miércoles, 2 de marzo de 2016

CHEJOV y su cuento "Vanka"

VANKA
Chejov

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.


Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.

Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró el icono oscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.

El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.

«Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti...

Vanka miró a la oscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecito enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Lo acompañaban dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando lo tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la oscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve...

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos... Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:
-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!
Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos lo trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio...

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo... Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdalo bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes que te quiere tu nieto
                                         VANKA CHUKOV
Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»
Tras una nueva meditación, añadió:
«Constantino Makarich.»


Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.
El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.
Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo...
Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.
Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y meneaba el rabo...

LUISGÉ MARTÍN, EL CUENTISTA ESPAÑOL

Luisgé Martín
Luis García Martín, conocido como Luisgé Martín (Madrid1962) es un escritor español, Premio Ramón Gómez de la Serna (2000), Premio del Tren "Antonio Machado" de Cuento (2009) y Premio Vargas Llosa NH de relatos (2012).

Cuentos

Como cuentista, Luisgé Martín ha reconocido la influencia de Borges y de Cortázar. Él mismo ha definido el cuento como una "fábula moral", dotado de una "arquitectura de relojería siempre despojada de flecos ornamentales" y en el que son elementos fundamentales "la simplificación, la depuración (...) y el desenlace, inesperado y sorprendente, que manifiesta el sentido último de la narración o su juego paradójico". El tema recurrente en la mayoría de sus cuentos es el del amor, fatal pero imposible. Sus personajes (muchos de sus cuentos se titulan con el nombre del o de la protagonista) se ven sacudidos por una pasión invencible que les arrastra hasta la destrucción. En cuanto al estilo, lo más destacado es el tono narrativo distante y reflexivo, como el de un notario que levantara acta de unos sucesos, terribles en sí mismos, pero que, contados con aparente distanciamiento y sin pasión por un narrador neutro, producen una sensación de desasosiego en el lector. Se trata de amores oscuros, que no consiguen manifestarse a la luz de los demás, pero en los que ocurre como con el erizo, que tras su piel exterior de púas cortantes, encierra en su interior una carne tierna y de aroma dulce, tal como se dice en la cita que encabeza su segundo libro de relatos.
En 2004 se publicó la antología Tu piel en mi boca (editorial Egales), con cuentos homoeróticos en la que Luisgé Martín participó junto a autores de la talla de Luis Antonio de Villena, Marcelo Soto, Lawrence Schimel, Norberto Luis Romero, Pablo Peinado, Mario Merlino, Eduardo Mendicutti, Antonio Jiménez Ariza, José Infante, Juan P. Herráiz,Francisco J. Gutiérrez, Luis Deulofeu, Moncho Borrajo, Luis Algorri y Leopoldo Alas Mínguez.

En 2012 un cuento suyo titulado «Los dientes del azar» ganó el premio Vargas Llosa NH de relatos. Trata sobre el terrorismo en el País Vasco.

En 2014 participó en la antología de autores gais Lo que no se dice de la editorial Dos Bigotes con su cuento «El esplendor en la hierba», ambientado en el ámbito del fútbol.

-Los oscuros (relatos). Alfaguara, 1989.
-El alma del erizo (relatos). Alfaguara. 2002.
-Los años más felices (relato). Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Premio del Tren, 2010.

-Todos los crímenes se cometen por amor (relatos). Salto de Página, 2013

JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA. 3 DE MARZO 2016; JUAN MANUEL CORBERA

FERIA DE LIBROS “AMAZONAS”


JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA
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PROGRAMA A DESARROLLARSE EL 3 DE MARZO DE 2016 , DESDE LAS 4.30 PM.
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-- Presentación del Recital de Poesía " VERSO Y VOZ ", a cargo del poeta y narrador nacional JUAN MANUEL CORBERA
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JUAN MANUEL CORBERA: Narrador y poeta. Concebido, nacido y criado entre la sinérgica unión de la metrópoli y las playas limeñas. Hace unos años vive y sobrevive en Buenos Aires. Publica y edita colectivamente con la revista ESTA! de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Desempeña el puesto de Jefe de redacción del blog Escrituras Indie. Publicó la plaqueta El exiliado (Merodeo Ediciones, 2015) de poesía narrativa con colaboración fotográfica. Recita en vivo. En el 2015 fue el primer ganador del Slam 480 en el Centro Cultural El Umbral, organizado por la Comisión Audiovisuales del CEFyL (Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras). Estudia la carrera de Letras Modernas con mención en Literaturas Extranjeras en la Universidad de Buenos Aires - UBA - 

GUSTAVO ARMIJOS, es Homenajeado por la FERIA DE LIBROS "AMAZONAS". 18 febrero 2016

FERIA DE LIBROS  “AMAZONAS”
37  años al servicio de la Cultura


JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA
18 de febrero 2016   -  5.00 pm.


HOMENAJE AL POETA NACIONAL
GUSTAVO ARMIJOS

GUSTAVO ARMIJOS.- Nació el 2 de febrero de 1952. Realizó sus estudios primarios en el Colegio Salesiano Don Bosco de Piura y secundarios en el Don Bosco. Egresado de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Trabajó como periodista en “Ovación” de Pocho Rospigliosi, Canal Panamericana TV.   Fue fundador del Colegio de Periodistas del Perú. En 1990 fue elegido Primer Vice - Presidente de la Asociación Nacional de Escritores y Artistas. Ha ejercido la docencia a nivel superior tanto en el Perú como el extranjero. Obtuvo el primer Premio de Poesía de la Municipalidad de Lima en 1982, Los Juegos Florales de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega en 1993, además de los Juegos Florales del Instituto Nacional de Cultura Filial Piura en 1994. Fue periodista en el diario La Industria de su ciudad natal, luego en el diario El Tiempo y el diario La Tarde de Piura. También trabajó en el “El Comercio” de Lima. Ha viajado por casi todo el país desempeñando misión periodística, América Latina y Europa. Actualmente es director de la revista literaria 'La Tortuga Ecuestre' desde 1973 hasta nuestros días, decana de las publicaciones de su género en el Perú. Es una de las voces más importantes de la Generación del 70 de la Poesía Peruana Contemporánea.  
OBRAS PUBLICADAS:

Liturgia de la Vigilia (Lima, 1979)
Cántigas de Ruth (Lima, 1980)
Tierras del exilio (Lima, 1982)
Conversatorio (Haravi, 1989)
En esta vieja nave (Prólogo de César Toro Montalvo, Lima, 1998)
En esta vieja nave y otros poemas
(1 Edición, Lima, 2000)
En esta vieja nave y otros poemas (Prólogo: Antonio Sarmiento, i Colofón: Lima 2003
Varia Canción (Prólogo de Miguel Angel Guzmán Dávila, Lima 2003)
Poesía Peruana Contemporánea
. Antología de la Tortuga Ecuestre, Prólogo, Selección y Notas de Gustavo Armijos (Lima, 2003)
Foederis Arca y Otros Poemas (Lima, 2007)

JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA. 11 de enero 2016. TANIA TEMOCHE SÁNCHEZ

FERIA DE LIBROS “AMAZONAS
37 años al servicio de la cultura


“JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA”
FERIA DE LIBROS “AMAZONAS
37 años al servicio de la cultura


“JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA”
11 de enero 2016  -  5.00 pm.


*Presentación del libro de poesías DELIRIOS, de la periodista y escritora TANIA TEMOCHE SANCHÉS; la presentación protocolar de la obra estará a cargo del Sr. VICTOR CARRANZA ELGUERA.
-TANIA NILSEN TEMOCHE SÁNCHEZ (Lima, 1970) Periodista y poeta. Licenciada en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza. Diplomada en Gestión e Iniciativas Culturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha laborado como periodista institucional y gestora cultural en diversos organismos públicos y privados. Se ha desempeñado como coordinadora periodística de la revista cultural Visionario, bajo la dirección del poeta Arturo Corcuera en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Delirios es su primer poemario y, actualmente es columnista de la mula.pe -  5.00 pm.



*Presentación del libro de poesías DELIRIOS, de la periodista y escritora TANIA TEMOCHE SANCHÉS; la presentación protocolar de la obra estará a cargo del Sr. VICTOR CARRANZA ELGUERA.

-TANIA NILSEN TEMOCHE SÁNCHEZ (Lima, 1970) Periodista y poeta. Licenciada en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza. Diplomada en Gestión e Iniciativas Culturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha laborado como periodista institucional y gestora cultural en diversos organismos públicos y privados. Se ha desempeñado como coordinadora periodística de la revista cultural Visionario, bajo la dirección del poeta Arturo Corcuera en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Delirios es su primer poemario y, actualmente es columnista de la mula.pe

JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA. 14 DE ENERO 2016: MIGUEL FEGALE

FERIA DE LIBROS “AMAZONAS”
37 años  al servicio de la cultura


JUEVES DE POESÍA Y NARRATIVA
14 de enero 2016   - 5.00 pm


*Presentación de la novela “LOS CORAZONES ANESTESIADOS”
del escritor MIGUEL FEGALE.


MIGUEL ÁNGEL FEGALE

(Lima 1983) Cursó estudios  secundarios en el colegio Mixto La Molina y estudios superiores en las universidades Cayetano Heredia y Alas Peruanas.  Desde los 17 años viaja por el mundo y ha radicado en EEUU, España e Italia. En 2013, publicó su primera novela “LOS ROMÁNTICOS MUEREN PRIMERO”. Integró los POETAS DEL ASFALTO. Posteriormente, fundó  el Movimiento Artístico Contracultural

“Rock Liberado”. También fundó el movimiento literario “POETÁLICA. EN 2015,  publicó su segunda novela “LOS CORAZONES ANESTESIADOS”. Actualmente está escribiendo su tercera novela.

lunes, 7 de diciembre de 2015

ISAAC SOTO GAMARRA y su cuento "LA CORBATA ROJA"

LA    CORBATA  ROJA

Un domingo, cuya fecha se pierde en la memoria, Gavino, salió apresurado de su casa, estrenando por primera vez un flamante  terno azul marino con su camisa blanca, blanco como el nevado del Salkantay, montaña que vigila eternamente la ciudad milenaria del Qosqo .El apuro con que salió el chico de su casa  era por encontrar un bazar abierto, para comprar la corbata y así completar su reluciente traje, adquirido con  esfuerzo por su abuelita.
 –Cómo nos hemos olvidado la corbata, - Dijo la abuelita - ojalá  que encuentres  una tienda, donde puedas comprarlo, pero apúrate, toma este billete de diez soles, no importa el costo lo que importa es que compres la corbata, para completar tu lindo terno. - ¡Ay mi niño! Suspiró  preocupada la señora, que tenía el pelo blanco, y arrugas en la cara, producto de la vida agitada que llevaba.  Gavino desde su tierna edad había estado al cuidado de su  abuelita. Ella se había hecho cargo del muchacho, ante  la repentina muerte de sus padres en un lamentable accidente de tránsito, que conmovió a todos los vecinos de la ciudad. La anciana era padre y madre del muchacho, era su engreído, nada le hacía faltar. Incluso lo educaba en un colegio particular Católico. Siempre decía con mucho orgullo: mi nieto será un gran hombre, y si Dios lo permite será Papa.
   Precisamente, el terno había sido adquirido en cómodas cuotas  por la abuelita, para que su nieto fuera (bien al terno) a la misa de los días domingo en la capilla del colegio parroquial. Era una ordenanza que había dado el padre director del plantel educativo De San Francisco de Asís.(Como si él hubiera vestido trajes lujosos). El padre director, siempre recalcaba que todos los alumnos deben asistir impecablemente vestidos, con un traje azul marino, a escuchar misa. Dizque para la alegría de nuestro Señor.
   Angustiado por encontrar un bazar, Gavino apresuraba sus pasos por las calles serpenteantes de la antigua ciudad, a ratos su esperanza se ponía gris, como las paredes  de piedra de los antiguos palacios incas. El repique de las campanas llamando a los feligreses a misa, aumentaba el pulso de su corazón. Más aún el ambiente tranquilo y sosegado de un día domingo le hacía pensar que ningún bazar abriría sus puertas, este panorama lo ponía más nervioso. Casi al borde de las lágrimas  por toda esta situación que vivía, de manera brusca frenó sus pasos y se le iluminó la mente. Le vino a la cabeza el consejo sabio de su abuelita.” En los momentos más difíciles de la vida, cuando te encuentres desesperado frente a un problema y no sabes que hacer…debes acudir al Señor, a Dios. Rézale en silencio y pídele que te ayude” … Así lo hizo recordando la oración que le había enseñado su anciana protectora. Luego pausadamente reanudó su marcha, al cabo de haber avanzado dos calles, ocurrió el milagro. Vio con asombro que casi al finalizar  la callecita de los comercios llamada  “Calle del  Marqués”, un señor estaba sentado en un banquito, en la puerta de su bazar  tomando el sol de la mañana, y se aprestaba a leer su periódico. Gavino casi tartamudeando saludó al señor  y le preguntó si tenía una corbata apropiado para el terno que llevaba puesto. El caballero muy bonachonamente, levantó la vista, y con la alegría de lograr su primera venta, se puso de pie con mucho esfuerzo, por lo gordo que era y observando la cara angustiada de Gavino. Le dijo. -Claro que si muchacho, pero cálmate te veo muy nervioso. Todo tiene solución en la vida, menos la muerte .Voy a mostrarte la corbata más linda del mundo… ahora mismo  lo verás .Buscó en un armario y con mucha ternura le mostró una brillante  corbata roja. -Ahora ve al espejo y hazte el nudo cuidadosamente – le dijo- Verás que hermoso luce con el traje que llevas puesto. – No se amarrar una corbata, es la primera vez que voy a tener  - dijo Gavino - con palabras entrecortadas.  – No te preocupes, yo te haré el nudo y espero que lo aprendas, es muy fácil, todo caballero debe saber  amarrarse una corbata. Contestó el comerciante bonachón con sumo afecto y ternura. Anudando la corbata roja.
 –Ahora si mírate en el espejo. – Dijo el vendedor – Agregando - Por si no sabes los colores tienen muchos significados, por ejemplo esta corbata roja te hará ver más inteligente y optimista. Todos tus compañeros te respetarán. Y las chicas se enamorarán de ti, ja, ja, ja. –Soltó una carcajada. La cara del pequeño se puso rojo como el tomate.
   Agachando la cabeza de vergüenza, sin preguntar el precio, alcanzándole los diez soles , casi a la carrera se apresuró a salir de la tienda cuando el señor  bonachón lo agarró de la mano diciéndole – Espera tengo que darte el vuelto, son ocho soles lo que cuesta la corbata. Ay jovencito. Y vuelve cuando quieras, como ves  tengo la ropa más linda y cuídate mucho.
   Gavino, ingresó apresurado a la iglesia, vio que todos sus compañeros estaban ya ubicados en las respectivas bancas largas de la capilla, adornada con cuadros de pintura de la famosa Escuela Cusqueña. Rodeados por santos y vírgenes, con las miradas fijas y frías desde todos  los altares. Los chicos apenas podían respirar, por miedo a recibir una amonestación por parte de  tan extraños seres, que transmitían más que respeto, temor.
   Al terminar la misa solemne, ni bien pisaron la puerta de salida del templo, los chicos empezaron a dar sus gritos de alegría y a desatar sus emociones contenidas dentro del recinto. Gavino sin despedirse de sus compañeros  se fue apresurado a su casa. Quería que su abuelita viera su hermosa corbata roja.
   Hola, abuelita, ya estoy de vuelta, mira mi hermosa  corbata roja, es la más bonita del mundo.
La  anciana, que preparaba el almuerzo dominical para su engreído, se volteó y se quedó asombrado.
-         ¿Qué,  muchacho más guapo veo!, ya eres todo un caballero, que bien te sienta esa corbata, hace juego con tu terno azul marino y tu camisa blanca. ¡Oh¡…mi niño ya eres todo un hombre. Apuntó la abuelita .Besando la frente de su engreído nieto.( Unas gotas de lágrima , como perlas blancas  asomaron en los ojos de la tierna anciana).
   Así coqueteando con su abuelita Gavino, se quitó el saco para disponerse a almorzar.
-Hijo tienes que quitarte la camisa y la corbata, sino lo vas a manchar, le dijo la señora - te he preparado tu lawa (crema de choclo) y tu churrasco con su guarnición de moraya phasi (papa deshidratada preparado al vapor) 
-Que rico abuelita, tu sabes cuales son mis gustos, me pondré una servilleta  para cubrir mi corbata. Así vi que comen los caballeros en el hotel de turistas. Quiero comer como ellos, con tenedor y cuchillo.
-Ah, que terco eres mi niño, estás tan obsesionado con  tu terno, sobre todo con la corbata. Replicó la señora.
   Para Gavino, fue el domingo más trascendental de su vida, había vivido las experiencias  más resaltantes   de sus trece años. Rendido por el cansancio se quedó dormido, tal como estaba, pese a las llamadas de atención de su anciana progenitora.
   Habían  transcurrido  casi un par de horas. De pronto se escucharon unos gritos en el dormitorio..
-Auxilio, auxilio, me  han robado mi corbata. Gritaba desesperado Gavino agarrándose el cuello. La abuelita corrió asustada.
-Cálmate, cálmate muchacho, yo te saqué tu bendita corbata, te quedaste dormido… casi te asfixias. –Qué  muchacho para tan terco. Refunfuñó la anciana.
-Es que abuelita, - dijo Gavino - en mis sueños unos, malos hombres, me robaban mi corbata, por eso me desperté gritando. – No ves ya tienes hasta pesadillas por tu corbata. Replicó la abuelita.
   Así Gavino, domingo a domingo lucía su corbata roja .Generalmente en las misas dominicales.
   Transcurrieron los años y como todo pasa en la vida, atrás quedó la etapa de estudiante secundario de Gavino. Llegó la noche de la fiesta de promoción y como era lógico había que lucir de lo mejor para esta ceremonia trascendental. Incluso iba ser la primera oportunidad de bailar con una chica. Todo esto y muchas otras cosas  más daban vueltas en la cabeza del adolescente. La abuelita por su parte, se sentía afligida, por los cambios que sufría su nieto, a veces pensaba que su engreído nieto, se le iba de las manos.
    Casi a media mañana de ese  trascendental día, que vivía Gavino,  ocurrió un hecho imprevisto. El muchacho  empezó a buscar y rebuscar desesperadamente algo. Corría por aquí y por allá por los ambientes de su casa. Abría y cerraba cajones , sacaba y metía los muebles, , se arrastraba  como un gusano por debajo de las camas Algo importante se le había extraviado . Llamando a su abuelita, le dijo – No encuentro la corbata, no encuentro la corbata – Calma, calma muchacho –respondió la señora, seguro que lo has metido por ahí, como eres un desordenado, no te acuerdas dónde lo has puesto. – No abuelita, ya busqué por todo lado. Siguió buscando desesperado, hasta  levantando la voz a su anciana protectora, echándole la culpa de la pérdida de su corbata. No hallaba su corbata roja, su amada prenda de vestir. Gavino  preguntaba incluso  a los ratones, ofreciéndoles un queso grande como recompensa. Ellos le contestaban que  no se metían con esas cosas.
   Fue  el día más trágico del muchacho, porque ni Dios ni los santos y vírgenes, escucharon sus oraciones suplicantes. Hasta le prometió a San Francisco de Asis, ingresar a la orden que él fundó para servir a los pobres.
   Pasaron los años, la abuelita había muerto. Gavino se caso, tuvo sus hijos y hasta nietos. En  sus conversaciones nunca se olvidaba de su corbata roja,  era la anécdota que más resaltaba de su vida, vivida junto a su anciana abuelita., incluso decía que si algún día lo hallara desearía ser enterrado con la corbata roja, para irse feliz al cielo. Muchos se reían ante tal ocurrencia.

   Finalmente un día llego el frio manto de la muerte  y Gavino  se despidió de este mundo, (como todos lo haremos, pues solo estamos de viaje en esta vida). Tendido dentro de un cajón con un reluciente terno azul marino, yacía Gavino, sólo le faltaba la corbata. El frio cuerpo estaba como si  estirara el cuello para que le pongan dicha prenda. De pronto, todos los presentes en el velorio se alborotaron ante un hecho por  demás inaudito.    El más pequeño de los nietos del que en vida fue Gavino, haciendo sus travesuras por los rincones de la antigua casa, hurgando por los recovecos de la vieja vivienda, sacó una corbata roja reluciente. Contenida dentro de un estuche gastado por el tiempo. Gavino se fue al cielo con su corbata roja reluciente.