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martes, 30 de diciembre de 2014

PAOLO DE LIMA y sus poemas

Poeta Paolo de Lima

(Lima, Perú, 1971). Doctor en literatura por la Universidad de Ottawa (Canadá). El 2005 obtuvo el primer premio de ensayo de la Asociación Canadiense de Hispanistas. Es autor de los poemarios Cansancio (1995), Mundo arcano (2002) y Silenciosa algarabía (2009), reunidos en Al vaivén fluctuante del verso (2012). Sus poemas han sido incluidos en diferentes antologías: Posdata. Tierras más verdes. Poesía peruana (Monterrey, 2011), Borealis. Antología literaria de El Dorado (Ottawa, 2011), Caudal de piedra: Veinte poetas peruanos (México, 2005), La alineación de los planetas. Siete poetas peruanos en Boston (más dos cometas itinerantes) (Cambridge, 2005), Boreal. Antología de poesía latinoamericana en Canadá (Ottawa, 2002), entre otros.


COMO UN HALO DE LUZ BAJO LAS AGUAS

El corazón del espejo es tan limpio como su memoria
y su terror es el silencio en medio del taladro
golpeando las columnas de luz que emergen con el día y se
esfuman
como una vaga inquietud refugiada en una esquina que danza
susurro que impregna el gemido
y la telaraña recorriendo los vasos sanguíneos para atrapar
el frágil aliento de la humanidad y devorarlo
El espejo que no conecta tu rostro con su carne viva y sus músculos
también amontonados los días, al pescar del río—
tachando frases para desollar la búsqueda
el niño del ahora es la letra, espuma y arena
intentándose.
Absurdo este no querer, si no tienes espejo no golpees las columnas,
No destroces los pastos ni las nieves si no caminas
trizada lengua de sangre adormilada.
Ahora anuncia el cuerpo tenso como un halo de luz bajo las aguas
el cuerpo y su corazón de tormentas, músculos de hojalata.
¿Quién cuenta las horas alrededor de una vieja esquina
en las mañanas que bailan? Caros mensajes, sinfín de juegos
en una riña que sutura; el espejo tiene de la ausencia su sombra.
Objeto del mañana, pequeña certidumbre de carne viva.
 

LEONCIO BUENO y sus poemas

Poeta Leoncio Bueno

Nació en la Hacienda La Constancia, en el distrito de Chocope. La libertad, en 1921.Trabajó en los cañaverales de la Hacienda Facalá, donde tuvo como maestros a activistas anarcosindicalistas. A los 19 años trabajó en Lima como obrero de construcción. En 1943 publicó sus primeros poemas en la revista Hora del hombre. En 1944 lideró la creación del Grupo Obrero Marxista, junto con Félix Zevallos y los poetas Emilio Adolfo Westphalen y Rafael Méndez Dórich. En 1956 fue cofundador del grupo de escritores Primero de Mayo. Su primer poemario fue Al pie del yunque, seguido por Pastor de truenos, Invasión poderosa, Rebuzno propio y La guerra de los runas. Ha obtenido menciones honrosas en el Premio Nacional de Poesía (1973) y Casa de las Américas (1975). Tiene varios títulos inéditos.

UN VIEJO FAUNO SE DESNUDA

Ya casi piso el medio ciento,
a los gerentes no les gusta mi edad
y es tiempo de buscar otra chamba,
pronto me echarán a la calle los cacharros del «Túngar».
¿A dónde ir a parar?
¿Quién va a emplear a un tío cincuentón?

Ebra soñaba con una cigarrería,
donde acudieran prostitutas
a arreglarse el pelo ante un espejo;
el viejo Faulkner, con emplearse en un lupanar;
¿Qué mejor ocupación para un viejo anarquista?
Por favor, señoras prostitutas,
honorables cabronas,
tengan la bondad de atender este aviso importante:

«Hombre cincuentón de aire azambado,
curtido en actividades subversivas,
condenado a largos años de presidio,
sabedor de las mañas del hampa y de la poli,
ex soldado de caballería,
diestro en el manejo del arma blanca
y toda clase de armas de fuego,
sabe preparar bombas caseras de gran poder,
beber sin emborracharse,
amanecerse de claro en claro cumpliendo una consigna
o, cabalgando sin bajarse, toda una noche sobre el níspero;
poeta brevetado con libros publicados,
chofer lechucero sin ninguna papeleta, etc., etc.;
ofrece sus servicios sin pretensiones a burdel
o casa de citas de Lima o del extranjero.


REBUZNO PROPIO


Escribo, canto,clamo y proclamo,
pero aún no suena
mi escuálido quirquincho.

Siembro, podo, barbecho, Siembro,
vuelvo a podar, barbecho
sin descanso, mas no veo
crecer mi verdolaga.

Ando, camino, sudo
la gota gorda hollando
inhóspitos senderos
y siempre estoy reptando a tientas
lejos de mi propio recoveco.

¿Hasta cuándo,
no voy a articularme
mi rebuzno propio?

Hiervo, cocino, aderezo; sirvo
y a la postre cuaja, pero no cuaja
mi propia salsa.

Tiempo ha que machaco y le doy de alma
a esta mollera dura
por saborear deveras mi sandía.

MARCELA ROBLES y sus poemas

Poeta Marcela Robles

  (Lima, Perú). Es poeta y periodista. Estudió Literatura en la University of Texas at Austin y Cinematografía en el taller de Armando Robles Godoy. Es editora de “Luces” del diario El Comercio, donde publica semanalmente la columna “Hable con ella”. Ha publicado nueve poemarios y ha escrito y puesto en escena cinco obras de teatro. Entre sus títulos figuran Altamar (1999), Polvo de ángel (2000), Furyo (2003), HighWay (2007) y Hotel Planeta (2010). En el 2004, la editorial Norma publicó Sonríe mientras mueres, una selección de sus crónicas periodísticas y algunos cuentos.

AL PIE DE LA LETRA
Se encienden y se apagan a su antojo haciendo de mí
lo que apetecen
Sigo su curso reclinada a sus pies
Me dictan un idioma que jamás compre
Árbol de la lengua
Criatura
Estas en mi porque te acoso hasta encor
Y me mata saber que esta noche no vei
Sueño con el sueño de verte aparecer desprovista de hojas
Y me cuesta la vida.

HOTEL DEL SUR
Sabe que todo está cerrado en la ciudad
                   Incluidos nosocomios y la morgue
Pero él le asegura que es el fin del dolor

                   —Manifiesta su deseo de no verla sufrir

Cuando vuelve a su casa se siente aliviada
Ha reservado habitación en un Hotel del Sur
Su relación con el agua le hace pensar en sus ancestros
Cetáceos de largos cuerpos desembarcados en la orilla por error
Tiene libros estacionados en su mesa de noche
         Como deudas pendientes

A veces los ordena por tamaño por color o como prendas
Que pueden guiarla en medio de la noche

Toma uno de los libros el de color cereza y lee la portada:

                            Sed Adentro.

NORA ALARCÓN y sus poemas

Poeta Nora Alarcón

  (Lima, Perú). Es poeta y periodista. Estudió Literatura en la University of Texas at Austin y Cinematografía en el taller de Armando Robles Godoy. Es editora de “Luces” del diario El Comercio, donde publica semanalmente la columna “Hable con ella”. Ha publicado nueve poemarios y ha escrito y puesto en escena cinco obras de teatro. Entre sus títulos figuran Altamar (1999), Polvo de ángel (2000), Furyo (2003), HighWay (2007) y Hotel Planeta (2010). En el 2004, la editorial Norma publicó Sonríe mientras mueres, una selección de sus crónicas periodísticas y algunos cuentos.

CANTO

Soy el canto floreciendo
En el corazón de una guitarra,
Alguien que canta contra la muerte de un idioma.
Fui semilla quechua plantada en la tierra,
Libremente junto al arroyo del deshielo,
En un campo de colores
Solía correr noche tras noche
Persiguiendo luciérnagas.
En los pantanos de la tristeza
Encontré un poeta,
Cantando poemas de su pueblo.
Él hubiera querido ser trueno o rayo.
Luego encontré también
Hermanos aimaras y ashánincas,
Queriendo salvar sus idiomas maternos de la extinción
A través de sus poesías.

Soy el canto a quien el tiempo le dio alas,
Toda mi vida he caminado
Detrás del silencio,
Y de las bulliciosas palabras.
En mi lengua desesperada
Caminante y sin equipaje,
Sólo para dejarte la huella de una estrella
En tu corazón de águila.


NUESTRA POESÍA

Cuánto sufrimiento nos trajo
El habernos vuelto parias de pronto.

Quienes nos escuchan por favor oigan nuestros quejidos
Aun cuando el ventarrón nos torne mudos.
Por tanto tiempo permanecimos callados a la mirada de todos los pueblos.

Las canciones que sueles cantar poeta
Están viajando por el cenit del viento turbulento,
Muy por encima de la miseria
Sensible al dolor de aquellos que no pueden expresarse.

Por eso ellos
Esperan con ansiedad la revolución completa de los sueños

Con la poesía de mi pueblo.

CAROLINA O. FERNÁNDEZ y su poema "Yo tenía ganas de hablar"

Yo no tenía ganas de hablar, sólo mirar en la penumbra
tu sombra,

sombra llevaba añil amarillo en los cabellos,
benevolente fuego de
altazor.

Yo no tenía ganas de hablar del mal y el bien en altamar
sino sorber el aroma de hiperión,
tu querías negar,
mar,
mis sandalias, mi estupor por la imagen
sangrante en la batalla: dieciseis estudiantes y
periodistas muertos.
¿Escuchas?
Yo no tenía ganas de hablar de los vientos aluvionales,
de la guerra, sólo quería sentir el sabor de los
viejos muelles, el humor soleado
del alelí.

VÍCTOR CORAL y sus poemas

Poeta Víctor Coral

(Lima, Perú, 1968). Estudió Ciencias Administrativas y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1998 fundó la revista literaria Ajos & Zafiros. Ha publicado los poemarios Luz de limbo (2001), Cielo estrellado (2004), Poseía (2005) Parabellum (2008) y las novelas Rito de paso (2006) y Migraciones (2009). Ha realizado crítica literaria y periodismo cultural en los diarios La República y El Comercio. Poemas, artículos y ensayos suyos han aparecido en Letras Libres, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Hueso Húmero, entre otros. Ha dictado el taller Redacción Periodística para la Academia Peruana de la Lengua y para el Centro Cultural de España en Lima. Tiene inéditos el poemario TVPR y una novela aún sin título.



LEJOS DEL CLARO/ Arte poética

En el claro del bosque
El viento pasa suavemente entre las ramas.
Nadie dice nada, nadie atiende a su sonido vegetal,
A su cola verde-amarilla de amaranto y nogal.
Es el viento en el bosque, la alegría
De un cielo y nada más.
Lejos del claro
Mis ojos son limpios a pesar de todo,
Las visiones circulan por mi cabeza fluidamente
Filudamente; y puedo ver, antes del ocaso,
Cómo la soledad revienta en la lejanía
Y amenaza con cubrirlo todo.
La roca partida por donde surgen las aguas,
Las aguas brillantes que corren colina abajo,
Se empozan y vuelven a salir hasta llegar aquí,
Mis pies mojados por las aguas como dos piedras más;
Eso es todo lo que siento. Eso es todo lo que tengo.
Lejos estoy del claro, del cielo y aún de mis ojos,
Lejos del sentido que rompe, vuela o trasciende.
Aquí, en el sociego que otorgan las sombras,
Me engaño con la palabra lúcida
mente y ejerzo mi oficio-ofidio hasta morir.
Que a nadie se culpe de esto:
Yo solo quise el reino de una imagen
Y cedí al encanto de una trampa cualquiera

lunes, 29 de diciembre de 2014

RAÚL HERAUD y sus poemas.

Poeta Raúl Heraud

(Lima, Perú, 1970). Licenciado en Psicología. Realizó estudios de especialidad en Psicología Social en Alicante, España. Es autor de los poemarios Hecho de barro (2001), Respuesta para tres o cuatro (2002), El arte de la destrucción (Premio Hermandad Latinoamericana, 2006), Teatro de la crueldad (2008), Orange ode (2009), La flor de la locura (2011), Restos (2011) y La piedra elemental, (2012). Ha publicado también la Antología de la nueva poesía cubana 1970 -2010 (2010), Rito Verbal. Muestra de poesía peruana 2000-2010 (2011) y Me Usa. Breve Antología Arbitraria Perú-Uruguay (2012). Ha sido traducido al catalán, árabe, italiano y portugués.

 VORTICE

La muerte nace de la vida misma, del bostezo divino,
de la vorágine del mundo,
del embutido de santos e iglesias de este planeta,
nace del terror a la página en blanco,
de la penúltima carta de la baraja,
de la unión de tu sexo con el mío,
de la víspera del lunes,
la muerte nace también
del vacío colectivo,
de rémoras narcisistas
y de mentes obtusas…
la muerte no es el descanso eterno
es el sello de entrada al gran circo humano.


GOOD BYE BLUE SKY
No hablo con nadie
huyo el resto del día
de los fantasmas y el alcohol,
ya no fumo el alquitrán
que retuerce mis sueños,
de vez en cuando leo a
Maiacovscki
y me seduce la idea del suicidio.
Este cerebro es mi laberinto
telaraña enfermiza de la que escapo
a diario
a veces olvido que clase de ser humano soy
vivo en el manicomio de los cuerdos
voy a terapia de tres a cinco
tengo amigos locos adictos y maníacos
que evito para olvidarme de las clínicas psiquiátricas
los dolores
las pastillas y sus efectos colaterales
ellos vienen a mí cada vez más deteriorados
sicóticos
inentendibles
me hablan de Dios y de Louis Armstrong
por las mañanas volvemos cada uno
a nuestras extrañas y miserables vidas
mucho más locos y maníacos
héroes anónimos
en esta guerra contra la depresión.

CECILIA IZQUIERDO RÍOS y su poema "Retorno"

Debemos volver
 
llevando alegría
 
brindando amor
 
y sonriendo
 
saludar
 
a la yerba
 
desde el borde
 
de la risa y el llanto
 
afirmar
 
ante el río enfurecido
 
que hoy la luz ha recuperado
 
su antigua comarca
 
templo de amor redimido
 
en la mágica poesía.


JORGE PIMENTEL y su poema "Balada para un caballo"

Jorge Pimentel

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente  caminan.

Por esencia me siento un completo animal, un caballo  salvaje

que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando

muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra

                                                            el cemento de las calles.

Troto y todo el mundo trata de cercarme, me lanzan

                                                      piedras y me lanzan sogas

por el cuello, sogas por las patas me tienden toda clase

                                                       de trampas en un laberinto

endemoniado donde los hombres arman expediciones

                                                               para darme caza

armados con perros policías y con linternas y cuando  esto sucede

mis venas se hinchan y parto a la carrera a una velocidad

                                                                      jamás igualada

por los hombres; vuelo en el viento y vuelo en el polvo.

                               Visiones maravillosas

aparecen ente mis ojos.  Y vuelo y vuelo.  Mis extremidades delanteras

ejercen presión sobre las traseras y paralelamente a un   mismo ritmo

antes de asentarse en el polvo retumban en la tierra. 

                                                       Relincho.  Y mi cuerpo

va tomando una hermosísima elasticidad, me crecen

                                                               pelos en el pecho

y es un pasto rumoroso el que se ondea y es una música

                               y es un torbellino

de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo.

                               Atrás van quedando

millares de kilómetros y sigo libre.  Libre en estos

                               bosques dormidos

que despierto con el sonido de mis cascos.  Piso la mala  yerba

y riego mis orines calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.



Descanso a mis anchas, bebo el agua de los rios, muerdo

                                                 yerba tallos, rumio.

Mis mandíbulas se ejercitan.  Muevo mi larga cola espantando

                                                       a los mosquitos.

Los guardacaballos vigilan desde la copa de los árboles.

                                                       Caen las hojas secas.

Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la   vida.

En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango

                               todo lo invade.

Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los

                               cerros que me resguarden

de las tormentas.  Yo observo la lluvia desde mi cueva.

                               Cae la lluvia

y todo lo moja. Con este tiempo suelo galopar poco

                               cuidándome

de algún desgarramiento.  Muchas veces me siento solo

                               y llego hasta

los helechos de los ríos para pensar muy dulce en ti

                               muy triste en ti

y voy galopando bordeando el río añorando alguna

                               yegua que llegó

a correr en pareja conmigo.  A veces los niños que vagan

                                sueltos por las campiñas

mientras sus padres realizan tareas de recolección o

                               labranza me montan a pelo

y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,

                               aumentándolos.

De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.  En el verano el

                               sol se pone rojo

y se hace presente con su alegría y los habitantes de

                               los bosques y campos

suelen saludarme con el sombrero o con la mano.  Yo les

                               contesto con un relincho

parándome en dos patas.  Y con la luz solar que todo lo

                               invade suelo dar galopes

hacia la vida.  Allí

donde mi presencia es esperada me hago realidad.  Allí

donde ni un sueño se revela me hago realidad.  Me hago

                               realidad

esos ojos que están cansados de ver las mismas cosas.

                               Y es en verano

cuando la vida se enciende y mis cascos recogen la hermosura

                               de la tarde

y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones de mar

                               de cielo de tierra.

Mi figura domina la naturaleza.

Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.

Cae la noche.

Mi sombra se recobra.

Las ramas crujen.

Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.

Cae la noche en estos bosques.  Pareciera que la piedra

                               se difunde con la noche

se propaga se manifiesta.  Y toda la noche he ido creciendo.

                               Y crecía y crecía.

aún más aún más ¿Hasta dónde crecerás?  No tienes miedo.

                               No, contesté.

Soy libre.

El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.

Por esta época del año suelen cruzar manadas de caballos

                               ahuyentados

y en busca de nuevos campos.  Recuerdo que logré darles  alcance

y me contaron que lograron salvarse de una cacería

                                                        emprendida contra ellos

para mandarlos a vivir a un potrero y luego de ser sometidos

                                                               al cubo de agua

y a la alfalfa son obligados en los hipódromos a correr

                                                          distancias de 1,000,

2,500, 5,000 mts. y no eres libre de correr sino que te  dopan

te colocan descargas eléctricas, te manosean, te latigan

                                                                  con una fusta



despellejándote.  Y así durante un buen tiempo mientras

                                                             ves acumuladas

alforjas de oro y plata.  Hasta que llega el momento de ser

                                                                            sometido

a la reproducción arrinconándote a una yegua a la vista

                                                                     y paciencia de todos

sin intimidad en una mañana de tinieblas y poca luz y

                                                              luego te separarán

de tu yegua y potranco y pasarás tus años inmisericorde

                                                                 como padrillo viejo

y cuando manques te dispararán un balazo en la sien.

Ya había galopado un buen trecho con la manada

                                                           que huía despavorida

y me dijeron que probablemente para el invierno  pasarían por aquí

para ir más al norte.  Y se alejaron a la carrera.

Yo sabía lo que le sucede a un caballo en la ciudad.

                                                          Y por ello me mantengo

alejado de ella.  Pero a veces me interno y sucede lo que

                                                               tiene que suceder.

Pero si yo me rebelo y persisto y amo terriblemente mis

                                                                        posibilidades

de realizarme en un medio donde la civilización se mata

                               y permanecen

odios prefiero ser caballo.  Mojaré

la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas

                                                   ganas inmensas de vivir

y me uniré a las manadas para galopar hacia la vida

                                                               para mantenernos

unidos y vencer para no estar solos para volvernos verdes-azules

amarillos-anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco

y el campo sin límites.

Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán  de mí

y de mi yegua  y de mi potranco.