi conversación. En todo caso, si te aburre, será mejor para ti. Te puedes quedar dormido mientras mis palabras te entran por un oído y te salen por el otro. Por si acaso, si te llego al pincho, no te molestes en contestarme. Yo te comprendo. Yo tuve tu edad hace no mucho y los tíos habladores eran un suplicio para mí. Hasta eso sigue igual.

Ya sé en qué estás pensando. Si le molesta viajar por tierra, porqué no tomó el avión, huevón. Ah, sonríes. Yo hubiera pensado lo mismo. Ha sido esa maldita huelga de aeropuertos. Justo hoy, que tengo que llegar a Trujillo a como dé lugar. Tengo que despedir a un amigo que se está yendo. ¿A dónde? Es una buena pregunta. Nando, carajo. A Nando lo he salvado de muchas, pero de ésta ya no lo va a sacar nadie. La primera vez que lo salvé, era menor que tú. Un pata que estudiaba en nuestro colegio, un ídolo por su forma de trompear, se lo estaba llevando para estropearlo. Ese cojudo era un caso para ser estudiado. En los recreos agarraba a la gente del cuello y la atenazaba bajo el brazo preguntándole quién es tu papá, di, quién es tu papá. Y si no le contestabas mi papá es el Loco Cienfuegos, te sacaba la mierda.

Se llamaba Agustín. Pero todos lo conocían por esta chapa: El Loco Cienfuegos. Pero antes de que agarrara de punto a Nando, ya me había echado el ojo a mí.

Para que entiendas bien lo que te voy a contar, déjame explicarte mejor cómo era el Loco. Por esa época yo tenía catorce años y estaba en tercero de secundaria. El tenía dieciocho o diecinueve, y estaba en quinto. Lo recuerdo enorme, con el pelo siempre corto, y con un ropero en vez de cuerpo, sin duda por la disciplina del Ramón Castilla. Sí, ese mismo, el colegio militar.

Nadie sabía exactamente por qué lo habían sacado del Castilla, pero cada barrio de Trujillo tenía su versión. La de mi cuadra era que le había sacado la mierda a un instructor porque le ordenó hacer doscientas ranas, y si el Loco no aguantaba pulgas, menos iba a aguantar batracios. Esta era una versión más creíble si la comparamos con la del barrio de mi enamorada, donde se decía que el director ordenó su expulsión luego de ser atenazado del cuello para escuchar y oler la bendita pregunta de quién es tu papá, cachaco de mierda, mientras cada sílaba destilaba un horrendo tufo a alcohol de la enfermería.
¿Puedes cerrar la cortina? El sol me está dando en los ojos. El que tampoco perdonaba los ojos era el Loco. Ni las pelotas, ni el hueso que acababa de quebrar con su patada. Imagina. Son las ocho de la noche. La gente de tu edad está llegando en grandes grupos desde todos los puntos hacia un parquecito escondido en una urbanización un poco alejada. Algunas colleras hasta han alquilado microbuses. Todos se han pasado la voz, pues en Trujillo no hacen falta los teléfonos para mover masas. Se ven incluso algunas chicas, en realidad unas pacharacas incondicionales que mascan chicle y hasta escupen al suelo, pero que aplauden más que nadie la entrada triunfal del Loco. Tiene puestas una botas negras con punteras de acero, que limitan con un jean ajustado para no afectar la elasticidad de las piernas, pero que sí deja ver un bulto enorme que llega hasta el bolsillo, que obliga a pensar que el Loco tiene un pincho descomunal, más condimento para la leyenda. El polo blanco que se ha puesto, apretado hasta reventar costuras, grita los quinientos kilos que el loco debe haber cargado en su casa como preparación para esa pelea. Y en la esquina izquierda, señoras y señores, pesando ciento veinte kilos, tenemos al Tanque Patiño, menos aplausos, dueño del gimnasio Atlas y de una espalda en la que pueden aterrizar helicópteros. Creo que esa misma noche estaban peleando Sugar Ray Leonard con Mano de Piedra Durán en la revancha del siglo, pero a nadie le importaba. Cuando nuestra pelea empezó, un amigo enorme del Loco me tapó la visión, por lo que sólo pude escuchar sonidos de cráneos estrellándose contra el suelo, conchas de tu madre desgarradores, y creo que los puños del Loco chocando contra la quijada del Tanque. En un momento dado se hizo la luz para mí, luego de escuchar un grito de guerra, un alarido animal que podía ser traducido al castellano como la frase ¡muere mierda!, alguien murmura se viene el tacle del Loco, y repite, es el tacle del Loco, y eso tuvo que ser, porque al instante una ola de carne cayó a mis pies tras derrumbar a la primera fila de espectadores.

El Tanque no tenía balas ni ganas de levantarse. La hemorragia que salía de su nariz parecía incontenible y hasta las pacharacas empezaron a decir pobrecito, déjalo Loco.

Pero el Loco tenía una mirada asesina, como si la sangre pidiera más sangre, y metió la mano en el bolsillo derecho de su pantalón, lo estoy viendo clarito, sus amigos le están gritando qué vas a hacer, y la respuesta que saca a relucir es brillante, contundente y bien enlazada, porque es una cadena de acero y no su pene enorme el bulto que llevaba a la altura del bolsillo. Una, dos, tres veces cayó el acero sobre la cara, cuatro, cinco, seis veces trataron de separarlo de su presa, lo vas a matar Loco, nos vamos a joder, y el sonido de acero sobre carne y sangre se hizo insoportable, hasta que felizmente se mezcló con el de una sirena policial que llegó a tiempo para evitar una tragedia. Al día siguiente el Loco se paseaba orondo por el patio del colegio, pues sabía que se estaba hablando de él, de su tacle, de sus cadenas y del respeto que había que tenerle y que había alcanzado cotizaciones astronómicas en la bolsa de valores de un adolescente como yo. En cambio, Nando era distinto. Si el Loco Cienfuegos era una bestia de caza, mi mejor amigo era un cordero. ¿Puedes cerrar un poco más la cortina? Nando empezó a ser mi mejor amigo el día que me faltó un brazo. Eran días de exámenes de medio año en el colegio, y a todos nos mezclaban en distintos salones para evitar trampas. Con ese sistema uno se sentaba en su carpeta y limitaba por delante con la nuca de un alumno de primer año y, por el costado, con el perfil de uno de quinto, por lo que copiar era absurdo. Suena el timbre y el colegio parece un cuartel, veo el patio hormigueando de alumnos que trotan, corren, se movilizan en desorden calculado, pues todos saben a dónde ir, saben qué trinchera les toca y a mí me toca el mismo salón de Nando, pues se apellida igual que yo, va corriendo a mi lado preocupado, apúrate que el salón va a cerrar, ¿puedes cargar eso?, y yo pienso por supuesto, un brazo en cabestrillo no es nada, una fisura en el hueso no importa si mi caída sirvió para que no nos metieran ese gol, qué atajada, hubieras visto, el Pato Fillol era un chancay de a veinte a mi lado, lo único malo fue la visita al huesero que me cagó más el codo en vez de arreglármelo, y claro, el pañuelo afeminado que mi mamá me puso para sostener el brazo. No hay otro así de grande, sentenció, y no se discutió más. Entramos y nos sentamos en nuestras carpetas ya asignadas, a cinco metros el uno del otro, tranquilos porque el profesor que va a cuidar aún no ha llegado. Quien sí está entrando en ese momento es un integrante del grupo del Loco Cienfuegos que se sienta junto a mí. Esa es mi carpeta, truena la voz amenazante. Levanto los ojos para ver a quién le está haciendo pasar el mal rato, y me petrifico al ver que el mal rato me pertenece, tiene mi nombre en la etiqueta y hasta viene con lisura incluida, a precio de oferta. ¿No oyes, carajo? Levántate. Sabía que todo el salón me miraba. Sentía que estaba siendo filmado y exhibido en público al mismo tiempo, en la escena en que el bandido ataca al bueno y éste sale con una frase genial que desbarata el coeficiente intelectual del atorrante para dejarlo en ridículo. Mi frase no pudo ser mejor, y la dije balbuceando. Esta... ésta es mi carpeta. Su respuesta fue más efectiva, porque vino acompañada de unas manos que me jalaron del brazo fisurado hasta botarme al suelo. Por un momento en mi vida quise ser el Loco Cienfuegos, sacar una cadena escondida debajo de ese pañuelo ridículo y aplastarle el cráneo, toma mierda, toma mierda, yo te sacrifico en nombre de todos los débiles de cuerpo pero fuertes de espíritu. En vez de eso, mi garganta se saló y mis ojos se humedecieron de rabia, pero no tanto como para no ver la mirada que hizo de Nando mi mejor amigo hasta el día de hoy. Maldita sea. No, no te preocupes. No voy a llorar. Ya tienes mucho con aguantar mis historias, para que encima tengas que aguantar mis lágrimas. Yo estaba en el suelo, y entre las miradas de burla divisé una redentora. Era una mirada de bondad, de ternura, de soy tu amigo. Me ayudó a levantarme, me cedió su asiento y, no contento con ello, me cedió un lugar en su vida, un sitio más en su mesa familiar y un dolor enorme desde hoy en la mañana. Nos hicimos inseparables. Como nuestro apellido era el mismo nos convertimos en primos, y había gente que incluso decía que nos parecíamos, tienen la misma mirada, en esta foto hasta parecen hermanos.
Pero no era verdad. Nando era un ángel si lo comparabas conmigo. Las chicas le decían Cara de Bebe y había que verlo con su pelo dorado ensortijado, su sonrisa de niño y su cara de obediencia cuando su mamá lo resondraba por no haber ido a misa, para imaginárselo de Niño Dios en cualquier Nacimiento navideño. De aquella época recuerdo las fiestas en que bailábamos igual, las chicas diciéndonos están locos, bailan como pulpos, los regresos de medianoche a casa, caminando abrazados, borrachos, cantando a dúo I wanna rock, cállense mierda desde una ventana, y I wanna rock más fuerte, conteniendo la risa, hasta que llegábamos hasta la puerta de su casa y subíamos callados, shhhhh, vamos despacio, duerme allí, mi mamá te ha preparado esa cama; y los comentarios obligatorios después de cada fiesta y antes de dormir, creo que le gustas a Flavia, y yo que tengo una leve esperanza que necesita un espaldarazo, ¿tú crees?, y el espaldarazo no tarda, en serio, cuando la sacaste a bailar se puso roja y sus amigas sonrieron, y entonces yo también sonrío como ellas y cierro los ojos contento, porque la vida no puede ser mejor. Hasta que minutos después siento a la mamá de Nando entrar despacito al cuarto, pensando estos muchachos, caramba; arropa a su hijo consentido y luego me arropa a mí. Ya casi dormido escucho la voz de Nando decirme que lo mantenga informado, que le escriba a Piura sobre mi asunto con Flavia. Mira, ya llegamos a Huarmey. Parada a medio camino. ¿El Loco Cienfuegos? Te ha impactado el personaje, ¿verdad? Espera, te invito una cerveza y prosigo con eso. Qué bueno es desaplastar el culo, estirar las piernas, bajarse de este horno. ¿Vas al baño? Yo pido por ti. Dos cervezas, por favor. Qué, ¿tan rápido? Ojalá que el mozo sea tan rápido sirviendo como tú orinando. Mira este sitio. Siempre me he preguntado quién dicta la moda en estos restaurantes de camino, todos son iguales de norte a sur, durante dos mil quinientos kilómetros se ven los mismos letreros con logotipo de gaseosa, las mismas mesas con fórmica caprichosa, las paredes con calendarios de cerveza, el mismo culo apuntando hacia agosto, el olor a fritura y este mozo que ahora va a decir que la cerveza está fresquita nomás. Son una cadena tácita de tambos, Mac Donalds criollos que merecen nuestro respeto así se llamen El rincón de Mechita. No importa hijo, destápala nomás. Más vale fresca que caliente. Salud.

El verano que Nando viajó a Piura para pasar las vacaciones en casa de su hermano, yo estrené enamorada; Flavia. Vivía en el centro de Trujillo, y yo la visitaba todas las noches, desde las siete hasta las diez. Su barrio era muy agradable. Habían otras chicas por las que también iban amigos míos, y todos formamos un grupo bestial que se divertía contando chistes y chismes sobre otros grupos y bromeando cuando alguna parejita se iba disimuladamente al edificio de la esquina, al zaguán semioscuro, para besarse a sus anchas. Después venían las preguntas de si le tocaste la teta, qué tal mete la lengua, ya le arrimaste el instrumento y otras preguntas curiosas que no hacían más que elevar las risas mientras el dichoso instrumento bajaba ruborizado. De vez en cuando esas risas se apagaban porque distinguíamos a algunos metros más abajo una silueta que se acercaba con las manos en los bolsillos, la cara mirando a la vereda y una aureola no sacra que nos hacía pegarnos a la pared con respeto mientras pasaba a nuestro lado. Era el Loco Cienfuegos, que vivía con sus padres en el edificio de la esquina. Nunca se metió con nosotros, nunca nos hizo la pregunta estúpida sobre la paternidad, parecía que conforme se acercaba a su casa su violencia iba aminorando metro a metro, paso a paso, pero el sonido de su cadena entrechocando sus eslabones en ese bolsillo nos decía cuidado, la fiera puede despertar en cualquier momento. Llegamos a acostumbrarnos a su aparición fantasmal e, incluso, nos aventuramos a saludarlo sin palabras, bajando la cabeza con reverencia, como si su andar se tratara de un cortejo fúnebre. Vamos, que el ómnibus nos deja. Ya sólo faltan cuatro horas, pero te prometo que mi historia se acaba en tres kilómetros. Oye, fuimos los últimos en subir. Abre un poquito la ventana, que se ventile ésto por un rato.
La noche de la que te voy a hablar tenía este mismo calor. Yo estaba sentado en las gradas de la casa de Flavia, esperando que llegara no sé de dónde. No había nadie en la calle, era como si todos se hubieran mudado sin avisarme, y en esa soledad me acordé de Nando y de qué mierda que soy, no le he contestado su carta, se debe estar preguntando si estoy finalmente con Flavia, y si es así, cómo fue, dónde fue, ¿no tendrá una amiga para mí?, cuenta pues primo, tú nunca me has fallado y yo no te voy a fallar Nando, por eso estoy en este ómnibus de mierda, hablándole huevadas a un muchacho que ni conozco, porque si no el viaje se me haría interminable, insoportable, por culpa de ese desgraciado y de esta huelga. Cálmate, hombre.
No hijo, no me pasa nada, es que estoy ordenando mis recuerdos. Como te decía, hacía un calor como éste a pesar de que era de noche. Yo estaba solo en medio de la calle, pensando tonterías y tarareando canciones, cuando el cortejo fúnebre se sentó a mi lado. Tú estás con Flavia, ¿no? Mi sí fue bastante tímido. Rica chiquilla, buenas yucas. ¿Ya le has tocado la papita? En eso estoy, contesté nervioso, pues no lo había hecho ni lo había pensado hacer. Soltó una carcajada inhumana parecida al grito previo a su tacle mortal y eso me erizó la piel; ya creía que me iba a atenazar bajo el brazo para toda la eternidad, pero no, era un abrazo amistoso el que me estaba dando, me decía no te quedes aquí solo, ven a mi casa para hacer tiempo. Tengo una música buenaza que te va a gustar. La voz le salió tan amistosa como su abrazo. Ser invitado por el Loco Cienfuegos era un privilegio, convertirme en su amigo me rodearía de un prestigio importante para alguien de catorce años y un físico incapaz de dar pelea. Recordé el episodio del año anterior, cuando yo y mi brazo escayolado rodamos por el suelo porque no tenía instancia a la cual acudir, rememoré el miedo que todos sin excepción le tenían y hasta me proyecté al futuro con ese guardaespaldas cuidando mis pasos, querido Nando: a que no sabes amigo de quién me he hecho, ya no nos van a buscar bronca porque tenemos el respaldo del Loco Cienfuegos que me ha invitado a su casa para escuchar música, es buena gente después de todo, ya te lo voy a presentar cuando regreses.
Fuimos hasta el edificio de la esquina y subimos por la escalera hasta el tercer piso. En un descanso nos encontramos con sus padres, que se estaban yendo a una comida. Mamá, papá, un amigo (sí, me nombró su amigo), encantado hijito. Agustín, llegaremos a las once, prepara algo para ti y tu amigo (confirmación de que ya era su amigo), y beso para mamá y papá. Increíble, el Loco Cienfuegos despidiéndose de su papá con beso, besando la mejilla de un hombre, pero con mucho respeto, eso sí. Al presenciar eso yo no sólo era amigo, era íntimo de la familia.

Su dormitorio me sorprendió por lo sencillo que era. Yo imaginé algo más acorde con su temperamento, afiches de músicos en ritos satánicos o, por lo menos, alguna mujer desnuda en veinte uñas. Pero no. Lo único desnudo eran las paredes y, sorpresa, el Cristo en el crucifijo sobre su cama. ¿Puede una bestia que raja cabezas tener un crucifijo sobre la suya?. La incongruencia era atmosférica, se respiraba en cada detalle. Sólo faltaba encontrar un cancionero cristiano junto a una guitarra con la calcomanía de Sonríe, Jesús te ama.
En vez del cancionero encontré un Satélite, el vespertino que fue bautizado así porque salió a la venta días antes de que el Apolo XI alunizara. A propósito, ¿sigue publicándose el Satélite? ¿Ves? Hasta eso sigue igual.
La primera plana anunciaba que la Corriente del Niño vendría con fuerza ese verano, en Tumbes y Piura las inundaciones podrían ser catastróficas, pobre Nando, y que incluso la ciudad de Trujillo sufriría las consecuencias de unas lluvias para las que no estaba preparada. Yo tampoco estaba preparado para algo así, esa mano bajando despacio el cierre de mi pantalón y la imagen del Loco arrodillado ante mí, concentrado, sin decir palabra, aprovechando que yo estaba abstraído en la lectura. Qué pasa, dije pegando un brinco. Nada, sólo quiero darte una chupadita. Qué pesadilla más rara, despierta hombre, antes de que ésto pase a mayores. Mi mano baja a pelear con la suya, mis dedos tratan de subir el cierre, los suyos de bajarlo, qué pasa Agustín, no me gustan estas bromas. No es una broma, vas a ver que te va a gustar. Sólo una chupadita y te dejo ir. Mis dos manos agarran su antebrazo anchísimo, tratando de detener su mano desde la raíz, pero es inútil. Su otra mano ya está continuando lo que la anterior dejó de hacer. Pero Agustín, (la voz me tiembla) qué ganas con eso, ni siquiera se me va a parar.
Ya veremos si no se te va a parar. Su voz amistosa se transformó en lo que temía. Un rugido constante que llenaba la habitación, inundaba la casa, quién sabe si hasta el barrio, allá afuera, y con suerte vendría alguien en mi ayuda. Pero hasta entonces quizás ya sería demasiado tarde. Carajo, bramó, te vas a dejar o te saco la concha de tu madre. Pensé en mi madre, en Flavia, en Nando, en el tacle asesino y en la cadena sacándole más sangre al rostro del Tanque Patiño, en mi habitación compartida con mi hermano y en todo lo que daría por estar allí en ese momento, y no con ese loco de mierda, matón brutal, y encima maricón indecente, asolapado y, sobre todo, sorpresivo, porque cuando tienes catorce años y estudias en un colegio de curas de una ciudad tranquila no se te pasa por la cabeza ni en un millón de años que el héroe de las broncas, la bestia de los recreos, el terror de los militares, es un chupapenes y quién sabe qué más.
Ya, déjate mierda, sonó un trueno en plena costa peruana. Y seguí pensando en que Flavia ya debía estar afuera, preguntándose dónde me había metido, mientras yo dudaba si valía la pena saltar los tres pisos que separaban a aquella ventana de la calle, con tal de escapar de esa fiera que me tenía acorralada; y esa maceta que está allí, ¿lo podrá noquear si se la tiro en la cabeza?, ayúdame Dios mío, tú no estás en ese crucifijo por casualidad, te prometo no tocarle los senos a mi enamorada, ni masturbarme pensando en ella, por favor, por favor, por favor. Mis lágrimas comenzaron a desbordarse haciendo que mis palabras fueran más conmovedoras. Por favor, Agustín, déjame salir, yo solo quiero ser tu amigo. Yo siempre te he admirado, te he respetado, no quiero cambiar esa imagen que tengo de ti. Parece que llegar a su ego con lágrimas en los ojos fue el camino correcto. Soltó una carcajada, soltó mi brazo, y soltó lo de está bien, te has cagado de miedo, ¿no es cierto?, otra risa feroz, has estado estudiando las salidas, has estado viendo qué tirarme en la cara, ¿no es verdad?, otra risa, eres el primero que voy a dejar ir, pero si le cuentas esto a alguien, te voy a matar. Tú sabes que a mí me llaman El Loco, y no me dicen Loco por las huevas. Ahora lárgate, y bésale la papita a Flavia de mi parte. Bajé las escaleras sintiendo náuseas, tragándome los escalones de tres en tres y no paré hasta tomar un taxi que me llevó a mi casa. Te has quedado mudo.
Nando también se quedó pasmado cuando se lo conté luego de salvarlo.

Habían pasado tres meses desde aquella noche perturbadora, y Nando ya había regresado de Piura. Yo ya no estaba con Flavia, pero daba vueltas por su casa por pura casualidad, porque en realidad seguía enamorado de ella. Iba solo, porque no hay mejor forma de sufrir que estando solo. Te sientes la última escoria de la Vía Láctea y eso le da sentido a tu vida, pues al menos destacas en algo. A lo lejos, a cincuenta metros luz de la casa de Flavia, diviso a Nando, el cordero, el Niño Dios, la presa fácil, tomando cerveza con el depredador en la esquina del edificio. Lo está abrazando, le está dando palmaditas, le toca los rizos de su cabello mientras, seguramente, su pene se yergue homoeróticamente.
Piensa rápido, piensa rápido, porque de ésta Nando sí que no se salva. Es demasiado hermoso y debe estar demasiado borracho como para que el Loco lo deje escapar. Aprieto el paso, porque el Loco y él ya se están metiendo al edificio, el viejo truco de vamos a escuchar música, sin duda alguna.
Entonces corro gritando Nando, Nando, te he estado buscando por todas partes. El Loco voltea a decirme con los ojos qué haces acá so reconchadetumadre. Es tu mamá, Nando, es tu mamá. Ha tenido un accidente, vamos a tu casa, rápido, vamos.
Mi mensaje golpea a mi amigo y evapora el alcohol de su sangre, porque al instante reacciona y sale corriendo. Los dos escuchamos la voz del Loco gritando después te busco Nando, y sólo yo escucho su pensamiento me cagaste el plan, mocoso de mierda.
Una vez en el taxi, tranquilizo a Nando diciéndole que todo es mentira, y detengo la mandada a la mierda que me va a lanzar contándole lo que ya sabes. Se quedó mudo. Como tú. Y ahora se quedará sin hablar para siempre, porque agoniza. Esa esquina maldita, esa vereda trágica, ese edificio de mierda, esta vez ni yo ni nadie lo va a salvar del loco ese.
Cienfuegos lo asaltó en ese mismo lugar, tanto tiempo ya, y ni eso ha cambiado. Esta vez no se la quiso chupar, lo interceptó con una pistola en la mano y le dijo dame plata pa’ fumar. Estaba drogado, con la cabeza hecha humo, según me contó el hermano de Nando hoy por teléfono. Y Nando, el pobre Nando, lo quiso disuadir según su estilo, le predicó la palabra de Dios seguramente, le dijo que las drogas no son el camino, piensa, qué ejemplo van a seguir tus hijos si te ven así, Agustín, por favor. Y en esa calle no hubo ventanas para escapar, ni macetas que arrojar, ni lágrimas que derramar, porque Nando nunca lloraba, sólo atinó a mostrar su billetera casi vacía para convencerlo de que de él no iba a conseguir dinero para seguir drogándose. Y puedo ver la cara del Loco Cienfuegos llenándose de furia porque este huevón no se me va a escapar por segunda vez, mi reputación no se va a ir a la mierda tan fácilmente, no te voy a cachar, pero sí te voy a matar en nombre del padre, y del hijo y del espíritu drogado. Una trinidad de balazos que dejaron a mi Nando tendido, desangrándose en esa esquina como un perro, indefenso, mi Nando de toda la vida, mientras el conchadesumadre se ríe en la cárcel, risa de hiena, porque sabe que seguramente lo van a perdonar argumentando transtorno mental.
Hijo de puta. Si pudiera lo mataría yo mismo. Te has quedado helado. Disculpa que me haya exaltado, pero no puedo creer que ésto esté pasando, que dentro de tres horas tenga que entrar corriendo a un hospital para no saber qué decir, para no saber cómo llorar, para no saber cómo explicar todo este absurdo. El absurdo de que en una ciudad tan pacífica como Trujillo hayan matado a un tipo tan pacífico como él. Debe ser porque la muerte no sabe de estadísticas. Si te toca desaparecer hoy, no existe nada que lo impida; si está escrito que te caerá un piano mientras caminas por el desierto no faltará un avión carguero al que se le abrirá accidentalmente una compuerta a la altura y la velocidad adecuada, por más que sobren millones de kilómetros cuadrados alrededor de tu cuerpo aplastado, tal como no faltó un Loco Cienfuegos a la hora precisa, en la esquina indicada, con la pistola correcta y el cerebro dañado como tenía que ser.
Sí pues. Nando y el Loco Cienfuegos se iban a encontrar inexorablemente para terminar de esa forma, así Trujillo tuviera la población más tranquila del Perú, gente que se saluda en las calles con cariño, niños que juegan sin miedo hasta muy tarde en los parques, muchachos bien criados a la antigua... Bueno tú lo sabes mejor que yo, porque eres trujillano. A ti también te criaron allí, ¿verdad?. En fin.
A propósito, ¿cómo se llama tu papá?