domingo, 30 de marzo de 2014

MARIO VARGAS LLOSA LEYÓ A VALLEJO

noticia principal
Mario Vargas Llosa leyendo a Vallejo
 

     El escritor Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, leyó el poema "Pedro Rojas"del poemario "España, aparta de mí este cáliz" del poeta universal César Vallejo.
     Nuestro Premio Nóbel inició  la gran Jornada de la  Poesía de Vallejo, que  se realizó el 26 de marzo en el Parque Salazar. Dicho evento literario  organizó la Municipalidad de Miraflores.
     También participaron el artista plástico Fernando Szyszlo quien leyó con suma emoción el poema "Considerando en frío, imparcialmente" de la obra póstuma "Poemas Humanos" de Vallejo. Se sumaron a la Jornada Poética, los escritores colombianos Héctor Abad y  Juan Gabriel Vásquez, entre otros.
 
                                                                    Rafael Alvarado Castillo
Lima, 29 de marzo de 2014


sábado, 29 de marzo de 2014

LA LOCA, Cuento de Guy de Maupassant

Verán, dijo el señor Mathieu d’Endolin, a mí las becadas1 me recuerdan una siniestra anécdota de la guerra. Ya conocen ustedes mi finca del barrio de Cormeil. Vivía allá en el momento de la llegada de los prusianos.
Tenía entonces de vecina a una especie de loca, cuya razón se había extraviado bajo los golpes de la desgracia. Antaño, a la edad de veinticinco años, perdió, en un sólo mes, a su padre, a su marido y a un hijo recién nacido. Cuando la muerte entra una vez en una casa, regresa a ella casi de inmediato, como si conociera la puerta.
La pobre joven, fulminada por la pena, cayó en cama, deliró durante seis semanas. Después, una especie de tranquila lasitud sucedió a la crisis violenta, y permaneció sin moverse, comiendo apenas, revolviendo solamente los ojos. Cada vez que intentaban levantarla, gritaba como si la matasen. La dejaron, pues, acostada, y tan solo la sacaban de entre las sábanas para los cuidados de su aseo y para darle la vuelta a los colchones.
Una anciana criada permanecía junto a ella, obligándola a beber de vez en cuando o a masticar un poco de carne fiambre. ¿Qué ocurría en aquella alma desesperada? Jamás se supo, pues no volvió a hablar. ¿Pensaba en sus muertos? ¿Desvariaba tristemente, sin un recuerdo concreto? ¿O bien su pensamiento aniquilado permanecía inmóvil como un agua estancada?
Durante quince años se quedó así, cerrada e inerte. Llegó la guerra; y, en los primeros días de diciembre, los prusianos entraron en Cormeil.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Caía una helada de esas que resquebrajan las piedras; yo mismo estaba tumbado en un sillón, inmovilizado por la gota, cuando oí el golpeteo pesado y acompasado de sus pasos. Desde mi ventana, los vi pasar. Era un desfile interminable, todos iguales, con esos movimientos de muñecos que les son peculiares. Después los jefes distribuyeron a sus hombres entre los habitantes. Me tocaron diecisiete. Mi vecina, la loca, tenía doce, entre ellos un comandante, un verdadero soldadote, violento y tosco.
Durante los primeros días todo transcurrió normalmente. Al oficial de al lado le habían dicho que la señora estaba enferma, y no se preocupó para nada. Pero pronto aquella mujer a la que nunca veía empezó a irritarlo. Se informó sobre su enfermedad; le respondieron que la anfitriona guardaba cama desde hacía quince años, a consecuencia de una pena muy honda. No lo creyó, sin duda, e imaginó que la pobre loca no se levantaba por orgullo, para no ver a los prusianos y no hablarles, para no rozarse con ellos.
Exigió que lo recibiera; lo llevaron a su habitación. Le pidió con un tono brusco:
-Zírvace uzted, ceñora, lefantarce y bajar, para que la feamoz.
Ella volvió hacia él sus ojos extraviados, sus ojos vacíos, y no respondió.
Él prosiguió:
-No toleraré maz inzolencias. Ci uzted no ce lefanta por laz buenaz, lla me laz arreglaré para que ce pacee zola.
Ella no hizo el menor gesto, siempre inmóvil, como si no lo hubiera visto.
Él rabiaba, tomando aquel silencio tranquilo por un signo de supremo desprecio. Y agregó:
-Ci no baja mañana...
Y después salió.
Al día siguiente, la anciana criada, aterrada, quiso vestirla; pero la loca empezó a chillar, debatiéndose. El oficial subió en seguida; y la sirvienta, arrojándose a sus pies, gritó:
-No quiere, señor, no quiere. Perdónela; es muy desdichada.
El soldado se quedó turbado, sin atreverse, a pesar de su cólera, a hacer que sus hombres la sacaran de la cama. Pero de pronto se echó a reír y dio unas órdenes en alemán.
Pronto se vio partir un destacamento que sostenía un colchón, como quien lleva a un herido. En aquella cama que nadie había deshecho, la loca, siempre silenciosa, permanecía tranquila, indiferente a los acontecimientos con tal de que la dejaran acostada. Detrás, un hombre llevaba un paquete de ropas femeninas.
Y el oficial pronunció, frotándose las manos:
-Lla veremoz ci puede o no festirce zola y dar un paceíto.
Luego se vio al cortejo alejarse en dirección al bosque de Imauville.
Dos horas después los soldados regresaron solos.
Nadie volvió a ver jamás a la loca. ¿Qué habían hecho con ella? ¿A dónde la habían llevado? Nunca se supo.
La nieve caía día y noche, sepultando la llanura y los bosques bajo un sudario de espuma helada. Los lobos venían a aullar hasta nuestras puertas. La idea de aquella mujer perdida me obsesionaba, e hice diversas gestiones con la autoridad prusiana, con el fin de conseguir información. A punto estuve de ser fusilado.
Volvió la primavera. El ejército de ocupación se alejó. La casa de mi vecina seguía cerrada; una tupida hierba crecía en las avenidas. La anciana criada había muerto durante el invierno. Nadie se ocupaba ya de aquella aventura; sólo yo pensaba en ella sin cesar. ¿Qué habían hecho con aquella mujer? ¿Se habría escapado a través de los bosques? ¿La habrían recogido en alguna parte, y metido en un hospital, al no poder obtener de ella ninguna información? Nada venía a aliviar mis dudas; pero, poco a poco, el tiempo apaciguó la inquietud de mi corazón.
Ahora bien, en el otoño siguiente, las becadas pasaron en tropel; y, como mi gota me daba una pequeña tregua, me arrastré hasta el bosque. Ya había matado cuatro o cinco aves de largo pico, cuando derribé una que desapareció en un hoyo lleno de ramas. Me vi obligado a bajar a él para recoger al animal. Lo encontré caído junto a una calavera. Y bruscamente el recuerdo de la loca embistió contra mi pecho como un puñetazo. Otros muchos habían expirado acaso en aquellos bosques durante aquel año siniestro; pero, no sé por qué, estaba seguro, se lo digo, de que había encontrado la cabeza de la infeliz maniática.
Y de repente comprendí, lo adiviné todo. La habían abandonado sobre el colchón, en el bosque frío y desierto, y, fiel a su idea fija, ella se había dejado morir bajo el espeso y leve plumón de la nieve sin mover un brazo o una pierna.
Después, los lobos la habían devorado. Y los pájaros habían hecho su nido con la lana de su lecho desgarrado. He conservado esa triste osamenta. Y hago votos por que nuestros hijos no vean jamás una guerra.

PEDRO A. LÓPEZ GANVINI Y SUS POEMAS

 Poeta Pedro Lòpez Ganvini
 
Memorias de una rata

Camino a oscuras entre túneles y cloacas
ruidos sórdidos y hedores que embriagan
chillidos, gemidos y estertores
cantares de nibelungos en éxtasis
se mezclan agua, vino, gin y wisky
Quisiera estar fuera
pero es delicioso estar adentro
es sucio pero está lleno de vidas.


Rebagliati (hospital)

Calma
Paz
Tranquilidad
Crucifijo al frente
algún quejido lastimero
susurro de voces y barullos y ajetreos externos
que trae el viento que se filtra
luz del día, de la tarde
crepúsculo y noche…
Calma. Tranquilidad
Sábanas blancas
Seres blancos que auscultan
Ángeles blancos que divisan por las puertas
y andan a escondidas
Espíritus blancos que quedaron atrapados
Calma,
Tranquilidad, sosiego, remedios y más remedios…
A veces hueles a cementerio…

ANÁLISIS LITERARIO DE "LOS RÍOS PROFUNDOS"



 I.-DATOS DE LA OBRA LITERARIA
A.- TÍTULO DE LA OBRA: “Los ríos profundos”.
B.- AUTOR: José María Arguedas
C.- ESCUELA LITERARIA: Indigenismo.
D.- ÉPOCA: Contemporánea.
E.- GÉNERO LITERARIO: Narrativo
F.- ESPECIE LITERARIA: Novela
G.- FORMA DE EXPRESIÓN: La obra está escrito en prosa.
II.- DATOS DEL AUTOR
A.- BIOGRAFÍA: José María Arguedas
Nació en Andahuaylas, Abancay, el 18 de enero de 1911. Sus padres fueron: Víctor Manuel Arguedas y Victoria Altamirano. En 1914, murió su madre Victoria, José María y sus hermanos se fueron a vivir con su abuela María Teresa. En 1917, se casó con la hacendada Grimanesa Arangoitia y el niño Arguedas se fue a vivir con su madrasta, quien la maltrató constantemente. En 1921, se escapó con su hermano Arístedes de la casa de su madrasta. En 1923, viajó con su padre por Ayacucho, Ica,   Arequipa, Cusco y Abancay. En 1930, a los 20 años ingresó a la Facultad de Letras, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En 1935, publicó su libro de cuentos “Agua”. En 1937, fue a la cárcel “El Sexto” por sus ideas políticas. En 1941, salió a luz su primera novela “Yawar Fiesta”. En 1954, publicó su obra “Diamantes y pedernales”. En 1957, sustenta su tesis ”La evolución de las Comunidades Indígenas” para recibirse de etnólogo. En 1958, José María publicó su mejor novela: “Los ríos profundos”. En 1961, apareció su novela corta “El sexto”. En 1963, fue nombrado director de la Casa de la Cultura y al año siguiente salió la novela “Todas las sangres”. En 1967, contrajo matrimonio con la señorita Sybila Arredondo. El 28 de noviembre de  1969, se metió  un balazo en el baño de la Universidad La Molina, pero luego de una larga agonía, falleció el 2 de diciembre.
B.- PRODUCCIÓN  LITERARIO:
Novela:
-Yawar Fiesta, 1935
-Diamantes y pedernales, 1954
-Los ríos profundos, 1959
-El sexto, 1961
-Todas las sangres, 1964
-El zorro de arriba y el zorro de abajo, 1971
Cuento:
-Agua, 1935
-Runa Rupay, 1939
-Amor, mundo y todos los cuentos
-Los cuentos olvidados, 1952
-El sueño del pongo, 1965
Poesía:
-Katatay, 1972
III.- ANÁLISIS LITERARIO DE LA OBRA
1.- ANÁLISIS LITERARIO DEL CONTENIDO
A.- LOS PERSONAJES
a.- Personaje principal:
-Ernesto: Protagonista y es el que narra los hechos de la obra. Ernesto es José María Arguedas. Muchacho de 14 años que vive entre dos mundos diferentes, el de los blancos y el de los indios.
b.- Personajes  secundarias. En la obra “Los ríos profundos” participan muchos personajes secundarios:
-Gabriel, padre de Ernesto: Abogado de profesión. Recorre con su hijo Ernesto gran parte de la sierra del Perú ejerciendo su trabajo de abogado.
-El viejo: Tío de Ernesto y su nombre es Manuel Jesús. Gran terrateniente que se caracteriza por ser avaro, violento y prepotente.
-La opa Marcelina: Mujer demente que es recogida por los padres y que es ayudante de cocina. Es de contextura gruesa y de baja estatura. Muere de tifo.
-Padre Linares: Director del colegio donde estudia Ernesto y es de edad avanzada.
-Padre Cárdenas; Docente del colegio y le encanta el  deporte. Es de porte atlético.
-Doña Felipa: Líder de las chicheras. Mujer de contextura robusta, de grandes se
nos. Tiene la cara picada de viruela.
-Los colonos: Indios que trabajan como contratados en la hacienda de Patibamba.
-Añuco: Compañero de colegio de Ernesto que tiene 14 años. Huérfano y amigo del Lleras, con quien hace muchas mataperradas en el colegio y en la calle.
Lleras: Huérfano, amigo y protector del Añuco. Se caracteriza por ser altanero, violento y abusivo con sus compañeros de colegio. Es pésimo en los estudios, pero le encanta los deportes.
-Antero Samanez: Compañero  de Ernesto. Es un muchacho que tiene cabellos rubios e hijo de un hacendado. Sus compañeros le dicen Markaska por su lunar que tiene en su frente. Antero es el que lleva al colegio el trompo o zumbayllu.
-Palacios: Compañero pequeño de Ernesto que proviene de una comunidad indígena. Le llaman el “indio Palacios”. Es humilde  y es maltratado física y psicológicamente por el abusivo Lleras y otros compañeros de estudios.
-Romero: Muchacho de porte atlético y gran estatura que sobresale en salto y en los deportes, Toca muy bien el rondín y le encanta cantar huaynos. Defensor de sus compañeros débiles ante la agresión de Añuco y el Lleras.
Chauca: Compañero de Ernesto de 16 años de edad. Es de contextura delgada. Vive obsesionado por la opa Marcelina.
-Peluca: Muchacho de 20 años e hijo de un peluquero. Es de contextura corpulenta, pero cobarde. Siente una obsesión enfermiza por la opa Marcelina, a quien la obliga tener relaciones sexuales.
-Valle: Estudiante elegante que le gusta la lectura. Cursa el quinto año de secundaria y se caracteriza por ser muy enamorador ya que en la calle está siempre rodeado de bellas chicas.
-Rondoniel: Alumno de contextura delgada y de piel blanca. Le reta  a una pelea a Ernesto por envidia, pero se amistan.
-Hermano Miguel: Profesor y entrenador de los estudiantes. Es de raza negra y se pelea con el Llera.
-Gerardo: Piurano e hijo del comandante de la guardia civil que llega a Abancay para sofocar el levantamiento  de las chicheras. Es deportista, amiguero y le encanta conquistar a las muchachas.
-Salvina: Alumna del Colegio Nacional de las Mercedes que tiene 12 años y es enamorada de Antero.
-Alcira: Amiga íntima de Salvina de 12 años. Ella tiene una hermosa cabellera y una mirada muy triste.
-Alcilla: Amigo del padre de Ernesto y notario público de la ciudad de Abancay.
-Prudencio: Amigo entrañable de Palacitos. Es soldado  y músico de la banda militar.
Clasificación de los personajes:
Los personajes se clasifican en tres grupos, según la doctora Elena Aibar Ray:

PERSONAJES DEL MUNDO  BLANCO:
-Los hacendados
-Padre Linares
Soldados costeños
Señoras de la hacienda
-Gerardo, el costeño
Antero, hacendado
-Añuco y Lleras
Valle,  estudiante elegante

PERSONAJES QUE SE ENCUENTRAN ENTRE LOS DOS MUNDOS:
-Ernesto, joven
-Hermano Miguel
-Soldados indios
-Felipa, la chichera
-Marcelina, la opa
-Chicheras mestizas
-Los mestizos

PERSONAJES DEL MUNDO INDIO:
-Indios de la ciudad
-Cocinera del colegio
-Romero, indio transculturado
-Palacitos, indio transculturado
-Los músicos indios.

B.- ESCENARIO:
Las acciones de la novela de “Los ríos profundos” se desarrollan en diferentes escenarios o lugares:
-Cusco
-La hacienda de Patibamba
-Abancay
-El colegio religioso
--Huanupata, el barrio de la chicheras.

C.- LAS ACCIONES
    Las acciones más importantes  de la novela “Los ríos profundos” son:
    - La llegada de Ernesto y su padre al Cuzco, a la casa del viejo.
    - Los viajes constantes del padre de  Ernesto, un abogado de provincias.
    -Ernesto en los viajes que hace con su padre conoce  todas las manifestaciones  culturales de los pueblos andinos que visita.
    - Ernesto y su padre, después de recorrer toda la sierra del sur del Perú deciden establecerse en Abancay.
    -Ernesto se queda en Abancay para estudiar en un colegio religioso y su padre prosigue su viaje. Fue una triste despedida.
    - En el colegio religioso donde estudia Ernesto es el lugar donde se dan los diferentes problemas de los jóvenes estudiantes.
   - Ernesto al no poder hablar con los indios de la hacienda se va encontrarlos en la chicherías.
    - La historia del zumbayllu.
    - La sublevación de las chicheras por el por la falta de sal.
    - La represión del ejército contra las chicheras
    - La terrible epidemia de la peste que se desata entre los colonos.
D.- TIEMPO
El tiempo que emplea el escritor  José María Arguedas en la novela “Los ríos profundos” es subjetivo, porque toda la acción se rememora en la conciencia del narrador adulto que recuerda los sucesos en su etapa adolescente del protagonista. Por ese motivo, el tiempo no es lineal, ya que la acción se mueve del pasado al presente, a saltos,  escogiendo ciertos momentos de acuerdo a las preferencias del narrador.
E.- EL TEMA
a) Tema principal:
El tema principal  de la obra de “Los ríos profundos” es  el conflicto entre el mundo indígena y el occidental.
b) Temas secundarios:
- La violencia racial y social
- El sistema dominante y opresivo de la educación.
-  Plena identificación  con el mundo andino
F.- ARGUMENTO
El protagonista Ernesto y su padre, un abogado de provincias, llegan al Cuzco. Visitan al viejo, tío de Ernesto y poderoso terrateniente que es avaricioso y malvado. El padre enseña a su hijo Ernesto los hermosos palacios y los restos arqueológicos del imperio incaico. Ernesto queda maravillado y asombrado de la grandeza de la cultura milenaria. Este acontecimiento hace que el niño Ernesto se identifique plenamente con la cultura del mundo andino. El niño llega a conocer la  explotación y el maltrato que sufre los indios por parte de los terratenientes. Ernesto narra los viajes que hace con su padre por toda la sierra del sur del Perú. Cuando llegan a Abancay, su padre deja internado en un colegio religioso a su hijo Ernesto y prosigue su viaje. El adolescente Ernesto conoce en el  colegio a personas de diferentes razas y de clases sociales opuestas. El  centro escolar es escenario de los diferentes problemas juveniles. En los capítulos VIII,  IX y X, se narra la cruel represión del ejército contra la sublevación de las chicheras, encabezada por doña Felipa y se presenta el ambiente de lucha  y hostilidad creciente en la ciudad de Abancay y en el  colegio religioso donde estudia  Ernesto. En el capítulo  XI  se narra la epidemia que se da entre los colonos, pero lo más alarmante es que amenaza con extenderse hasta la ciudad. Los estudiantes del colegio religioso y los pobladores deciden abandonar  la ciudad para huir de la epidemia que mata a los colonos. Los humildes colonos creen que la epidemia se puede combatir con los rezos. Entonces, los colonos  capturan la ciudad de Abancay para capturar al director del colegio religioso a que realice misas y así alejar a la epidemia del pueblo. El asustado Ernesto escapa del colegio confiando en los colonos que vencerán  a la epidemia.  Por último, Ernesto recibe una carta de su padre en donde le dice que vaya a vivir con su tío, él acepta muy gustoso porque sabe que allí estará junto a los colonos y los indios.

2.- ANÁLISIS LITERARIO DE LA EXPRESIÓN O FORMA
A.- EL PUNTO DE VISTA DEL NARRADOR
En la obra literaria “Los ríos profundos” hay dos narradores. El primer narrador (principal) es el hombre adulto  que rememora su etapa de la niñez, mejor dicho, viene a ser la versión adulta del  protagonista Ernesto. El segundo narrador  aparece en forma esporádica en la novela y es el que se encarga de completar y mejorar la comprensión del lector respecto a los  acontecimientos que se dan en la obra literaria.

B.- LOS RECURSOS LITERARIOS
El escritor José María Arguedas  valió de los recursos para escribir su obra literaria “Los ríos profundos” que una reliquia de corte indigenista. En la novela  podemos encontrar las siguientes figuras literarias:
a.- Símil o comparación
-Ernesto se inclinó como  un gusano que pidiera ser aplastado.
-Como una flor de pisonay era su cara.
-Odiaba a los forasteros como a las bandas de langostas.
b.- La metáfora
-En los ojos  de Lleras había una especie de mina de poco fondo, sucia y densa.
-Parece un río de acero líquido de azul sonriente, a pesar de su solemnidad y de su hondura.
-Antero tenía cabellos rubios, su cabeza parecía arder en los días de gran sol.
c.-Epítetos:
-El  sol arde sobre la miel seca, sobre los restos blancos de la caña molida.
-Vestidos de polacas ceñidas, raras, y esos kepis altos, de colores; las botas especialícimas…
-La montaña por donde sale el sol termina en un precipicio de rocas lustrosas y oscuras.
d.- Exclamativas:
-¡Manan! ¡Ama rimawaychu! (¡No quiero! ¡No me hablen!) - me contestaron.
-¡Estupideces de malcriados! ¡A dormir! ¡Largo de aquí todos! .ordenó el padre.
-¡No seas tonto, hijo! ¡Vuelve en tí! –le dijo el padre. Y con ambas manos le sacudió el polvo.
e.- Interrogativas:
-Oye, Ernesto, ¿qué te pasa? – me dijo-. ¿A quién odias?
-¿Tú lo has visto? ¿Tú mismo? –me preguntó anhelante.
-¿Quién reclamaría por ti? ¿No dices que tu padre está a cien leguas? ¿Y si te echan tu cuerpo al Pachachaca, de noche?
f.- Hipérbole:
-Enloquecidas de entusiasmo, las mujeres cantaban cada vez más alto y más duro.
g.- Enumeración:
-Cae  la lluvia, el begazo hierve, huele a aguardiente y su vaho cubre todo el caserío.
-La casa tenía arquería blanca, un corredor silencioso con piso de losetas brillantes y grandes ventanas  de rejas torneadas.
-Las autoridades departamentales, los comerciantes, algunos terratenientes y unas cuantas familias antiguas empobrecidas vivían en los otros barrios de Abancay.
h.- reduplicación:
-¡Jesús! Jesús! ¡Dios mío!
-¡Apasankas, apasankas! –gritó.
-¡Eh, tú, vagabundillo, zorrillo, zorrillo! –me iba diciendo.
Valle! ¡Valle! ¡Oye, zacuara! ¡Oye, pavo!
Mentira, perro! ¡Mentira, ladrón! ¡Asqueroso! –le grité.
-La voz de los internos, la voz del padre, la voz de Antero y de Salvinia, la canción de las mujeres, de las aves en la alameda de Condebamba, repercutían, se mezclaban en mi memoria….
i.- Metonimia:
-No dejaba  avanzar a los caballeros de corbata.
j.- La personificación:
-La voz del arpa parecía brotar de la oscuridad que hay dentro de la caja
-Las arañas pataleaban. No con movimientos convulsos y rápidos, sino lentamente,
C.- ESTILO LITERARIO
El estilo del escritor José María  Arguedas que utiliza para escribir la novela “Los ríos profundos”   se caracteriza por ser sencillo, pero que tiene gran peso literario. El autor  llega al lector con una sencillez en la parte expresiva   utilizando giros de la región  andina para que pueda comprender  el maravilloso Perú profundo.
IV- APRECIACIÓN CRÍTICA
“Los ríos profundos” es la mejor obra literaria de José María Arguedas según los investigadores y los críticos literarios. La novela goza de una gran calidad literaria y está constituida de once capítulos. Los personajes están bien diseñados y cada uno de ellos cumple el papel que le corresponde. El protagonista es el mismo autor de la obra y el narrador  es el niño Ernesto. Las acciones se desarrollan en  diferentes lugares de la sierra del sur del Perú, mostrándonos la belleza del ande. En el aspecto formal  el autor tiene unl buen dominio de las técnicas narrativas y así como también el manejo de los  recursos literarios con los cuales logra escribir una  buena novela.
V.- VALORES DE LA OBRA
a.- Valor literario
La novela “Los ríos profundos” tiene un gran valor literario. La obra se caracteriza esencialmente por su sencillez y está alejado de los adornos retóricos. El escritor Arguedas utiliza los recursos literarios con suma mesura, sin caer en la exageración y logra  escribir una obra literaria de excelente calidad.
b.- Valor humano:
El escritor Arguedas presenta en su obra literaria al indio como un personaje profundamente humano. Para el autor, el indio es humilde, triste y de perfil bajo, pero también es  altivo, valiente, perseverante, tierno y amoroso, grande y poderoso.
c.- Valor cultural:
Arguedas  nos ofrece una radiografía de la vida cultural del mundo andino. En la obra, el autor nos habla de las costumbres, las fiestas tradicionales, las creencias  religiosas de un pueblo olvidado y sumergido en la ignorancia por la falta de educación.
VI.- MENSAJE DE LA OBRA
     El mensaje que nos da la novela “Los ríos profundos” de José María Arguedas es profundamente humano y nos pide que debemos revaloricemos  y respetemos al hombre del ande, que por siglos fue maltratado, humillado y explotado por las clases dominantes.

(Rafael Alvarado Castillo, “Análisis literarias de las obras peruanas”)

viernes, 28 de marzo de 2014

EL RETRATO OVAL, Cuento de Edgar Allan Poe

El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:

"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, sólo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada:¡Estaba muerta!"