martes, 2 de diciembre de 2014

MIGUEL HERNÁNDEZ y el poema "A mi hijo"

A MI HIJO

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío
alejándose a ciertas regiones matutinas.

Hoy, que es un día como bajo la tierra, oscuro,
como bajo la tierra, lluvioso, despoblado,
con la humedad sin sol de mi cuerpo futuro,
como bajo la tierra quiero haberte enterrado.

Desde que tú eres muerto no alientan las mañanas,
al fuego arrebatadas de tus ojos solares:
precipitado octubre contra nuestras ventanas,
diste paso al otoño y anocheció los mares.

Te ha devorado el sol, rival único y hondo
y la remota sombra que te lanzó encendido;
te empuja luz abajo llevándote hasta el fondo,
tragándote; y es como si no hubieras nacido.

Diez meses en la luz, redondeando el cielo,
sol muerto, anochecido, sepultado, eclipsado.
Sin pasar por el día se marchitó tu pelo;
atardeció tu carne con el alba en un lado.

El pájaro pregunta por ti, cuerpo al oriente,
carne naciente al alba y al júbilo precisa;
niño que sólo supo reir, tan largamente,
que sólo ciertas flores mueren con tu sonrisa.

Ausente, ausente, ausente como la golondrina,
ave estival que esquiva vivir al pie del hielo:
golondrina que a poco de abrir la pluma fina,
naufraga en las tijeras enemigas del vuelo.

Flor que no fue capaz de endurecer los dientes,
de llegar al más leve signo de la fiereza.
Vida como una hoja de labios incipientes,
hoja que se desliza cuando a sonar empieza.

Los consejos del mar de nada te han valido...
Vengo de dar a un tierno sol una puñalada,
de enterrar un pedazo de pan en el olvido,
de echar sobre unos ojos un puñado de nada.

Verde, rojo, moreno: verde, azul y dorado;
los latentes colores de la vida, los huertos,
el centro de las flores a tus pies destinado,
de oscuros negros tristes, de graves blancos yertos.

Mujer arrinconada: mira que ya es de día.
(¡Ay, ojos sin poniente por siempre en la alborada!)
Pero en tu vientre, pero en tus ojos, mujer mía,
la noche continúa cayendo desolada.

MIGUEL HERNÁNDEZ y su poema "Canción del esposo soldado"

CANCIÓN DEL ESPOSO SOLDADO

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos. 



TERUEL

Líster, la vida, la cantera, el frío:
tú, la vida, tus fuerzas como llamas,
Teruel como un cadáver sobre un río.

La efusión de las piedras y las ramas,
la vida derramando un vino rudo
cerca de aquel cadáver con escamas.

Aquel cadáver defendió su escudo,
su muladar, su herrumbre, su leyenda:
pero la vida prevalece y pudo.

Por mucho que un cadáver se defienda,
la muerte está sitiada, acorralada,
cercada por la vida más tremenda.

Ni con la condición de la nevada
el círculo de hogueras se deshace,
se rompe el cerco de la llamarada.

No hay quien lo enfríe, quien lo despedace.
Retrocede la helada en las orejas
de este fuego vital que sopla y hace.

Contra la muerte, contra sus ovejas,
quemando de bravura el armamento,
disparas las pasiones y las cejas.

Líster, la vida, piedra del portento,
necesita una forma victoriosa,
y habrás de trabajarla con tu aliento.

Cantero de la piedra en cada cosa,
exiges la materia de tu hispano
granito, que es la piedra más hermosa.

En el granito se probó tu mano,
como en la harina, el yeso y la madera
se prueba tanto puño de artesano.

Eso es hacer la mano duradera,
y eso es vivir a prueba de peñones,
y eso es ahondar la sangre y la cantera.

Sobre el cadáver de Teruel te impones,
y el alma en los disparos se te escapa
frente a la nieve y a sus municiones.

Impulsos con el aire de tu capa
das a tu potro, puesto en cada instante
a recobrar las pérdidas del mapa.

Yo me encontré con este comandante,
bajo la luz de los dinamiteros,
en el camino de Teruel, delante.

Han cogido a la muerte los canteros
la primera ciudad, y en esta historia
se han derramado varios compañeros.

En su sangre se envuelva la victoria.

MIGUEL HERNÁNDEZ y el poema "El niño yuntero"

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombre jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

SONATINA, poema de Rubén Dario

SONATINA

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(La princesa está pálida. La princesa está triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-«Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

lunes, 1 de diciembre de 2014

CHAVO DEL OCHO, el personaje cómico más famoso de todos los tiempos.


El Chavo del Ocho es una serie humorística muy famosa de la televisión de México.  Roberto Gómez Bolaños es un actor que creó y protagonizó a este personaje cómico. El 20 de junio de 1971 transmitió por primera vez el Chavo del Ocho en el Canal TV 8 de México. 
El programa televisivo “El Chavo del 8” lo han visto varias generaciones y ha gustado  no solamente a los niños, sino también a las personas de todas las edades. El Chavo del 8   trata de la vida de las personas que viven en una  vecindad de un callejón pobre de la ciudad de México, donde un niño de ocho años (Chavo) nos hace reír mucho con sus travesuras. Otros personajes desfilan en la serie: Don Ramón, el señor Barriga, la Chilindrina, el profesor Jirafales, Kiko y doña Florinda. El Chavo del 8 ha dado la vuelta al mundo.

Lima, 1 de diciembre 2014.

FÁTIMA RODRÍGUEZ SERRA y su poema "Barranco"

Poeta Fátima Rodríguez


BARRANCO 

Como suponer que nunca volveré
que estando tan cerca te perderé
no más jugar en el Confraternidad
ni sentir la brisa de eternidad.

Aspirar el aire olor a océano
por calles recorridas de la mano
primeras lecciones de ser humano
evocar mi historia no es vano.

Sin árboles en Grau la avenida
frondas en Bolognesi concurrida
San Martín lleno de aves en vuelo
era como estar junto al cielo.

Desciendo la cuesta a Barranquito
mientras bajo tierra y piedras quito
junto al espigón revientan olas
nadar por horas en el mar, a solas.

Ambulo el gran puente de madera
hacia el sendero de escalera
cuanto silencio, sentía fresco, llovía
soplaba el viento, las hojas movía.
Fue constante en mi vida temprana
un mismo sonido cada mañana
un tranvía por sus vías lento marchaba
estremecía mi oír cuando silbaba.

Comenzó a aumentar la familia
las madres en atención en vigilia
muchos amigos, alegría y risa
el tiempo pasaba siempre de prisa.
Las fiestas en el parque en febrero
esos instantes del primer te quiero
los parajes donde me enamoré
mis lágrimas de amor cuando lloré.

Como aceptar la muerte impuesta
que tu vida emigró sin respuesta
nuestro Barranco tampoco es igual
qué pasó, quién cambio, ellos o yo, ¿cuál?.
No encuentro las flores que encantan
sólo cemento y postes se plantan
el malecón pleno de paz de amor
está sembrado de vidrios y clamor.

Parque Municipal, mustio distrito
lugar donde mi vida he escrito
caminar sus calles adoquinadas
patinar por las veredas mojadas.

Mis recuerdos vividos en Barranco
los momentos sentada en un banco
en Roque Sáenz Peña la alameda
palomas picoteando la vereda.

Vuelve a mi mente cada paisaje
para pintar no existe reglaje
sobre el cristal, en papel o tela
pincelaré con óleo, acuarela.

 Te insertaré muy cerca del margen
no importa en desorden que tarjen
intentaré restaurar tu imagen
para aumentar fuerzas, que no bajen.

 No quisiera pasar por tu morada
volvería sentirme enamorada
una ilusión mi memoria plasma
querría ver un espectro, un fantasma.

Soy forastera en mi ciudad natal
ni un amigable rostro, es fatal
se que ahí está, mora todavía
en algún lugar de esta larga vía.

En paralelo muros van creciendo
neos barranquitos siguen creciendo
mi abatido corazón latiendo
Fátima, poesía va escribiendo.


MARY SOTO y su poema "Orificio mi corazón todos los días"


Poeta Mary Soto


ORIFICIO MI CORAZÓN TODOS LOS DÍAS

¿Cuándo plegarás
tus alas
buitre de acero?

Sofocante
sigiloso fuego elevándose
hurgando
el afilado pico
en lo más profundo del
abismo de mis días

Huyo por los pasillos
él acecha sin descanso
no hay tregua para el viento
tardes de eucalipto
no hay pausa para
el río
sonora frescura de
sus aguas

Puntualmente todas las
noches llega/
desgarra mis ropas
hollín invadiendo mis
sábanas blancas/
afuera el aguacero cae fuerte
en el corral de los
animales/
ensangrentándolo todo
en sus uñas lleva
los retazos de mi piel
madeja soy debajo de las mantas
un pequeño ovillo
atascado desmenuzándose
disolviéndose asustado
me encuentra
esquivo la mirada
corto las venas
desdeño el sol incandescente
de todas las mañanas
prohíbo el mar que no
conozco

Sin pausa hiere
mis pulmones
una sola espada
y caen las estalactitas
remotas de mi infancia
la casa de azúcar y
brisa
que de segundo a
minuto con tanto
afán construyo.

No hay piedad por sus
altas montañas cristalinas/
fragantes antarupas
crecen en la entrada
madreselvas
grillos
pequeños grumos
de escarcha y
sentimientos

No hay piedad por el
polvo diminuto que
tiñe los peldaños
pomposas las
nubes en los
balcones
el dibujo de
mis zapatos en
el patio

Tanto que cuesta tejer
La trama del helado
juego de adoquines/
disciplinada la palabra/
precisos los gestos/
buenos actores
somos las víctimas
cada instante
cada fracción del espacio
construyendo el personaje
no ajado
no ajeno
al fino sendero ofrecido
a los pies
de quienes no los
habita el frío/
fuertes los huesos
valientes los poros
águilas volando la mirada
centellas bailan en la frente

Y luego de tanta ficción
agotada del levantado
telón
inútil tanta epopeya/
vuelve a reptar sin
despertar sospechas/
en la oscuridad de los
calmados/
con luna o con garúa
con ruido de pianola
o en el sencillo rugido
de la calle
abre sus fauces
desalmado
ya no hay mariposas
amarillas
ni pétalos adheridos a
los libros
sólo el hilo de sangre
corriendo entre mis
piernas/
aquella mugrosa
tarde

Orificio mi corazón
todos los días
despellejado se desangra


Hemos cercado
la ciudad
la gente nos mira
extrañada
algunos se alejan
asqueados
y repelidos
por nuestras ropas
otros nos miran espantados
desde lejos
una mujer me evade la mirada
cuando llegué a sus ojos
presentí el mismo frío de luna
que yo siento algunas noches
debajo del puente
allá en el río
entre el chillido de las ratas
pequeña prisa del agua
corriendo sucia
espesa sin detenerse
con su carga de basura humana
y animales muertos


Mariposa citadina
frágil
acaricia la niebla
entre el monóxido de carbono
 los pasos sedientos
de los tristes
sin trabajo
periódico bajo el brazo
asustados
allí ella
suavecita
espléndida
y débil
con el pavor y la impavidez
de la víctima
tercamente se acerca al fuego
luego del asalto
feroz de la llamarada
desafía en vuelo
el antiguo dibujo
de sus alas
nunca más
salvajemente perfecto